martes, 19 de agosto de 2014

SEVILLA Y LAS CRUCES DE CALATRAVA (11: LOS ÚLTIMOS CABALLEROS, LOS PRIMEROS MECENAS)

A medida que se acercaban las últimas décadas del siglo XV, se preveía la inminencia de la culminación de la Reconquista, y las órdenes veían aproximarse lo que para ellas tenía que ser, con toda seguridad, un punto crucial. Ya no habría que gestionar una guerra, sino una paz. La caballería española se había generado y desarrollado en un escenario bélico. Una vez desaparecido este, ¿qué pasaría con las órdenes?, ¿qué sería de los principios de la caballería, sus inspiradores? No olvidemos que estos ideales caballerescos, vinculados a la idea de guerra santa, nacieron en el escenario de las Cruzadas y tomaron cuerpo en la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo, la Orden del Temple, extendiéndose luego a otras órdenes internacionales, como el Hospital de San Juan de Jerusalén (luego Orden de Malta), e inspirando también la gestación de las órdenes peninsulares, motivadas específicamente por la cruzada hispana que fue la Reconquista. Y no olvidemos tampoco que el ciclo templario tuvo un recorrido, entre los siglos XII y XIV, que se correspondió –como no podía ser de otra forma– con las circunstancias de tiempo y de lugar en que el Temple fue necesario. Así pues, ¿cuál sería el futuro de las órdenes, si ya no serían necesarias?

Desde luego, los caballeros españoles no tuvieron el mismo trágico fin de los templarios. Y desde luego, una de las razones de su pervivencia fue el hecho de que ya estaban controladas por los reyes. Entonces, ¿qué había sido de sus principios caballerescos?

Portada de la primera edición de
El ingenioso hidalgo
Don Quijote de la Mancha
,
de Miguel de Cervantes, dirigida
expresamente al duque de Béjar
Caeríamos en un error si creyéramos que el alma de la caballería medieval murió con la Edad Media, y erraríamos aún más si hiciéramos una lectura superficial del Quijote y entendiéramos tal forma de sentir y de ser como algo trasnochado, ridículo, como algo que es mejor quemar para evitar caer en la chaladura. En realidad, los principios de la caballería han seguido presentes en la Historia. En los momentos finales de las órdenes, desvirtuada en gran medida la impronta monástica, se dieron, sin embargo, virtuosos ejemplos de espíritu caballeresco en las personas de probos caballeros inspirados por los ideales del valor, la verdad, la defensa, la fe, la humildad, la justicia, la generosidad, la templanza, la lealtad, la nobleza…1

Haciendo solo lo que sentían que debían hacer, estos últimos caballeros medievales hicieron Historia. Sin duda, la nueva edad tomó cuerpo merced a fuertes y diversas influencias, de tipo filosófico y tecnológico, que generaron una nueva actitud y una nueva aptitud en el hombre europeo. Pero ahí están también las improntas de estos últimos caballeros para llegar a este lugar, que hoy, con perspectiva, identificamos claramente como el Renacimiento. No nos debe extrañar. ¿Acaso no fue Dante Alighieri su precursor?

Glorieta de Dante Alighieri en el Parque de María Luisa,
erigida por la Asociación Dante Alighieri
Dante fue miembro importante de la Fede Santa, una organización terciaria templaria, obligada a la clandestinidad tras la suspensión del Temple. De ella surgieros los Fedeli d’amore, el núcleo duro de una nueva corriente literaria, el dolce stil nuovo. Allí estuvo Dante y allí estuvieron sus más fieles seguidores, Petrarca y Boccaccio.2 Se promovía la escritura en verso, a la que aun hoy somos tan dados los sevillanos.3 Se ponderó el cuore gentile, el corazón purificado. Se humanizó el culto a la Virgen María, con las Madonnas, representativas del intelecto activo, de la propia Sabiduría divina, del vínculo del hombre con Dios… Dante celebró el amor que mueve el sol y las estrellas,4 lo que para Aristóteles había sido el primer motor inmóvil de todas las cosas, perfectamente bello, indivisible, que solo se contempla a sí mismo en una contemplación perfecta.5

Ilustración de la Biblia de Alba:
José interpreta los sueños del faraón en Egipto
(figura de Josep con su noquete labrado a escaques)
www.es.wikipedia.org
Volvamos a España y a las últimas fases del Medievo. Luis González de Guzmán fue maestre electo de Calatrava por merced concedida a su padre, gobernando desde 1414 hasta su muerte en 1443. Fue vasallo de Juan II, sirviendo en las guerras contra Granada y contra los infantes de Aragón, por lo que fue recompensado con el señorío de Andújar. Promovió la traducción al romance de la Biblia hebrea, directamente, soslayando la Vulgata; encargó el proyecto al rabino de Maqueda, Mosé Arragel de Guadalfaraja, y pidió a varios amigos religiosos católicos que le asesoraran. En 1433 estaba concluida la Biblia miniada gótico-sefardí, pero es posible que no llegara nunca a estar en poder del maestre. El manuscrito perteneció a Enrique IV y a Isabel la Católica, siendo luego confiscado por la Inquisición. En el siglo XVI, el inquisidor Andrés Pacheco lo confió a la Casa de Alba, heredera del Conde Duque de Olivares. Esta joya histórica, llamada “Biblia de Arragel” y “Biblia de Alba”, está en Madrid, en el palacio de Liria.6

Portada de la colegiata de Osuna
Juan Téllez-Girón fue notario mayor de Castilla y señor, entre otros lugares, de Osuna, Morón, Archidona, Arahal, Cazalla de la Sierra, Gelves y Olvera. Hijo ilegítimo del famoso Pedro Girón y hermano gemelo de Rodrigo Téllez Girón, fue legitimado por Pío II en 1459. Sucedió como II conde de Ureña en 1469 a su hermano Alfonso.7 Tuvo a varios literatos adscritos a su casa nobiliaria. Uno fue Diego de San Pedro, el poeta que dedicó su Cárcel de amor –de caballeresco amor cortés– a Diego Fernández de Córdoba, a quien puede que conociera en la campaña de Granada.8 Otro fue Juan del Encina, el discípulo de Nebrija, el que entró al servicio del duque de Alba, el que escribió el Cancionero –sus poemas y su música son ya prerrenacentistas– y el que acompañó a Tierra Santa a Fadrique Enríquez de Ribera, el innovador renacentista de la sevillanía. Además, Juan Téllez-Girón ayudó a Cristóbal Colón en la empresa descubridora que fue la cruzada atlántica.9 Y dio trabajo a Diego de Riaño antes de que fuera famoso, introduciéndolo en una trayectoria cortesana que lo haría maestro mayor del Ayuntamiento y de la Catedral de Sevilla. Ahí queda la intervención de Riaño en la colegiata de Osuna, la Insigne Iglesia Colegial de Nuestra Señora de la Asunción, cuyo pórtico resulta ser también pórtico del plateresco sevillano que vemos en la fachada del edificio municipal de la plaza de San Francisco.

Son los últimos momentos de caballeros relativamente independientes. Los últimos maestres calatravos fueron el citado Rodrigo Téllez Girón y, desde 1482, García López de Padilla.10 En cuanto a la Orden de Alcántara, el último fue Juan de Zúñiga y Pimentel, hijo del influyente II duque de Béjar, que llegó a la dignidad maestral por bula del papa Sixto IV en 1473.11

La idea de incorporar los maestrazgos a la corona había ido madurando en el pensamiento de los Reyes Católicos, sobre todo en el de Isabel, quien, una vez cumplida la misión granadina, resolvió dar los pasos necesarios. En 1487, Fernando el Católico fue elegido maestre de Calatrava por bula de Inocencio VIII. El mismo papa concedió a Isabel los maestrazgos de Santiago y Alcántara, si bien para esta última orden hubo que negociar con Juan de Zúñiga, que había colaborado en la conquista de Granada.12

Lámina de Antonio de Nebrija
impartiendo una clase de gramática
en presencia de Juan de Zúñiga y Pimentel.
Introducciones Latinae (Biblioteca Nacional)
www.es.wikipedia.org
En compensación, Zúñiga obtuvo la comarca de la Serena, en Badajoz, incluido el castillo de Castilnovo, y una importante renta. En 1494, firmadas las capitulaciones, se retiró a Villanueva de Magacela, también llamada de los Freyres (hoy de la Serena), la más importante encomienda de la orden, donde fundó un monasterio para dedicarse al estudio, dirigido nada menos que por Antonio de Nebrija. Los reyes le ofrecieron, a trueque, la sede episcopal de Sevilla. Zúñiga aceptó en 1502 y al año siguiente fue nombrado arzobispo y luego cardenal y primado de España. Entró en Sevilla en 1504, pero ese mismo año murió.13

Desde Isabel y Fernando, todos los reyes de España son maestres de las órdenes militares. A finales de la Edad Media, los bienes de Calatrava se limitaban a las posesiones en la capital sevillana y a otras en Arcos, Huelva, Niebla, Trigueros y Gibraleón. Y la Orden de Alcántara se había replegado en Extremadura, reducida a la mitad de lo que había sido.14

Ya en el siglo XVI fue camarero del emperador Carlos otro Juan Téllez-Girón, llamado “el Santo”, IV conde de Ureña, alcalde y gran mecenas, que haría de Osuna el destacado conjunto monumental renacentista que conocemos, fundando el Colegio-Universidad de la Purísima Concepción, la conocida universidad de Osuna, ejemplo de arquitectura civil dedicada a la enseñanza, cuyas titulaciones se equiparaban a las de Alcalá de Henares, Bolonia o Salamanca, y que contó ya con un sistema de becas y un hospicio.



1. Llull, Ramon. Libro del Orden de Caballería
2. VV.AA. Codex Templi, capítulo XIV: Zorrilla Hierro, Mauro. Dante Alighieri y la filiación templaria de la Fede Santa
3. Guénon, René. Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada
4. Guénon, René. Esoterismo cristiano. Del mismo autor, El esoterismo de Dante. “Aquel que mueve el sol y las estrellas”, último verso de La Divina Comedia
5. Aristóteles. Metafísica, citado por Guénon, René. El esoterismo de Dante
6. Ladero Quesada, Miguel Ángel. Capilla, joyas y armas, tapices y libros de Enrique IV de Castilla.
7. Se recomienda la lectura del capítulo anterior de esta misma serie, también en relación con el párrafo anterior.
8. Whinnon, Keith. Introducción a la obra de San Pedro, Diego de, Pasión trovada. Poesías menores. Desprecio de la fortuna. Obras completas, III. Morón de Castro, M.F. La iglesia de San Miguel. Cinco siglos en la historia de Morón de la Frontera (XIV-XVIII). Artículo de la misma autora: Las empresas artísticas de los condes de Ureña (www.dialnet.unirioja.es)
9. Se recomienda la lectura de los capítulos 5 y 6 de la serie Sevilla salomónica de este blog, titulados Cruzadas del medio milenio tras el primer milenio de Cristo y Desde Sevilla a Jerusalén… y al cielo.
10. Ayala Martínez, Carlos de. Las Órdenes Militares en la Edad Media
11. Ibíd. 10
12. Ibíd. 10
13. Sánchez Herrero, José. Sevilla del Renacimiento (VV.AA. Historia de la Iglesia de Sevilla. 3ª parte)
14. Ibíd. 10