domingo, 14 de abril de 2019

DOMINGO DE RAMOS, DE GRACIA Y ESPERANZA

Paso de Nuestra Señora de
Gracia y Esperanza
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En todo caso el Santo Grial, más que un objeto, es un símbolo del Axis mundi, el eje vertical hacia el Cielo, como lo es el propio Templo de Salomón. Y la piedra es la materialidad de ese símbolo, considerado como puerta solar por la que descendía el Espíritu Santo, como fuente de nutrición, como objeto sanador, como palabra perdida y como camino necesario para conocer la voluntad de Dios. Por ello, el reino del Grial era semillero de reyes. Y este eje, que es el eje de la escalera del Cielo, presenta los movimientos ascendente y descendente, que también están en el Apocalipsis («Sube aquí y te mostraré lo que va a suceder en seguida» (Apocalipsis 4:1)). Son los dos movimientos que nos muestra la Virgen de Gracia y Esperanza, Porta Caeli, eje cofrade de Sevilla. Porque, efectivamente, la Gracia es el don que desciende del Cielo a la Tierra, mientras que la Esperanza es el bien que desde la Tierra asciende al Cielo, donde está Ella.
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Del libro de Antonio Hernández Lázaro El paso de palio: la búsqueda, Editorial Almuzara, 2018, p. 101.



sábado, 13 de abril de 2019

SÁBADO DE PASIÓN, SÁBADO DE DOLORES

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María Santísima de los Dolores,
de Torreblanca
Pensar en el Corazón de la Virgen es pensar en los dolores de su alma. La devoción a la Virgen de los Dolores, la Mater dolorosa, había sido establecida a finales del siglo XI y había tenido una gran propagación, introduciéndose en la liturgia como el Officium Parvum de Septem Doloribus B.V.M. gracias a los franciscanos, a los dominicos y sobre todo a los servitas florentinos, promovida por estos últimos como devoción principal desde 1239, como un Rosario. (...) La iconografía de los Siete Dolores entró en la Semana Santa de Sevilla con una pintura —inspirada, cómo no, en san Lucas— que había pertenecido a la duquesa de Borgoña, madre de Felipe I el Hermoso, y que Felipe II donó en 1570 a la hermandad, por él instituida, de los Dolores de la Soberana de los Ángeles. Con la devoción a los Siete Dolores se introdujo la costumbre de colocar sobre el pecho de la Virgen un corazón atravesado por siete espadas, o por una espada como compendio de todas.
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Sin duda, el puñal es un símbolo, un concepto, pero no nos debe impedir «ver» el concepto principal de la Virgen: su corazón, que no es, naturalmente, visible con los ojos del cuerpo, pero que es el gran protagonista, porque, si la Virgen en su paso de palio es para sus cofrades el centro del mundo, el corazón de María es el centro del centro.
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Hay que saber adivinar el alma en el corazón de la Virgen, más allá de la «apariencia» de madera del candelero y de los encajes que le adornan el busto.
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Del libro de Antonio Hernández Lázaro El paso de palio: la búsqueda, Editorial Almuzara, 2018, pp.193-194, 195 y 196.



viernes, 12 de abril de 2019

VIERNES DE DOLORES, VIERNES DE AMOR

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El amor cortés era, claramente, un amor humano, diferenciado del amor místico profesado a la Virgen, pero compartía con este un tronco común platónico. San Bernardo distinguía claramente lo cortés de lo místico, y, de hecho, no le gustaba el amor cortesano. Pero la deriva fue inevitable, porque el amor a la Virgen, que feminizaba lo divino, se sentía como un espejo del amor cortés, que divinizaba lo femenino. Se asumía como adecuado aplicar a la Virgen el concepto del eterno femenino, agradable, dulce, atractivo e incluso deleitoso. Se veía a María idealizada en un amor imperecedero, transmutándose así la atracción humana en devoción mariana, de índole superior aunque con claves sensoriales.
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Paso de María Santísima del Amor
La hiperdulía devenía así enamorada, embelesada. Se había abierto la puerta a un amor cortés platónico, idealizado, sublimado, específicamente dedicado a la Virgen María. Lo sensorial fue aceptado como vehículo de religión, llegando a admitirse en el culto a la Virgen María una cierta y moderada sensualidad, porque María, como era un ideal inalcanzable, podía ser venerada —como de hecho lo fue y aun lo es— con oraciones apasionadas y románticas meditaciones, impidiendo su perfección que el placer experimentado en el acercamiento a Ella fuera pecaminoso.
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El rojo es el color de la Encarnación y del Amor Hermoso y es por ello el tono de la evolución espiritual. Para san Isidoro hay concordancia entre el color y el calor, y así, al ser el rojo la coloración más saturada, es para este santo hispalense el tono del fuego y del Sol. Todo tiene sentido.
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Del libro de Antonio Hernández Lázaro El paso de palio: la búsqueda, Editorial Almuzara, 2018, pp. 152, 153 y 206.


lunes, 25 de marzo de 2019

ENCARNACIÓN, COSMOGONÍA Y PROPICIATORIO

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Paso de Nuestra Señora de la
Encarnación Coronada
La Encarnación del Verbo fue la primera primavera equinoccial de la Virgo fidelis. Así lo vino a reconocer la Cristiandad, como uno de los primeros dogmas, a partir de la proclamación de la doble naturaleza de Jesucristo, en el Credo niceno-constantinopolitano: «(…) por obra del Espíritu Santo se encarnó en María la Virgen y se hizo hombre». Las palabras de san Gabriel son una actualización del «Fiat lux» («Hágase la luz»), una renovación de la cosmogonía, de la Creación, porque la Encarnación de Cristo en el seno de la Virgen María tiene la connotación de un acto de Creación, con el Espíritu cubriendo a María de igual modo que el viento de Dios había aleteado sobre las aguas. Así el «poder del Altísimo» cubrió con su sombra a esa nueva Arca que es María (Lucas 1:35), la Virgo prudentísima. La cosmogonía es el concepto primigenio de un orden físico y metafísico, la narración mítica del origen del Universo, y es también, por tanto, una teogonía, porque en la Creación se afirma Dios. Jesús, el nuevo Adán, se encarnó para salvar a la Humanidad del caos en el que esta estaba sumida, manifestándose como luz del mundo y eje de la evolución humana. Por eso son compatibles la magnificencia de la Sedes sapientiae y la humildad de la Encarnación, porque es la divina Sabiduría la que origina la Encarnación en la concavidad del seno de María, y es en la Encarnación donde se actualiza el eterno femenino en virtud de la humildad de María, la Mater castissima. Por la palabra de Dios hecha carne (Juan 1:14), la humanidad se deificó y Dios se humanizó. Así María, Mater Salvatoris, fue también Mater Creatoris.
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Y el Martes Santo la Encarnación se hace Dolorosa en San Benito. En Ella está la doble primavera, doble cosmogonía. Y así, en la tarde del Martes Santo sevillano, el palio de Nuestra Señora de la Encarnación Coronada será para nosotros el más excelso exponente de la renovación cosmogónica, que nos llevará a sentir la presencia de la gloria de Dios. Y Ella, bajo su palio encarnado, nuevo propiciatorio sobre el Arca, mediará para que agrade a Dios la estación de penitencia.
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Del libro de Antonio Hernández Lázaro El paso de palio:la búsqueda, Editorial Almuzara, 2018, pp. 65 y 66.


sábado, 2 de febrero de 2019

NUESTRA SEÑORA DE LAS CANDELAS

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Desde el siglo IV, al menos, hay testimonios de la celebración de febrero, «a los cuarenta días de la Epifanía», con procesión, solemne pero con regocijo, en el lugar de la Resurrección de Cristo previo descenso a los Infiernos. Las velas ya eran en esta fiesta de la Anástasis, al menos desde entonces, un medio de ofrenda a Dios, a la Virgen María y a los santos.
Pero la fiesta «de las Candelas» es sincrética. La iglesia griega instituyó la Hypapanté (tou Kyrou), la fiesta del Encuentro. En el siglo V, el papa Gelasio I relacionó la celebración con la Presentación de Jesús. Cuando Justiniano declaró festivo el 2 de febrero, la celebración ya hacía tiempo que se había trasladado desde el 14 de febrero, fiesta del mártir San Valentín, al día 2, el día en el que se habían celebrado las fiestas Lupercales o Lupercalias en honor de Lupercus, dios de la fecundidad y de los rebaños.
Hacia el siglo VII se puso énfasis en la Purificación de la Virgen y la fiesta se hizo mariana. El papa Sergio I instituyó la procesión penitencial de candelas desde la iglesia de San Adrián a Santa María la Mayor, en relación con las palabras de Simeón: «Mis ojos han visto tu salvación, que has preparado ante la faz de todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones» (Lucas 2:30-31), dando origen al rito de la bendición de los cirios.
Paso de María Santísima
de la Candelaria
Mientras tanto, los celtas celebraban la Imbolc, la fiesta de las candelas que abría el mes de febrero en honor de la diosa Brígida. Imbolc significa literalmente «en el vientre». Eran días previos a la siembra y los campesinos recorrían los campos en procesión, con antorchas, pidiendo purificación de la tierra y fertilidad, además de inspiración y guía para los nuevos proyectos a desarrollar en los meses cálidos y soleados. Se ponían velas en las ventanas y se honraban las artes poéticas y femeninas.
En 1118 se instalaron en Jerusalén los caballeros que darían origen a la Orden del Temple. Se consideraron «integrados en la fe de Salomón», porque, al erigirse en custodios del Templo, se asimilaron a los levitas, primeros custodios del sagrado lugar y del Arca de la Alianza allí guardada. La Roca fue así el primer templo templario (si se me permite la aparente redundancia). Había allí, sorprendentemente, un detalle cristiano de origen musulmán, al estar señalado el lugar de la ceremonia de la Presentación de Jesús y la Purificación de María. En este mismo lugar custodiaron los templarios un lignum crucis patriarcal, junto al que ardía una candela de oro, como una manifestación terrenal de la luz divina, señalizada, como todos los lugares santos de la Cúpula, con mosaicos del poeta templario Achard d’Arrouaise. El lugar se convirtió en centro de peregrinaje. El día de «Santa María de la Chandelor» fue festividad importante y día de ayuno en las casas y encomiendas del Temple, según el artículo 75 de su regla. Y la devoción a la Candelaria se extendió por Europa mixtificada con la celebración arcaica de las candelas, como antesala de la primavera.
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Del libro de Antonio Hernández Lázaro El paso de palio: la búsqueda, Editorial Almuzara, 2018, pp. 118-119.



martes, 18 de diciembre de 2018

LA ETERNA EXPECTACIÓN

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Y por otra parte nos fascinará la frontalidad de la Macarena, que sin embargo es asimétrica en lo físico y en lo expresivo, porque es de dolor y de esperanza a un tiempo.
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Paso de María Santísima de la
Esperanza Macarena
¿Por qué es considerada la Macarena la Virgen de Sevilla? ¿Por qué es arquetipo de la Dolorosa sevillana, aunque, a diferencia de todas las demás, parece esbozar ya una sonrisa, en su aire mayestático, hierático y frontal? ¿Será precisamente por esa sonrisa? ¿Será por su majestad? ¿Será por su juventud? ¿Será porque sale con las tinieblas de la madrugada y se recoge en la arcaica huerta, tras una nueva aurora, con el triunfo del día en las horas en las que ya luce esplendorosa la nueva estación primaveral, con su fuerza y su sensualidad? ¿Será tal vez porque la Macarena suspende a su paso el tiempo de la historia y nos proyecta in illo tempore, restaurando un momento puro y primordial? ¿Será porque es para los sevillanos la figuración suprema de la eterna expectación, del eterno anhelo, de la esperanza en el eterno retorno de la regeneración, de la eterna juventud…, de la eternidad, en suma?
«(…) y de aquí a la eternidad», canta el himno macareno.
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Del libro de Antonio Hernández Lázaro El paso de palio: la búsqueda, Editorial Almuzara, 2018, pp. 225 y 268.



sábado, 8 de diciembre de 2018

SIN PECADO ORIGINAL

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En el palio de la Concepción del Silencio, de terciopelo azul claro bordado en plata de inspiración mudéjar decimonónica, como un contrapunto de celeste claridad en la madrugada, vemos en un medallón coronado la Cruz de Jerusalén, la cruz de las cinco cruces potenzadas, orlada por la leyenda «QUIEN COMO MARÍA MADRE DE DIOS CONCEBIDA SIN PECADO ORIGINAL» entre cuatro jarras virginales. La cruz de las cinco cruces representativas de las cinco llagas de Cristo había sido entregada por el papa Urbano II a los primeros cruzados, aunque para algunos data incluso de santa Elena. El reino de Jerusalén la tuvo en oro sobre plata y la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, la cofradía con la consigna de proteger este lugar santo, la adoptó en gules, junto a la divisa que llevó a los hombres a las Cruzadas: «Deus vult» («Dios lo quiere»). Luego la adoptaron los franciscanos protectores de los Santos Lugares. Y este principio cruzado pervive en el emblema de la hermandad del Silencio junto con el principio inmaculista representado por el círculo azul, porque la hermandad hizo solemne voto y juramento en 1615, con doscientos treinta y nueve años de antelación respecto al dogma. Sus nazarenos, con la espada y la vela ilustrada con la Inmaculada, están determinados, en defensa del dogma de la Inmaculada Concepción, a «creer, proclamar y defender, hasta derramar su sangre, si preciso fuere». Como estaban dispuestos a dar su sangre y su vida los caballeros guardianes del Santo Grial.
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Paso de María Santísima de la Concepción
Azul de cielo apocalíptico es el manto de terciopelo de la Virgen de la Concepción, bordado con hojilla de oro, integrando en un conjunto de inspiración barroca las cruces de Jerusalén.
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Y también, como corresponde a la doble simbología solar y lunar, son doradas, en contraste con la plata del paso, las jarras para el azahar de pureza de la Virgen de la Concepción del Silencio.
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Ahí están las jarras de azucenas del palio de María Santísima de la Concepción para que, cuando lo veamos pasar junto a la Giralda, observemos que en su crestería de plata se replican las de las cuatro esquinas de Turris fortissima hispalense, que son emblema de pureza, de primavera, de feminidad y de búsqueda del Santo Grial.
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Del libro de Antonio Hernández Lázaro El paso de palio: la búsqueda, Editorial Almuzara, 2018, pp. 49-50, 204, 212 y 216, respectivamente.