jueves, 29 de agosto de 2013

LA CASA DE LA PAJERÍA Y SUS CIRCUNSTANCIAS (1: PALACIO PRINCIPESCO Y CASA PRIORAL TEMPLARIA)

En el Repartimiento de Sevilla tras la conquista, los “opulentos templarios”, en expresión de Antonio Ballesteros (1), que habían colaborado en la acción conquistadora seguramente más de lo que se ha reconocido, obtuvieron en la capital unas casas en la Pajería (o Paxería), en lo que se definía como un islote, en el centro del cual debía de existir un edificio noble. Según el Episcopologio Hispalensis, citado por Rafael Alarcón Herrera (2), el convento templario estaba “hacia el sitio que primero fue palacio de don Alfonso el Sabio”. Debe entenderse que Alfonso lo utilizó provisionalmente, tal vez incluso antes de ser rey, y cabe también deducir que se trataría de un palacio almohade.

En torno a este palacio, la Orden del Temple formó un compás, lugar de jurisdicción propia, libre de pechos y derechos reales (3), con los siguientes límites: al norte con la calle de los Catalanes, hoy Carlos Cañal; al este con la Huerta de San Francisco, hoy Plaza Nueva, parte de la cual pudo incluso constituir la huerta templaria; al sur con la calle y el barrio de la Mar, actualmente García de Vinuesa, y la Puerta del Arenal; al oeste con la muralla de la ciudad, quedando dentro del contorno, entre las casas y el propio recinto amurallado, la laguna que allí existía desde que Leovigildo desecara ese brazo oriental del Guadalquivir, y donde hoy están la calle Castelar y la Plaza de Molviedro.

El palacio que ocupó el priorato de los templarios estaba en el lugar que hoy ocupa la casa número 60 de la citada calle Zaragoza (4), seguramente lindando con dos edificios importantes: el hospital de San Clemente, que fundara el propio Fernando III (5), y el llamado “mesón de los caballeros”, que tal vez ocupara la actual esquina de Zaragoza con Gamazo, antigua calle de Atocha. En el arco de entrada a esta calle existió una réplica de la madrileña y negra Virgen de Atocha (6), de gran devoción por los caballeros. Por cierto que del mesón queda recuerdo nominal en una calle cercana.

Estuvo a cargo de la “poderosa y aguerrida” Orden del Temple la extensa parroquia de San Clemente, que se corresponde con la actual del Sagrario catedralicio, y en la que existía otro centro de control en el llamado Compás de Santa María (luego plaza del Arzobispo, del Cardenal Lluch y de la Giralda), frontero con la aljama judía.

El enclave templario era, sin duda, preferente, en la collación de Santa María, con franca salida al río y al mar y con carácter defensivo al respecto, y en pleno Camino de Santiago, de la Plata (que hoy sigue discurriendo por la calle Zaragoza), y al mismo tiempo con altas responsabilidades de vigilancia y orden público desde las proximidades de la judería hasta el enclave moro de la Rabeta  (7), donde habría muy probablemente un convento fortificado, entre las actuales calles Moratín y Otumba (8). La propia calle de la Pajería se iniciaba (o terminaba) junto a la puerta almohade que se abría hacia el castillo y la puebla al otro lado del río, por el puente barcas, restaurado tras la hazaña de Bonifaz. Junto a la puerta estaba el antiguo palacio sevillano de los reyes godos, adosado a un lienzo de muralla almorávide, que habitó san Hermenegildo (9)en el que parece ser que pasó su última noche don Rodrigo, el duque de la Bética, antes de morir en Guadalete (10). Y frente al palacio, una casa que habían ocupado, según la tradición, las santas alfareras Justa y Rufina. No en balde está al lado la calle Santas Patronas, antes llamada de las Vírgenes.

Es significativo también que el llamado hospital de la Asunción o de los Caballeros, fundado por Fernando III para atender a miembros de todas las Órdenes bajo el patronazgo de Santa María de los Caballeros (11), estaba situado en la misma collación, en la calle llamada primero del Castro, luego Vizcaínos y hoy Fernández y González, con otro acceso, muy probablemente, por la calle Génova, la actual avenida de la Constitución (12).

Fuera de la ciudad, pero dentro del alfoz, que daría lugar al reino de Sevilla, el Temple obtuvo enclaves que conviene reseñar, aunque muy brevemente, porque volveremos sobre los que más nos interesan: Rostiñana (o Restiñana o Refañana...) en el campo de Tejada, donde al parecer ocuparon el fuerte almohade de El Alpízar, La Rábida, Saltés y Lepe en la costa, y otros al sur (13) en la llamada “Banda Morisca”. Se le concedió también Fregenal de la Sierra junto a la sede del bailiato en Jerez de Badajoz.

Alfonso fue agradecido con el priorato templario sevillano, que le fue fiel frente a la insurrección de su hijo Sancho, a diferencia de otras encomiendas de la Orden. El Temple sevillano tampoco “lo ha dejado”. Por ello, tiene mucho fundamento la idea de que los caballeros con la cruz templaria roja que aparecen en el Libro del ajedrez del Rey Sabio son frey Juan Fernández Cay, lugarteniente del maestre del Temple, y frey Pay Gómez Barreto, prior de Sevilla (14).

Además, en su segundo testamento, otorgado en Sevilla en 1284, Alfonso dejó sus armas a los templarios y mandó que, a su muerte, le fuera sacado el corazón y enterrado en el Calvario, siendo encargado frey Juan Fernández Cay de ejecutar la orden. El corazón se quedó en Murcia.

Permítaseme en este punto una referencia somera a las aspiraciones imperialistas, es decir, salomónicas, del Sabio Alfonso, porque ¿puede haber algo más salomónico que su decisión sobre el enterramiento de su cuerpo y el de su corazón?

La vigencia del Temple en Sevilla solo duró prácticamente medio siglo, pero los indicios apuntan a que les dio tiempo de construir la sede del priorato, según un dibujo que comentaremos en su momento.

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón fue suspendida en 1312 por el papa (no de Roma, sino de Aviñón) Clemente V en el Concilio de Vienne, por el empecinamiento interesado del rey francés, Felipe IV, y tras la persecución y la tortura inquisitorial. El papa instó a todos los reyes afectados a confiscar los bienes del Temple y entregarlos a la Orden de los Hospitalarios de San Juan o bien mantenerlos a la espera de nuevas órdenes papales. El rey castellano-leonés, Fernando IV, hizo caso a la primera parte pero no a la segunda. De hecho, para proseguir la Reconquista, empeñó enseguida los castillos templarios extremeños de Burguillos del Cerro y Alconchel a cambio de un préstamo de 3.600 marcos del rey de Portugal, Dionisio I.

A la sazón era arzobispo de Sevilla Fernando Gutiérrez Tello, que confiscó los bienes de los templarios, incluida nuestra casa de la Pajería.

Los freires de Castilla y León, y entre ellos los de Sevilla, tuvieron que dispersarse y muchos ingresaron en otras órdenes, principalmente en la de Calatrava. Después de todo, mucho peor les fue a los freires franceses.

¿Qué fue de la casa y del compás de la Pajería a partir de entonces? Parece ser que pasaron a pertenecer al Cabildo. Sí sabemos que pasó al Cabildo el compás de Santa María, junto a la Giralda, hasta que en 1385 fundara allí el arcediano de Écija, don Fernando Martín, el Hospital de Santa María, previa permuta de fincas (15).



(1) Ballesteros Beretta, Antonio. Sevilla en el siglo XIII
(2) Alarcón Herrera, Rafael. La huella de los templarios: tradiciones populares del Temple en España
(3) González González, Julio. Repartimiento de Sevilla
(4) Romero Gómez, Juan Antonio. Los templarios en el Reino de Sevilla
(5) Ibid. 4
(6) Atocha significa “esparto”. Bella casualidad, sobre todo, para los cofrades de El Calvario.
(7) López Martínez, Celestino. Mudéjares y moriscos sevillanos.
(8) Una rábida, rábita (o rábeta), rápita, rabat o ribat es un edificio fortificado habitado por religiosos musulmanes. En España hay numerosísimos ejemplos, desde La Rábida hasta Calatrava (castillo convento), pasando por Rábeta Ruta, la actual Rota.
(9) González de León, Félix. Noticia histórica del origen de los nombres de las calles de esta M.N.M.L y M.H ciudad de Sevilla
(10) Mena y Calvo, José María de, Tradiciones y leyendas sevillanas. El edificio es el que ha ocupado más recientemente la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, estando hoy pendiente de nuevo uso, tras la restauración.
(11) Mena y Calvo, José María de. Todas las Vírgenes de Sevilla
(12) Ibid. 9
(13) Carrillo, Emilio. La Orden del Temple: un nuevo descubrimiento
(14) Ibid. 4
(15) Ibid. 7
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