miércoles, 2 de septiembre de 2015

LA CUEVA LUMINOSA (14: REINA DEL CIELO Y DE LA TIERRA, REINA DE LA SABIDURÍA, REINA DE SEVILLA)

En el paso de palio, María reina. Ella es la que hace que el paso sea trono, cerrando el cortejo procesional.

Salida del paso de Nuestra Señora de la Angustia.
con la presidencia en primer plano

A propósito de la organización de la procesión, dejo ahí la cuestión de si hay un criterio protocolario-teológico atemporal para determinar que vaya Cristo delante y la Virgen detrás, y, en ese caso, cuál de los pasos ocupa un lugar preferente. Es más, cuando en una cofradía hay dos Cristos titulares, ambos pasos, ordenados según la cronología evangélica, preceden al palio de María. Hay casos en los que la Virgen acompaña al Cristo en su paso, pero, cuando hay dos Vírgenes titulares, porque una acompaña al Cristo, siempre el paso de palio cierra la procesión. Cuando hay un paso alegórico, siempre es el primero, yendo después el Cristo y cerrando el palio de la Virgen. Y hay otro hecho significativo: los pasos de la Soledad de San Buenaventura y la Soledad de San Lorenzo son de Cristo aunque esté la cruz vacía, yendo sola la Virgen y siendo pasos únicos en ambos casos. En Sevilla puede haber cofradías, como es el caso de estas dos, sin Cristo, pero no hay ninguna sin Virgen. Pero volvamos al tema: ¿es preferente el lugar de cierre del paso de palio? Ciertamente siempre se podrá defender y argumentar que el lugar del Redentor, el del primer paso, es preferente al de la Corredentora. Y, a propósito, podemos preguntarnos por qué en la mayoría de las cofradías –con notorias excepciones, como el caso del Gran Poder– el hermano mayor va en la presidencia del paso de palio, partiendo de la base de que en el protocolo eclesiástico la presidencia ocupa el último lugar.

Todas las culturas han rendido culto a una diosa reina. La primera civilización histórica, la mesopotámica sumeria, allá por el cuarto milenio antes de Cristo, adoraba a Inanna, la diosa de la madre naturaleza, de la vida y la fecundidad, que formaba parte del grupo de los doce dioses principales del cielo y de la tierra.1 Más tarde, los acadios, los asirios, los amoritas, los babilonios y también los hititas llamaron a esta misma deidad Ishtar (o Eshdar). Luego, bebiendo de las fuentes amoritas, los cananeos y los sidonios, los pueblos fenicios, asimilaron esta divinidad como Astarté, que fue llamada también Astarot por los israelitas, representando el culto a la madre naturaleza, a la vida, al amor y a la fertilidad.2 El libro de Jeremías recoge la ira de Yavé por el culto que se rendía a Astarté, la reina del cielo: “Los niños amontonan leña y los padres encienden el fuego, las mujeres amasan harina para hacer tortas a la reina del cielo y vierten libaciones en honor de dioses extranjeros para herirme a mí”.3 Incluso le rindió culto Salomón, con la consiguiente ira de Dios.4 La figura de Astarté no nos es precisamente ajena a los sevillanos. Recordemos que, según la leyenda, Astarté fundó Triana, huyendo del acoso de Hércules.5

Esquema del Kudurru
erigido por Melishipak,
rey de Susa, con los
símbolos de los cuerpos
celestes, incluyendo los
doce signos zodiacales y
los símbolos de los doce
dioses astrales, entre los
que aparece en lugar
preferente la estrella
de ocho puntas
de Ishtar y Venus.
Según la tesis de Sitchin,
extraída de las tablillas
babilónicas, Venus es el
octavo planeta que visita
el planeta de los dioses,
Nibiru, en su órbita,
cada 3.600 años.
(Sitchin, ob.cit.)
Los cananeos y los egipcios, emparentados, compartieron sus dioses. En el cielo de Egipto reinó Ast, también llamada Isis, diosa de la maternidad y del nacimiento cuyo nombre significa trono. Solía representarse como trono de sabiduría, con Horus sobre sus piernas medio abiertas. La Isis negra representaba la fertilidad de las orillas del Nilo ennegrecidas por los limos. Su homóloga griega fue Afrodita, reina de la belleza, del amor y´de la reproducción, venerada luego por los romanos como Venus.6 Y la estrella de ocho puntas con círculo central fue el símbolo de Ishtar y de Venus.7

La doctrina de que la Virgen fue coronada reina del cielo tras su Asunción es de la iglesia primitiva, con fundamento teológico basado en el dogma de María como Virgen Madre de Dios. Por otra parte, la enseñanza de la realeza de María y de la de su Hijo Jesucristo sigue el precedente bíblico del Árbol de Jesé, que fue alegoría de la Concepción Inmaculada de María antes de que se adoptara la iconografía apocalíptica de la mujer revestida de sol, con la luna bajo sus pies y coronada de doce estrellas.8 No olvidemos que, dada la poligamia de los reyes de Israel y de Judá, el título de reina no se le daba a cualquier mujer de un rey, sino solo a la que era madre de un rey.9 Así, María fue reconocida como gebirá, reina madre.10 San Gregorio Nacianceno la vio como la “Virgen Madre, de quien surgió el reino de todo el mundo”, precisamente por ser la “Madre del Rey del Universo”.11 Y en el siglo IV san Efrén de Siria ya la consideraba Reina del Cielo.12

Coronación de la Virgen María por
la Stma. Trinidad. Cristóbal Ramos.
Iglesia del Santo Ángel
La iconografía de la coronación de la Virgen procede del arte bizantino, difundiéndose en Europa en la Edad Media. En esa línea se pronunció en 1476 Sixto IV.13 Desde España se globalizó la idea, al exportarse a América. En el siglo XVI, la Virgen lucía la corona del Sacro Imperio Romano Germánico, la corona de la casa de Austria. En el XVI, Velázquez, inspirándose en un grabado de Durero, pintó a la Virgen María, llena de modestia, de reverencia y de emoción, coronada en el cielo por la Santísima Trinidad con una guirnalda de flores. El modelo tuvo éxito en el Barroco, en obras como la de Andrés de Ocampo para el convento dominico de Nuestra Señora del Monte Sión, que está hoy en el Museo de Bellas Artes, o las de Lucas Valdés para Santa Paula y la Caridad, o como en el retablo de la Coronación de María, de Cristóbal Ramos, que hay en el Santo Ángel.14

Retablo cerámico de Nuestra Señora de Todos
los Santos y azulejo conmemorativo
en la parroquia de Omnium Sanctorum
En Sevilla, tras el apoyo del cardenal Segura, la hermandad de la Sagrada Cena proclamó en su protestación de fe de 1948 el voto de defender la realeza de María,15 ostentándolo así el escudo de la corporación, con la M coronada. En 1950, las hermandades de la Divina Pastora y Santa Marina, Sagrada Mortaja, Coronación, Silencio, Calvario, Esperanza Macarena, Divina Enfermera y Sagrada Lanzada, Monte-Sión, y Divina Pastora de Cantillana, y la congregación de los Luises hicieron voto y juramento en la iglesia de San Martín.16 Finalmente, el día de Todos los Santos de 1954 Pío XII proclamó públicamente la realeza de la Madre de Dios. Y así está registrado a los pies del retablo cerámico de Nuestra Señora de Todos los Santos, en la fachada de la parroquia de Omnium Sanctorum.17 Hoy, en la Cristiandad, nadie lo duda: María, con su Hijo, es bienaventurada con la gloria de una reina celestial a lo largo de todo el mundo.18

Suelo de la Catedral de Sevilla,
ante la Capilla Real
Sevilla, la nueva Jerusalén, supo escuchar la voz de la sabiduría bíblica, que hizo elogio de sí misma: “Por mí reinan los reyes y los príncipes decretan la justicia”.19 Por ello, los reyes eran coronados en ese oasis en desierto cuaresmal que era la dominica de pan y peces.20 Y así, en Sevilla, María, que es la reina, es también el trono, la sede y la cátedra, y es también la propia sabiduría salomónica manifestada en el libro de los Proverbios; Ella es la kiriotissa sevillana, cuyo dosel catedralicio proclama el lema bíblico en la Capilla Real, el templo salomónico que corona ese monumento asuncionista que es la Catedral sevillana. Cuando vayamos a verla, fijémonos también en el pórtico de los reyes bíblicos de la Capilla Real, ante el cual lucen tres estrellas de ocho puntas, con sus correspondientes círculos, que ya sabemos que representan la virginidad de María antes, durante y después del parto.

Nuestra Señora de los Ángeles
En el paso de palio, la Virgen es reina, como lo es en la Letanía Lauretana: de los ángeles, de los patriarcas, de los profetas, de los apóstoles, de los mártires, de los confesores, de las vírgenes, de todos los santos; concebida sin pecado original y elevada al cielo, reina del Rosario, de las familias y de la paz. Su corona consta de un canasto similar a cualquier corona de cualquier monarquía europea, al que se añadieron en el siglo XVII los imperiales, bandas superiores cruzadas –aunque hay coronas sin imperiales, como la de la Virgen de Montserrat, en coherencia con la Virgen Negra catalana–, y la aureola resplandeciente de rayos flamígeros, solares, unos con estrellas, otros sin ellas. A menudo, coronando la corona aparece el orbe, coronado a su vez por la cruz. Algunas coronas tienen querubines, escudos, emblemas, objetos eucarísticos... El sello dieciochesco está presente en las coronas del Mayor Dolor y Traspaso, de 1798, y en las de Regla y el Socorro. Las demás son ya eclécticas, aunque predomina el espíritu barroco, que se quedó a vivir en Sevilla. Hay que citar la de la Virgen del Subterráneo, de la hermandad de la Cena, la magnífica corona de ráfagas de la Amargura y la clásica y estrellada corona de la Macarena. La singular corona neobizantina de Nuestra Señora de los Ángeles proclama en una filacteria el dominio sobre la corte celestial: REGINA ANGELORUM.

María es reina. Por eso, en 1932, la Niña de la Alfalfa se lo cantó a la Virgen de la Estrella, que se atrevió a salir en medio del conflicto social y político: “Aquí quien manda eres Tú, Estrella de la mañana”.

Por eso se toca el himno de España, la Marcha real, saludándola –como al Cristo– con honores reales, a la salida y a la entrada del paso.

María Santísima de Regla Coronada
Foto Galisteo

Por eso existen las coronaciones canónicas, el rito litúrgico que desde el siglo XIX reconoce la devoción de advocaciones marianas, inspirado en la iniciativa del siglo XVII de los capuchinos, que recogían joyas para realizar la corona de la Virgen. Entre las sevillanas mencionaré la de la Virgen de los Reyes, en 1904, porque Ella, que es la sede de la sabiduría sevillana, fue la primera coronada en Andalucía, y la de la Virgen de la Antigua, en 1929, porque la advocación que llamó a san Fernando ya fue representada coronada por dos ángeles. Y, ya en Semana Santa, hablaré de las de la Amargura en 1954, la Esperanza Macarena en 1964, la Esperanza de Triana en 1984 y otras muchas más modernamente, entre las que mencionaré la de la Virgen de Regla, en 2010, por ser la mía.21

La Virgen María, la que ofreció la plenitud de su materia inmaculada para la gran obra de Dios, como se ofrece la Tierra a la acción benéfica de los rayos del Sol, fue justamente por ello, aunque pueda parecer contradictorio, venerada como Virgen Negra, porque esa negritud, esa nigredo, es signo de entrega y de fertilidad. Así, consiguientemente, al asumir su sagrada función corredentora y mediadora, la Madre de Cristo, erigida como señora de purificación, de restauración y de consuelo, de paz y de virtudes, se hizo espejo de plata lunar en su paso de palio para reflejar la luz del Sol de justicia. Y en su paso de palio está, precisamente, coronada de oro solar, el más noble e incorruptible material, como reina de sabiduría y de transformación espiritual, como reina del cielo y de la tierra, y como reina de Sevilla. Porque, aunque haya excepciones –ya sabemos que en esta ciudad siempre las hay, porque son matices que enriquecen los mensajes, como ocurre con las coronas de plata de la Virgen de la Paz, en su paso que es pura blancura, y de la Virgen de las Tristezas, en su paso que es exquisito minimalismo en el recogimiento–, la corona de María Santísima es siempre idealmente áurea, más allá de la materialidad. Es más, la corona –o la excepcional diadema de Nuestra Señora de las Aguas o de María Santísima de los Dolores y Misericordia– puede ser el único elemento dorado del paso de palio. Pero es la cabeza de la Virgen la que adorna la corona y no al revés. Ella es la corona. He aquí, por tanto, la culminación de la gran obra de Dios.



1. Sitchin, Zecharia. El 12º planeta
2. La influencia pagana en la tradición católica (www.perso.wanadoo.es)
3. Jeremías 7:18
4. 1 Reyes 11.5
5. Lauriño, Manuel. Visión mitológica de Triana
7. Sitchin, ob.cit.
8. Apocalipsis 12: 1-10
9. 1 Reyes 2: 17-21, Jeremías 13:18
10. La gebirá en el Antiguo Testamento (www.principioscatolicos.blogspot.com.es)
11. San Gregorio Nacianceno. Poemata dogmatica, XVIII, v. 58
12. San Efrén, Hymni de B. Maria
13. Sixto IV. Cum Praexcelsa
15. Azulejo conmemorativo en la iglesia de los Terceros. www.conocersevilla.org
16. Lápida en la iglesia de San Martín
17. Azulejo conmemorativo en Omnium Sanctorum
18. Pío XII. Ad Caeli reginam 1
19. Proverbios 8:15
20. La bendición de la rosa de oro, símbolo de Jesús y de María en la dominica cuarta de Cuaresma, artículo de la revista Sevilla Mariana, tomo 4, nº 41