domingo, 8 de noviembre de 2015

LA CUEVA LUMINOSA (23: ROMANTICISMO NECESARIO)

La música del paso de palio, tal y como la vivimos hoy, se ha generado en fecha relativamente reciente. Hasta mediado el siglo XIX no quedó definido el modelo de la marcha procesional de Virgen. Solo desde entonces disfrutamos de este formato sonoro, afín al paso de palio y plenamente adecuado para acompañar su andar. La base, sin embargo, ya existía: la trompeta (o la corneta), marcial por su tono y venusiana por el cobre, instrumento de gloria, de fama y de conquista, pero también de entierros y rituales, propio de coros angélicos y anunciador del juicio final, en el que la Virgen es nuestra abogada; y el tambor, instrumento de percusión básica, ancestral, que marca el ritmo con su pulso primordial.1

Cabecera de la partitura de La Estrella Sublime
Pero en la segunda mitad del siglo XIX, reinando ya el posromanticismo en Europa, llegó el romanticismo a la Semana Santa de Sevilla, con su carga de cromatismo, sentimientos y emociones, y con su evocación de la Edad Media. La música romántica, capaz de “pintar” los sentimientos y de llevarnos a un mundo ideal, sobrehumano, inspiró una música específicamente dedicada a los pasos de palio, sensiblemente diferenciada de las apocalípticas cornetas y las cajas destempladas que seguían al Cristo reo. Imitando el ritmo solemne de los cortejos luctuosos, llegaron las primeras marchas fúnebres inspiradas en los grandes románticos, como Chopin, aunque supeditadas al ritmo del andar del paso. En 1895 se estrenó Quinta Angustia, del catalán José Font y (i) Marimont, creador del germen de la banda municipal de Sevilla. En 1898, el sevillano Vicente Gómez Zarzuela compuso Virgen del Valle, dramática y dulce, con susurrante final,2 interpretando a la perfección el Jueves Santo. Estas marchas marcaron la pauta.3

El silencio también forma parte de la música, y en la sinfonía que es la Semana Santa sevillana es así también, sin duda. Hay pasos de palio que van en silencio y que solo traen el seco golpeo del cajón del palio con los varales (Mayor Dolor y Traspaso, Presentación...). La Virgen de la Concepción trae su aristocrática música de capilla, las saetas, del siglo XVII,4 de singular calidad y mística inspiración. También la Virgen de las Tristezas va con música de capilla. Pero la mayoría de los pasos vienen con sus marchas procesionales desde que se consolidó el modelo.

Manuel Font de Anta
En 1919, Manuel Font de Anta, nieto del catalán, compuso por fin el Poema sinfónico en forma de marcha fúnebre que se convertiría en Amarguras, sin duda la marcha más representativa de la Semana Santa, que ha quedado como un himno, con su saeta con sordina y su contundente final.5 En torno a 1920, un Viernes Santo por la mañana, los presos de la cárcel del Pópulo esperaban a la Esperanza de Triana. Un preso le cantó: “Soleá, dame la mano por las rejas de la cárcel, que tengo muchos hermanos huérfanos de padre y madre...”. El hecho inspiró a Font de Anta, que compuso Soleá dame la mano y la dedicó “A los desgraciados presos de la cárcel de Sevilla que, al cantarle saetas a la Virgen en Semana Santa, me hicieron concebir esta obra”.

Diaghilev y Stravinski
en Sevilla, en 1921
www.cofrades.sevilla.abc.es
En 1921 nos visitaron Stravinski y Diaghilev. El primero, escuchando Soleá dame la mano con la Virgen del Refugio por la Puerta de la Carne, reconoció: “Estoy escuchando lo que veo y viendo lo que escucho”. Sevilla había conseguido la coherencia sensorial en Semana Santa. El romanticismo de la marcha había venido a ser el complemento sonoro ideal del barroquismo visual del paso de palio.6

Manuel López Farfán
Poco después llegó Manuel López Farfán, que alcanzó el título de músico mayor del Ejército de España, y aportó su estilo, marcial y festivo, con Pasan los campanilleros, en 1924, y La Estrella Sublime, en 1925, dedicada a la Hiniesta. La marcialidad resultaba ser un componente imprescindible, por la función de apoyo a los costaleros. A ella se unieron el aroma iberoamericano y el sentido de lo femenino cuando, en 1929, Manuel Ruiz Vidriet firmó la marcha Rocío, adaptando la canción yucateca mexicana Peregrina y combinándola con los compases más dulces y serenos de La Procesión del Rocío de Turina.7 El estilo se consolidó en 1953 con Virgen de las Aguas, de Ramos.

Postal antigua de María Santísima de la Esperanza
ante la cárcel del Pópulo
Rosario de Montesión de Velázquez sigue el compás de los rosarios que cuelgan de los varales de la dolorosa del Rosario. La Virgen de Montserrat, la Virgen de la Paz y la Virgen de los Ángeles, que lo es de los Negritos, llevan sus propias marchas con sus nombres, de Pedro Morales. Con la Virgen del Subterráneo suena la composición, dramática y triunfal, de Gámez Laserna. Gracia y Amparo lleva su marcha, del militar Abel Moreno. También de Moreno es Virgen de los Estudiantes. Marvizón ha escrito Madre Hiniesta y Candelaria. La Caridad del Baratillo es Caridad del Guadalquivir, por la inspiración de Paco Lola y Puntas. Madre de Dios de la Palma se identifica con la gravedad de la música de Alonso. La Virgen del Dulce Nombre se adorna con el sevillanismo de Lerate. Reina de San Román de Ginés Sánchez es una nana para la Virgen de las Angustias. La Macarena puede hacer toda su estación con música propia, desde Coronación de la Macarena de Braña hasta la marcha en la que Gámez Laserna nos cuenta cómo Pasa la Virgen Macarena, incluyendo Esperanza Macarena de Morales o la pieza llamada simplemente Macarena, con aire mexicano, de Abel Moreno, Y con Abel Moreno, en Triana, el canto carmelita de la salve se convierte en Esperanza Marinera.

Banda de música de Tejera
tras el paso de María Santísima del  Valle
A veces, es el Cristo el que ayuda al compositor para la música de su Virgen. Así son Cristo en la Alcazaba de Morón, Cristo de la Buena Muerte de Albero, Cristo de la Sangre de Cebrián, Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono de Herrera, Cristo de las Almas de Ignacio Otero, Jesús preso de Cebrián, con la caja dando paso a la saeta, A ti... Manué de Puntas, en la que es la trompeta la que entona la saeta, antes del dulce final... La saeta siempre inspira: al Cachorro está dedicada la Saeta sevillana, de Gámez Laserna, cuyo fatalismo lleva a la melancolía. Nuestro Padre Jesús de Cebrián no es sevillana, pero es andaluza y encaja en Sevilla. Corpus Christi, de Uralde, es decididamente triunfal. Pantión, discípulo de Turina, compuso la trágica Jesús de las Penas en 1943 y luego, en 1970 concibió musicalmente la cofradía entera al componer Tus Dolores son mis Penas.

Por supuesto, la propia ciudad es elemento de referencia de primer orden, como se hace patente en Sevilla cofradiera, de Gámez Laserna, que hace honor a su título, o la descriptiva Procesión de Semana Santa en Sevilla, de Marquina, que es como una copla impregnada de dramatismo, con saeta central y toques de la Marcha Real.8 Carácter programático tiene La Madrugá, de Abel Moreno, retratando los contrastes sevillanos, del drama al júbilo. Este autor compuso también una marcha dedicada a los Hermanos costaleros.

Portada de libro de la partitura
de la ópera Margot
Y, gracias a la música, dos figuras femeninas de ficción, antagónicas además, se convierten en medios de homenaje a María Santísima: Ione, la sacerdotisa de Isis que glosó Petrella, y Margot, la cabaretera francesa que soñóTurina.9

¿Por qué en la Semana Santa de Sevilla son tan importantes los sentidos y las sensaciones? Hay que buscar la clave en la confluencia de dos circunstancias: una de lugar, porque estamos en el centro del valle del Guadalquivir, la zona que para muchos es donde hay que situar el mítico Jardín de las Hespérides, y a la que la primavera llega antes, con su carga de sensualidad;10 otra de tiempo, porque, a diferencia de como había ocurrido ya en el resto de España y en Europa, la religiosidad popular –o tradicional, como defiende Carlos Domínguez Morano– no cuajó hasta los siglos XVI y XVII, recibiendo el impulso directo de una Contrarreforma que privilegiaba la sensibilidad sobre la pura racionalidad renacentista, como vía de comunicación para que la religión llegara a las masas y las masas a la religión, y que se apoyaba en una estética barroca que encumbraba los sentidos como la puerta primera y primaria de acceso a la realidad. Y esta estética barroca –tardía, como ocurriría después con el romanticismo– arraigó en Sevilla tan fuertemente que aún hoy pervive.11

Pero, como tanto el Romanticismo como el Barroco revitalizaron valores de la Edad Media, es allí donde hay que buscar los orígenes. Porque fue precisamente en la Edad Media cuando lo sensorial y lo marcial fueron aspectos aceptados como vehículos de religión. Recordemos a Ramón Llull (1232-1315), el autor del Libro de la orden de caballería, para el que se puede –y aun se debe– aceptar la sensualidad, siempre y cuando provenga de Dios.12

Pero recordemos, sobre todo, a dos grandes marianos: a san Fernando (1199?-1252), que influyó determinantemente para el marianismo sevillano, y a san Bernardo (1090-1153), el reformador del Císter, que influyó en el marianismo de Fernando III, desde el siglo anterior. Nuestro san Fernando, gran caballero, que nació en Peleas de Arriba, en la provincia de Zamora, cerca del monasterio cisterciense de Bellofonte (o Belfonte), estudió con estos monjes y los premió después, en 1232, al darles la nueva casa de Valparaíso.13 La Virgen era su socia belli, su socia en la guerra.14

La Virgen con el Niño y San Bernardo
Bartolomé Esteban Murillo.
Óleo sobre lienzo
Museo del Prado
Se podría afirmar, por tanto, que con san Bernardo empezó todo, mientras Sevilla era Isbiliya, porque en el santo de Claraval marcharon al unísono la devoción mariana, la sensualidad aplicada a la religión y la marcialidad caballeresca. Este auténtico “caballero de María”, que consideraba a la Virgen su dama en el sentido caballeresco de la palabra, hasta el punto de hacer general el título de Nuestra Señora (Notre Dame), soñó beber y gustar la leche de la Virgen. Así lo pintaría Murillo para el convento cisterciense sevillano de San Clemente. Este gran innovador místico, que se sentía especialmente atraído por ese monumento bíblico a la sensualidad que es el Cantar de los Cantares, fue, según Gerardo de Sorval, “de manera eminente, el mejor caballero de su tiempo”;15 predicó la guerra santa y la Segunda Cruzada, e intervino decisivamente para fundar la Orden del Temple. La “tierna devoción a la Madre de Dios propagada por san Bernardo” dejó huella en la liturgia, en el arte religioso y en la piedad popular.16 Pero también el “Doctor melifluo” de Claraval influyó notablemente en la literatura caballeresca de la búsqueda del Santo Grial: en el Ciclo de la Vulgata y su Demanda del Santo Grial, y en el Parzival del templario Wolfram von Eschenbach, presente en la Quinta Cruzada. Por eso, muchos ven en san Bernardo, monje y caballero de la Virgen a un tiempo, el prototipo de Galahad,17 el más puro y santo de los caballeros, el único que encontró el Santo Grial, el abanderado de la marcialidad celestial, la encarnación caballeresca de Jesús.18

Hoy no concebiríamos el culto sevillano a María Santísima dolorosa, Nuestra Señora, sin su música.



1. Todas estas ideas están extraídas de la consulta de las diferentes voces en www.es.wikipedia.org.
2. Barros Jódar, Valentino. Virgen del Valle (www.patrimoniomusical.com)
3. Morales Gámiz, Brígido. Historia de la música cofrade (www.perso.wanadoo.es)
5. Rodríguez Lagomazzini, Domingo. Amarguras (www.patrimoniomusical.com)
6. Torres, Chelo. Soleá, dame la mano... (www.cofrades.sevilla.abc.es 1 de julio de 2010)
7. Jódar Marín, José Manuel. La historia de la marcha “Rocío” (www.cofrades.sevilla.abc.es 18 de diciembre de 2009)
8. Gálvez Jiménez, Marcelo. Semana Santa en Sevilla (www.patrimoniomusical.com)
9. Bermudo, Felipe. El origen de la marcha “Margot” (www.cofrades.sevilla.abc.es 24 de abril de 2009)
10. Se recomienda leer el capítulo 10 de esta serie titulado Valle se escribe con uve.
11. Domínguez Morano, Carlos. Psicodinámica de la religiosidad tradicional de Sevilla, en Nuevos aspectos de la religiosidad sevillana. Fiesta, imagen, sociedad, de José Hurtado Sánchez (Ed.). Ayuntamiento de Sevilla
12. Llull, Ramon. Libro de la orden de caballería. Vega, Amador. Ramon Llull y el secreto de la vida. Se recomienda leer en este blog el capítulo 24 de la serie Sevilla y las cruces de Calatrava, titulado Cruces en la guía y con la Madre, y Cristo en el centro.
13. Ansón, Francisco. Fernando III Rey de Castilla y León. También Mena y Calvo, José María de. En la cruz y la espada: San Fernando
14. Se recomienda leer el capítulo 16 de esta serie, titulado Socia belli.
15. Sorval, Gerardo de, citado por Barthelet, Philippe en San Bernardo. El hombre que transformó Europa
16. Montoliu, Manuel de. San Bernardo, los trovadores y la Divina Comedia
17. Guénon, René. San Bernardo
18. García Gual, Carlos. El héroe de la búsqueda del Grial como anticipo del protagonista novelesco