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El amor cortés era,
claramente, un amor humano, diferenciado del amor místico profesado a la
Virgen, pero compartía con este un tronco común platónico. San Bernardo distinguía claramente lo cortés de lo
místico, y, de hecho, no le gustaba el amor cortesano. Pero la deriva fue
inevitable, porque el amor a la Virgen, que feminizaba lo divino, se sentía
como un espejo del amor cortés, que divinizaba lo femenino. Se asumía como
adecuado aplicar a la Virgen el concepto del eterno femenino, agradable, dulce,
atractivo e incluso deleitoso. Se veía a María idealizada en un amor
imperecedero, transmutándose así la atracción humana en devoción mariana, de
índole superior aunque con claves sensoriales.
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Paso de María Santísima del Amor |
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El rojo es el color de la
Encarnación y del Amor Hermoso y es por ello el tono de
la evolución espiritual. Para san Isidoro hay concordancia entre el color y el
calor, y así, al ser el rojo la coloración más saturada, es para este santo
hispalense el tono del fuego y del Sol. Todo tiene sentido.
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