lunes, 15 de abril de 2019

LUNES SANTO DE AGUAS ESENCIALES

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Toda cueva es concavidad y toda concavidad viene a ser como una cueva. Cóncavo era el Mar de Bronce del Templo de Salomón, imagen de un mar de gracias y virtudes, figuración de las aguas primordiales. La Iglesia vio en María un reflejo del Mar de Bronce, como ha visto siempre en Ella las aguas esenciales, amnióticas. Quizá por esto existe, más allá del fundamento vinculado a san Fernando y a la conquista de la ciudad, la advocación a la Virgen de las Aguas.
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María Santísima de las Aguas
Las palabras de san Gabriel son una actuali­zación del «Fiat lux» («Hágase la luz»), una renovación de la cosmogonía, de la Creación, porque la Encarnación de Cristo en el seno de la Virgen María tiene la connota­ción de un acto de Creación, con el Espíritu cubriendo a María de igual modo que el viento de Dios había aleteado sobre las aguas.
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El tocado de tul, inspirado en la imaginería castellana del Renacimiento y en el arte barroco de Velázquez y Murillo, lo vemos envolviendo como un velo, sobre el manto, la cabeza, los hombros y las mangas de Nuestra Señora de las Aguas, en una expresión tan rotunda de dolor y de misticismo que no necesita puñal, y en una plasmación tan fina de sevillanismo que no precisa de toca ni de bordados en el manto.
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Del libro de Antonio Hernández Lázaro El paso de palio: la búsqueda, Editorial Almuzara, 2018, pp. 29, 65 y 190.



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