miércoles, 18 de diciembre de 2013

LA CASA DE LA PAJERÍA Y SUS CIRCUNSTANCIAS (Y 15: SUPERSTAR)

“Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba”. Así reza el principio hermético de la correspondencia, que ayudó, sin duda, a los Pobres Conmilitones de Cristo y del Templo de Salomón a resolver oscuros problemas y paradojas de los secretos de la Naturaleza. A partir de ahí, podemos hablar de una dimensión estelar de la Casa de la Pajería y de las posesiones que los templarios recibieron en el alfoz sevillano, posesiones que conformaron un triángulo con estos vértices: Fregenal de la Sierra, la fresneda del castro celta y de la colonia Nertobriga Concordia Julia (1); Sevilla, la gran metrópoli y nueva Jerusalén; y La Rábida, la zona mágica de cultos ancestrales y punto de partida para próximas cruzadas a través del Océano. El cielo está dibujado en la tierra.

Para el Temple, en vista de cómo se repetían los fracasos en Tierra Santa, la Península Ibérica implicó dos motivaciones que no se daban en ningún otro país de Europa: una peregrinación alternativa, el Camino de Santiago, y una Cruzada alternativa, la misión de la Reconquista.

Existen estudios interesantísimos sobre la ubicación de las más de trescientas posesiones templarias ibéricas y de cómo estas se requirieron, se pactaron, se conquistaron o se compraron, buscando que reflejaran el cielo (2), dibujando constelaciones de estrellas, en la visión vespertina de un determinado día del año: el día de Santiago. Se trataba de enviar a Dios el mensaje y rogar por la fertilidad, la regeneración y la primavera.

Para plasmar la bóveda del cielo en un mapa de dos dimensiones, con el norte en el horizonte (3), en el punto central de la zona más baja, el sur estará a nuestra espalda, por lo que debemos imaginarlo en la parte superior. El este, en la banda derecha, será el orto, por donde surgen las constelaciones. El oeste, en la banda izquierda, será el ocaso, por donde las estrellas se ocultan.

Así se orientaba, ya en el siglo I a.C., el pueblo sármata que vivió en Krivoy Rog, en la actual Ucrania. Una estela funeraria sármata de pìedra gris tiene grabados motivos astronómicos que reflejan la situación estelar del 10 de mayo arcaico, fecha que se corresponde precisamente con el 25 de julio moderno (4).

Esta situación estelar es la misma reflejada por las posesiones templarias de la península.

Como es lógico (!) esa noche está presidida por la Vía Láctea, también llamada, precisamente, Camino de Santiago. Al sur de esta galaxia (sobre ella) están los anuncios del inframundo, Escorpión con Monsacro y Sagitario con la costa asturiana. En el Camino jacobeo, Villasirga está en Bootes. Y al oeste está justamente Virgo, la constelación del Paraíso, el final venturoso de la Vía.

Zaragoza está en la Cruz del Norte que forma la constelación del Cisne. Las plazas navarras están en Serpens. La mayoría de las plazas de Castilla y León están unidas por la línea serpentiforme del Dragón, aunque Zamora preside la Osa Mayor, Ponferrada y el Bierzo están en Berenice, los campos de Soria están en Hércules y Cuenca, aislada, es Cefeo. Monzón, donde se educó Jaime I, es el Delfín; Lérida es Capricornio; Barcelona es la Corona Austral, Valencia es Andrómeda y Caravaca está en el Triángulo. La portuguesa Tomar es el Cuervo. Y Madrid, donde los templarios se ubicaron en Fuencarral controlando el correspondiente Camino de Santiago, como no podía ser de otra forma, encabeza la Osa Menor, con lo que queda claro que la que está con el madroño es una osa y no un oso.


Muy bien, ya tenemos media Iberia reconquistada y reflejado el cielo en ella. Ya se ha recuperado Toledo. Pero ¿cuál es la tarea a partir de ese momento? ¿Existió un proyecto estelar para los templarios en la mitad sur de los reinos ibéricos? Naturalmente que sí.

Basta tomar como punto de partida el mapa de las constelaciones ocultas para el Hermisferio Norte en la noche de Santiago, aquellas que, por el contrario, serían visibles en el Hemisferio Sur. Así que hay que entender que, en la medida en que ese mapa fuera coherente con la mitad sur de la Península Ibérica, serían determinados los objetivos de la misión reconquistadora. Parece obvio. Y así, Úbeda se corresponde con las Pléyadas y Jerez de los Caballeros, el lugar conquistado por la corona de León y los templarios como cabeza de puente para ganar el sur, con Cáncer.

Y he aquí que en el mapa de las constelaciones ocultas, de las estrellas que están en el inframundo el día de Santiago, hay una constelación, Can Mayor, que va a servir como referencia para recuperar el reino de Sevilla.

Hay otro perro, el Can Menor, que se sitúa en Sagres, el lugar de la Escuela Náutica que fue tan valiosa para Colón. Entre ambos canes está Lepe, la pequeña constelación de la Liebre. Y Orión, el cazador que Artemisa mató, lloró y resucitó, cuya cabeza podría situarse en Andujar, el lugar donde reina la Virgen Negra de la Cabeza.

Centrémonos en el Can Mayor, cuyos confines son los del triángulo de las posesiones templarias en el alfoz, y donde está Sirio, la superestrella, el astro más brillante después de nuestro Sol y de planetas como Venus y Marte, los cuales, sin embargo, solo reflejan la luz solar. Sirio es una estrella binaria, porque están Sirio A, la visible, y Sirio B, que es una enana blanca. Antiguamente se pensaba que el Can Mayor, al ocultarse durante el verano boreal, sumaba su energía a la del Sol para producir los días de más calor, los días perros, los días de la canícula.

El punto de Sirio estaba destinado al proyecto estelar de la encomienda templaria del Campo de Tejada (5), la Taliata romana, muy rica en cereales y aceite, cerca de Villalba del Alcor, ya ocupada por el Temple en otras campañas, que limitaba al norte con Cortegana, al este con Albaida del Aljarafe y al sur con Niebla. Alfonso X le cambió su nombre por el de Temple, sin duda avalando la idea templaria de montar la gran encomienda del sur (6). La idea se truncó primero por las contraofensivas de los benimerines en 1275 y 1277 (7) y luego, definitivamente, por la suspensión de la Orden del Temple por Clemente V en el Concilio de Vienne, en 1312.

¿Definitivamente? En realidad, solo Dios lo sabe.



(1) El nombre de Fregenal significa fresneda y el fresno es el árbol icónico de los templarios. En el escudo de Fregenal aparecen dos fresnos.
(2) Martín-Cano Abreu, Francisca. Relación de plazas templarias con la astronomía
(3) Ayala Alonso, Ángel. Planisferio celeste. Mapa buscador de estrellas
(4) Ibid. 2. La interpretación de los signos es la siguiente: 1, Escorpio. 2, Bootes. 3, Corona. 4, Serpentario y Serpens. 5, Flecha. 6, Delfín. 7, Canes Venatici. 8, Hércules. 9, Osa Mayor. 10, Dragón. 11, Cisne. 12, Cefeo. 13, Leo Mayor. 14, Osa Menor. 15, Andrómeda. 16.
(5) Los pueblos de la zona son Tejada la Nueva y los que se titulan “del Campo (de Tejada)”: Escacena, Paterna y Castilleja.
(6) Romero Gómez, Juan Antonio. Los templarios en el Reino de Sevilla
(7) Ibid. 6