sábado, 19 de septiembre de 2015

LA CUEVA LUMINOSA (16: SOCIA BELLI)

En la presidencia de algunas cofradías, junto a los hermanos mayores, podemos ver a militares de alto rango. Con la Esperanza de Triana, que sale de la capilla de los Marineros, desfila un alto mando de la Marina, y con la Virgen de Loreto, patrona de la aviación, procesiona un alto cargo del Ejército del Aire. Recordemos los elementos simbólicos que ambas Vírgenes llevan en la mano.1 Y no hace tanto tiempo que estas representaciones militares eran mucho más numerosas, como la sección de la Guardia Civil que desfila tras la Virgen de la Cabeza, porque esta advocación es copatrona del cuerpo junto con la Virgen del Pilar.

La Virgen del Refugio, de la cofradía del barrio de San Bernardo, lleva en la delantera de su paso, a guisa de candelabros, cuatro cañoncitos dorados que fueron un regalo de la Pirotecnia Militar, en 1938, en plena Guerra Civil.2

María Santísima de la Esperanza
Macarena Coronada

Entre los casos de Vírgenes que llevan fajines militares en la cintura, citaré el ejemplo proverbial de la Esperanza Macarena, que blasona de poseer cuatro, entre los que destaca el de teniente general con categoría de capitán general, donado por Gonzalo Queipo de Llano.3 Los restos de este militar están, al margen de toda consideración de memoria histórica contraria a una dictadura aún demasiado reciente, en la basílica de la que sale los Viernes Santos de madrugada para reinar en Sevilla, entre multitudes populares, María Santísima de la Esperanza Macarena Coronada.

¿Nos choca? Por supuesto, pero, sin entrar en consideraciones políticas ni morales sobre el siglo XX español, que no son del caso, hay un aspecto de la devoción a la Virgen que no nos tiene que chocar: la Virgen es la Señora de las Batallas. Y de la Victoria.

La festividad de la Virgen del Rosario se celebra en octubre porque el domingo 7 de octubre de 1571 tuvo lugar la batalla victoriosa de Lepanto, después de que la flota cristiana se hubiera encomendado a la Virgen. Tras el triunfo, el papa instituyó el 7 de octubre como día de Nuestra Señora de las Victorias, y al año siguiente Gregorio XIII fijó como día de la Virgen del Rosario el primer domingo de octubre. La devoción a la Virgen del Rosario, aparecida a santo Domingo de Guzmán, se identificaba con la de la Virgen de las Batallas desde que en 1213 se atribuyera a la Virgen la victoria de Muret, dentro de la tristemente llamada "Cruzada Albigense", en la que tuvo una intervención decisiva el santo de Caleruega.4

Portada del libro de Siruela
que incluye el
Elogio de la Nueva Milicia

de san Bernardo
y Los Templarios de
Régine Pernoud

Pero antes ya había sido formulado el concepto de “guerra santa”, cuando en 1130 san Bernardo, la máxima autoridad moral de la Iglesia en el siglo XII, que fue además el gran mariano universal, porque abrió a la Cristiandad al culto a la Virgen María, respaldó la fundación de la Orden del Temple y le dedicó su De laude novae militiae ad Milites Templi, considerando a los templarios como un ejército divino.5 Los caballeros del Temple, los Conmilitones, compañeros de Cristo en la lucha, tenían una devoción proverbial por la Virgen María, su socia en la guerra santa.6

Para la Iglesia y para la Cristiandad, la Reconquista española fue ocasión de recuperar frente al Islam un poder geoestratégico que contrarrestara el que se estaba perdiendo en Tierra Santa. No en balde, la Península Ibérica fue escenario de la importante aportación templaria –mucho más importante de lo que se ha reconocido– y de la fundación de nuevas órdenes monástico-militares, como las de Calatrava y Alcántara (a las que se unió más tarde la de Montesa), seguidoras, como el Temple, de la regla de San Benito, y la de Santiago, seguidora de la regla de San Agustín, además de la presencia, también relevante, de otra orden multinacional: la de San Juan, luego identificada como Orden de Malta.

La Virgen María era madrina de la Reconquista desde Covadonga. En las Navas de Tolosa, la Virgen fue la socia belli del arzobispo de Toledo don Rodrigo Jiménez de Rada, que fue adelantado de Cazorla. Hoy, en el monasterio cisterciense de Santa María de Huerta, junto al sepulcro o cenotafio del prelado castellano, está esta imagen románica que don Rodrigo llevaba en el arzón, advocada desde entonces como Nuestra Señora de las Navas de Tolosa.7

Altar de Nuestra Señora de los Reyes
de la hermandad de los Sastres
La Virgen arzonera de Fernando III el Santo fue Nuestra Señora de las Batallas, quizá un regalo de su primo san Luis IX de Francia. El soberano de Castilla y León la tenía entronizada en su altar real en sus campañas, junto a su espada “Lobera”, su otra “socia belli”, su otra compañera en la guerra. La advocación de las Batallas no era ni mucho menos rara.

Miniatura de San Fernando
en el frontal del paso de
María Santísima del Rocío

Pero san Fernando trajo también, como sabemos, otras devociones marianas a Sevilla, la gran metrópoli cuya recuperación fue un hito clave en la Reconquista española. La Virgen siempre estaba en los estandartes de los reyes en sus campañas. Se cuenta que en el cerco de Sevilla una flecha musulmana rasgó una bandera, en la que figuraba una efigie de Nuestra Señora, y el propio monarca “viendo dañada la enseña, tomó aguja y dedal y la cosió”. Se originó así una relación entre la realeza y el gremio de los alfayates, fruto del cual existe en San Ildefonso la Hermandad de Nuestra Señora de los Reyes Patrona de los Sastres, estando en su altar la Señora respaldada por el escudo real.8 La imagen de San Fernando procesiona, junto con varios patrones sevillanos, en el Corpus. Y cada Lunes Santo tenemos al santo rey en la delantera del paso de María Santísima del Rocío, enarbolando su espada desnuda en defensa de la fe, como en el Corpus y como en San Ildefonso.

Nuestra Señora de las Batallas
Su hijo Alfonso X el Sabio heredó la Virgen arzonera de las Batallas, legándola por disposición testamentaria, junto con las Tablas Alfonsíes, a la Catedral sevillana, en cuyo tesoro se encuentra.9 El rey sabio fue también un gran devoto de la Virgen. Para Ella salvó la gran torre almohade de Isbiliya, a Ella le escribió las Cantigas, y a Ella le encomendó su proyecto de orden militar para la guerra santa naval, la Orden de Santa María de España.10

Paso de María Santísima de la Victoria
La devoción a la Virgen de la Victoria está relacionada con la conquista de Málaga por los Reyes Católicos. La imagen, que estaba durante el asedio en el oratorio del rey de Aragón, Fernando el Católico, tenía su origen en un sueño en el que se le apareció la Virgen con el Niño, ambos coronados, llevando en su mano derecha la palma de la victoria. El propio san Francisco de Paula, fundador de la Orden Mínima, estaba en el sueño. Los reyes decidieron donar la imagen a la ciudad de Málaga, bajo la advocación de Santa María de la Victoria, para que recibiera culto en una ermita, levantada en el lugar del campamento. Dos años después, la ermita y la imagen fueron entregadas a los frailes mínimos, seguidores de san Francisco de Paula, que fundaron allí su primer convento en España, desde el que difundieron el culto a la Virgen de la Victoria.11 Los mínimos llegaron en 1512 a Sevilla y se instalaron en la ermita del barrio trianero de San Sebastián, frente al puerto camaronero, transformándola, de acuerdo con la cofradía allí existente, en iglesia conventual de Nuestra Señora de la Victoria, consagrada en 1517. A esta imagen le rezó Magallanes antes de su partida.12 En 1597 quedó establecida en esta iglesia la hermandad de la Columna y Azotes, que había sido fundada en San Benito de Calatrava, y que hizo suya la advocación de la Victoria.13 En el lugar, en la calle Pagés del Corro, dando esquina a la calle Victoria, se encuentra hoy el colegio Reina Victoria, cuyo nombre, sin duda, es una referencia de doble significado.14

Detalle del palio de Nuestra Señora de la Encarnación
La gallardía caballeresca, siempre asociada a la Virgen María, pervive en la Semana Santa sevillana. Las cruces de las cuatro órdenes nacionales están en los palios de Nuestra Señora de la Encarnación y de María Santísima de la Victoria, y las cruces de Calatrava (¿no serán Calatrava y Alcántara?) hacen inconfundible el manto de Nuestra Señora de Montserrat.

Que no nos extrañe.

La devoción a la Madre de Jesús sustituyó, en los pueblos cristianizados, a los cultos dedicados a diversas deidades de la tierra, del amor, de la fertilidad... y de la guerra.

Diosa de la guerra, además de serlo de la vida, del amor, de la naturaleza y de la fertilidad, fue la babilónica Ishtar, la misma Astarté fundadora de Triana, que recibía cultos sanguinarios de sus devotos.15 Era la propia Inanna sumeria, una mujer feroz y hermosa, representada armada hasta los dientes. Las inscripciones de los reyes asirios relatan cómo iban a la guerra por ella, cómo ella les aconsejaba cuándo esperar y cuándo atacar; cómo ella marchaba a la cabeza de los ejércitos, y cómo llegaba a aparecerse a las tropas.16



1. Se recomienda leer el artículo 13 de esta serie, titulado ¿Qué lleva la Virgen en las manos?
4. Romero Mensaque, Carlos José. La Religiosidad marginal en Sevilla durante los siglos XVII y XVIII. Artículos de investigación (www.rosarioensevilla.org). Se recomienda leer el capítulo 16 de la serie de este blog Sevilla y las cruces de Calatrava, titulado Administrando la justicia de Dios y la devoción a su madre.
5. San Bernardo. De laude novae militiae ad Milites Templi. Martín, José Luis. Plena y Baja Edad Media, tomo 4 en Historia de España.
6. Hay una abundante bibliografía sobre el Temple, que pone de manifiesto su devoción por la Virgen María. Baste citar a los autores españoles Juan G. Atienza y Rafael Alarcón Herrera.
8. Burgos Belinchón, Antonio. Sevilla en cien recuerdos (El alfayate y el rey). También www.hermandaddelossasstres.blogspot.com.es y www.leyendasdesevilla.blogspot.com.es
9. Carlón Sjovall, Luis. Espada Lobera La Socia Belli” (www.actfernandoiiielsanto.blogspot.com.es)
10. González Jiménez, Manuel. Relaciones de las Órdenes Militares castellanas con la Corona (siglos XII-XIII). Historia, instituciones, documentos. Universidad de Sevilla. Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas, citado en www.es.wikipedia.org
11. Romero Torres, José Luis. Iconografía de la Virgen de la Victoria en Andalucía, de la escultura religiosa a la imagen devocional
12. López Mohiño, José Manuel. La Semana Santa en Triana (flun.cica.es). También www.conocersevilla.org y www.cofrades.sevilla.abc.es
13. Carrero Rodríguez, Juan. Anales de las cofradías sevillanas
14. Se recomienda leer el capítulo 13 de la serie de este blog Sevilla salomónica, titulado ...Y luz de coplas que son himnos.
15. Lauriño, Manuel. Visión mitológica de Triana
16. Sitchin, Zecharia. El 12º planeta