martes, 7 de enero de 2014

SEVILLA SALOMÓNICA (1: ETIMOLOGÍAS, LETANÍAS, COLUMNAS Y TRONOS DE LA SABIDURÍA)

Se atribuye al papa san Gregorio Magno el dicho de que su coetáneo san Isidoro poseía la sabiduría del rey Salomón 1.

Isidoro, arzobispo de Sevilla del 599 al 636, sucesor de su hermano mayor Leandro, fue el más erudito y eminente eclesiástico del catolicismo medieval anterior a la invasión sarracena. Tal vez naciera en Cartagena, de donde provenía su familia hispano-romana por parte de padre y de orígenes visigodos por parte de madre. Sus conocimientos abarcaban muchas áreas, por lo que era considerado un polímata. Hoy se le tendría por un hombre del Renacimiento o por un enciclopedista. Fue clave su contribución a la conversión de los arrianos visigodos. Su obra cumbre fueron las Etimologías, donde se sistematiza todo el saber de su época.

Por causa de la invasión musulmana, sus restos fueron trasladados desde San Isidoro del Campo, junto a Itálica, a la colegiata de León, que fue advocada a su figura, en pleno Camino de Santiago. Allí, en el siglo XII, el canónigo Lucas de Tuy escribió los Milagros de San Isidoro, señalando que “muchos varones y nobles y grandes letrados de diversas y luengas tierras, codiciando ver al muy deseado San Isidoro, venían a oír de su boca la sabiduría de otro Salomón…”, la Hagia Sophia, la sabiduría divina. En la piedra de la propia librería colegial del siglo XVI se compara al obispo hispalense con el rey bíblico 2 y en los carteles de los anaqueles aún pervive la letanía isidoriana: “Doctor de las Españas, Espejo de la iglesia, Estrella esplendente, Doctor fiel, Legislador de los hispanos, Padre de los clérigos, Lirio de la iglesia, Esplendor de los sacerdotes, Lucero rutilante, Fulgor de la justicia”. Y Salomón está también presente en la colegiata leonesa, con frescos en la “Capilla Sixtina del Románico”, o en la Biblia de 1162, en el scriptorium de la basílica, donde aparece en su trono.

Detengámonos un momento para analizar el nombre de Isidoro, que es, etimológicamente, el regalo de Isis. ¿Por qué este nombre sobrevivió a la cristianización romana y a la supresión de las adoraciones egipcias? ¿Y por qué recibió este nombre el cuarto hijo de esta familia de Cartagena?  Isis, la gran diosa madre, la fuerza fecundadora, la diosa de la maternidad y del nacimiento que aparece sentada, como trono de la sabiduría, con su hijo Horus sobre sus piernas medio abiertas, o en pie con el jeroglífico del trono coronando su cabeza.

Volvamos a nuestra ciudad. Tras la conquista, al mismo tiempo que se llevó a cabo el subsiguiente Repartimiento, se configuró el mapa parroquial de la ciudad. La Sevilla cristiana quiso rendir un homenaje al ilustre autor de las Etimologías y le dedicó su parroquia en el punto más alto, donde seguramente había una mezquita. Cuenta la tradición que fue precisamente en ese lugar donde, allá por el año 3000 a.C., el fenicio Melkart, procedente de Tiro, estableciera su factoría comercial entre brazos del gran río tartésico. Melkart sería divinizado y luego llamado Herakles en Grecia y Hércules en Roma; el río tartésico es hoy el Guadalquivir; y la factoría, Spal, dio de sí nada menos que la gran ciudad (que no ciudad grande) que es Sevilla.

Melkart había superado el pórtico trascendental del océano y de la Atlántida, entre los montes Calpe (Gibraltar) y Abila (Hacho, junto a Ceuta), la puerta marina que los griegos llamaron “Estelas de Herakles”, los romanos bautizaron como “Columnas de Hércules” y hoy conocemos como Estrecho de Gibraltar. En el siglo XII a.C., los fenicios de Tiro construyeron en las islas Gadeiras, en un islote junto a la actual San Fernando, un templo dedicado a Melkart 3, que según la leyenda fue cristianizado por Santiago, quien lo dedicó a san Pedro. A la entrada del templo había dos grandes columnas, ante las cuales los navegantes hacían sus ofrendas. No pudo ser otro, sino el fundador de Sevilla, quien separara las rocas y abriera la puerta atlántica. Donde estuvo el templo se edificó después el castillo de Sancti Petri. Y las columnas de Hércules son hoy emblema de Andalucía y de España para la Humanidad.

También el Templo de Salomón tenía dos columnas. Cuando los hebreos llegaron a la tierra prometida, David empezó a construir en el monte Moria la morada de Yavé, pero esta tenía que ser construida por un rey pacífico, así que esa fue la gran misión de Salomón 4. El rey sabio contó con la ayuda de un amigo de David, el rey Hiram I de Tiro, que envió a un maestro, “un hombre experto y de gran habilidad”, llamado Hiram-Abí (Abbif, Abif…), hijo de madre danita y de padre tirio 5, con un nutrido grupo de artesanos. Ante la entrada del Templo, que estaba dirigida a oriente, a la salida del sol por Getsemaní, el maestro fundió dos columnas exentas de bronce 6, llamando a la del sur Jaquín (Jakim, Jakhin…), que significa “Dios establecerá”, y a la del norte Boaz, que significa “en Él está la fuerza”. Aludían a un simbolismo cósmico relacionado con los solsticios y solo las trasponían el rey y los sacerdotes, para acceder al Debir, el Santo de los Santos, donde se veneraba el Arca de la Alianza.

Dos columnas representan, cósmicamente, la eterna estabilidad; su hueco, la entrada a la eternidad 7. Desde tiempos remotos, dos columnas en la entrada de un lugar sagrado significaban transformación o iniciación, entrada a lo desconocido, como la pareja de columnas dedicadas al viento y al fuego que habría a la entrada del templo de Melkart en Tiro, precedente de todas las demás. En la tradición cabalística hebrea, las columnas son de la Misericordia y de la Severidad, que, en el árbol sefirótico, flanquean a la columna central, de la Justicia o el Equilibrio 8. Es también significativo el carácter solsticial de las columnas, que se reproduce con Jano bifronte y con los santos Juanes. El conjunto simbólico de las dos columnas inspiradas en el Templo de Salomón se encuentra además en la tradición iniciática de la masonería, de plena vigencia en la actualidad.

Un detalle curioso: Hércules y Salomón vuelven a encontrarse en Toledo, porque, según la tradición, la mesa de Salomón estuvo en la toledana Cueva de Hércules-

Cuenta el primer libro de los Reyes que Salomón, el más grande y más justo de los reyes de Israel, el que había percibido la sabiduría en sueños, se hizo “un gran trono de marfil, que recubrió de oro finísimo” 9, un trono magnífico, suntuoso: el trono de la sabiduría, la propia sedes sapientiae. ¿Se inspiraría el sabio Salomón en Isis, que ejercía de trono, con su hijo Horus, la representación divina de la sabiduría, sobre sus piernas?

Las artes figurativas no tenían pretensiones realistas, sino simbólicas, y por ello, a partir de Bizancio, cuando se impuso con enorme fuerza el culto a la Virgen María, uno de los simbolismos marianos de mayor importancia y difusión fue, precisamente, la iconografía de la Kiriotissa, hierática y solemne, como trono que enmarca y nos presenta a su Hijo, la Sabiduría por excelencia. Nuestra Virgen de los Reyes, de bíblica advocación, es, pues, trono asuncionista de la sabiduría del Divino Niño.

En el siglo XIV se construyó la parroquia gótico-mudéjar de San Isidoro. Dejaremos, por tanto, para su momento oportuno todo comentario sobre la misma. Hay que hacer, no obstante, una referencia a la Virgen de Loreto, que sale de la iglesia de San Isidoro cada Viernes Santo, mostrándose en su Letanía Lauretana, de Loreto, como Casa Dorada, pero también como Arca de la Nueva Alianza y Sede de la Sapiencia del Señor de las Tres Caídas.



1. Fernández González. Etelvina. Pensamiento medieval hispano: homenaje a Horacio Santiago-Otero, Volumen 1
2. “…YSIDORVS VIR EGREGIVS… ANTE PRIMO HOMINE SALOMONEQVE”
3. Estrabón. Geografía
4. Asimov, Isaac. Guía de la Biblia.  Antiguo Testamento
5. II Crónicas 2:12-14
6. 1 Reyes 7: 21-22
7. Cirlot, Juan Eduardo. Diccionario de símbolos
8. García Polo, Maribel. Kábala y antroposofía
9. I Reyes 10: 18-20