martes, 25 de febrero de 2014

SEVILLA SALOMÓNICA (8: SALOMONISMO EN LA REFORMA, SALOMONISMO EN LA CONTRARREFORMA… SALOMONISMO ENFÍN)

El 24 de septiembre de 1559 se celebró en la plaza de San Francisco el primer auto de fe contra protestantes sevillanos.

El sentimiento reformista que se había iniciado en Alemania encontró adeptos en Sevilla. Ya el lebrijano Rodrigo de Valer se sentía inspirado por el espíritu de Dios para “aclarar las tinieblas del error y corregir a aquella generación adúltera y pecadora”.1 Naturalmente, fue perseguido por la Inquisición. Cuando murió en el convento de Nuestra Señora, en Sanlúcar de Barrameda, el enorme sambenito que había llevado de por vida fue colgado en la Catedral sevillana.2

Un seguidor suyo, el magistral catedralicio Juan Gil, llamado el doctor Egidio,3 también denominado bonus biblista (el buen biblista), fue demasiado lejos, hasta querer romper un lignum crucis de la propia Catedral y una imagen fernandina de la Virgen María (probablemente la Virgen de las Batallas).4 Se retractó, pero en el fondo siguió siendo luterano. Luego estuvo en Valladolid. Dejó comentarios manuscritos sobre el Génesis, sobre la Epístola de san Pablo a los Colosenses y sobre el salomónico Cantar de los Cantares y otros salmos, obras doctas y llenas de piedad cristiana.5 Tras su muerte, se descubrió la conspiración protestante española, con los focos en Sevilla y Valladolid.

También en la Catedral sevillana ejerció como predicador el conquense Constantino Ponce, el doctor Constantino, de sangre judaica.6 Sus temas favoritos eran los Proverbios, el Eclesiastés, el libro de Job y, naturalmente, el Cantar de los Cantares. Gestionó la cátedra de Sagrada Escritura en el colegio de los Niños de la Doctrina, donde se reunían clandestinamente los reformados para leer y comentar la Biblia. Entre su numerosa audiencia, según dice Cipriano de Valera en la exhortación de su Biblia, se hallaba el estudiante Benito Arias Montano. Después de intentar, sin éxito, entrar en la Compañía de Jesús, fue encarcelado como hereje por la Inquisición.

Los cadáveres del Dr. Egidio y del Dr. Constantino fueron exhumados y lanzados a la hoguera en el segundo auto de fe contra los protestantes, el 22 de diciembre de 1560. Sus obras están, lógicamente, perdidas.

Dentro de Sevilla, el principal foco reformista era el monasterio jerónimo de San Isidoro del Campo, el que había sido cenobio cisterciense fundado en el siglo XIII por Alonso Pérez de Guzmán, Guzmán el Bueno, para sepultura propia y de su esposa, en el mismo lugar donde había estado enterrado san Isidoro antes de la invasión sarracena.7 Era natural, porque los monjes de la Ordo Sancti Hieronymi, que habían venido del monasterio de San Jerónimo de Buenavista, y que en Santiponce eran llamados “los isidros”, se dedicaban, a imitación de san Jerónimo, a estudiar las Sagradas Escrituras.

Prácticamente toda la nómina del monasterio, con su prior a la cabeza, se alineó con la Reforma.8 El prior, el albino García Arias, llamado el “maestro blanco”, sustituyó los rezos por lecturas de las Sagradas Escrituras y pláticas sobre los Proverbios de Salomón. Luego se acobardó, pero fue valeroso a la hora de la muerte en la hoguera.9

Entre los miembros del monasterio estaban el morisco Casiodoro de Reina y el ya citado Cipriano de Valera, los primeros que tradujeron la Biblia completa al castellano, que habían conseguido huir en 1557 junto con otro monje, el escritor y humanista Antonio del Corro. Otros monjes fueron quemados públicamente en la hoguera sevillana del prado de San Sebastián o sufrieron prisión perpetua. Los que consiguieron huir al extranjero fueron quemados en estatua. Y los monjes restantes, a petición de Felipe II y previa aprobación del papa Pío V, volvieron a la comunidad jerónima.10 

También en otro monasterio jerónimo, el de Nuestra Señora del Valle, de Écija, se abrazaron las tesis reformistas. El prior huyó a Ginebra, mientras que el vicario fue quemado vivo.11

La Reforma caló en la mujer sevillana, como fue el caso de Isabel de Baena, que ofreció su casa para reuniones. Ella y otras muchas también sufrieron la hoguera. En el convento jerónimo de Santa Paula, una monja profesa, Leonor de San Cristóbal, fue castigada a no salir del lugar y tuvo que abjurar de vehementi.12

La reacción contrarreformista, avalada por el Concilio de Trento (finalizado en 1563), contó con el decidido apoyo de la Compañía de Jesús. El monasterio de Santiponce fue purificado con pláticas jesuitas, con las reliquias del mártir romano san Eutiquio, con esculturas de Martínez Montañés y con devociones marianas no evangélicas, como la Inmaculada Concepción y la Asunción.13

Y la Semana Santa fue la expresión plástica y dramática de la Contrarreforma. No es casual que la Semana Santa de Valladolid y la de Sevilla sean respectivamente paradigmas de la celebración pasionaria en el norte y en el sur de España, según reconoció en 1974 Agustín Turrado, prior de los dominicos de Jerez, en el semanario diocesano “Iglesia de Sevilla”.14

En el siglo XVI se tomaban muy en serio las analogías bíblicas y mitológicas. El príncipe Felipe, durante su estancia en los Países Bajos, había estado rodeado de un ambiente salomónico, con continuas referencias a su persona como un nuevo Salomón, lo cual sin duda influyó para que su padre el emperador abdicara. Desde el principio, Felipe II quiso ser un rey caracterizado por la prudencia y la sabiduría, apoyado en consejos, y con la misión de reconstruir la unidad de la Iglesia.

En ese ambiente de salomonismo, Felipe II, el rey que editó las obras del insigne arzobispo hispalense que fue san Isidoro, se decidió a construir el Real Monasterio de El Escorial, verdadero monumento contrarreformista. Unos querían que fuera una reconstrucción teórica del Templo de Salomón, para no olvidar las raíces judías del cristianismo; otros querían cristianizar la arquitectura pagana, sobre la teoría de que el clasicismo romano había utilizado la regla áurea de los judíos.15 En definitiva, el salomónico Escorial, encomendado a los rehabilitados monjes jerónimos, fue el eje de la lucha contra la Reforma, en cuartel de los soldados de Dios frente a las ideas protestantes de Lutero y Calvino.16

En 1584, el iniciado Juan de Herrera17 culminó la obra de El Escorial, demostrando que la Contrarreforma también sabía ser sobria y, por supuesto, severa. Herrera, por esos años, firmó en Sevilla el edificio de la Lonja (1583) y la Puerta de Triana (1585).

En la fachada de la basílica de El Escorial se colocaron las estatuas de los Reyes de Judá. Cinco de ellos coinciden con los de la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, excepto Manaqués en lugar de Jesé. Además, el programa de enterramientos escurialense, con las estatuas orantes de Carlos V y Felipe II, es similar al de la Capilla Real sevillana, constituyendo, además de un legado, una encomienda a los reyes sucesores respecto al propio edificio. ¿Influyó la Capilla Real en El Escorial18 o fue al revés?19

En todo caso, cabe suponer la intervención de Arias Montano, teólogo y humanista de vocación sevillana y universal, sobre quien habré de extenderme en el próximo artículo.



1. Menéndez y Pelayo, Marcelino. Historia de los heterodoxos españoles
2. Fernández Campos, Gabino. Reforma y contrarreforma en Andalucía
3. Sanchez Herrero, José. Sevilla del Renacimiento (Historia de la Iglesia de Sevilla)
4. Ibid. 1
5. González de Montes. Raimundo. Artes de la Inquisizion Espanola
6. Ibid. 3
7. Ibid. 2
8. Ibid. 2
9. Ibid. 1. “el monasterio de jerónimos de San Isidro, cerca de Sancti Ponce (antigua Itálica)”, según el texto de Menéndez y Pelayo.
10. Ibid. 1
11. Ibid. 2
12. Ibid. 2. También: León de la Vega, Manuel de. Los protestantes y la espiritualidad evangélica en la España del siglo XVI. La abjuración de vehementi era de aplicación a los acusados sobre los que existían serias (“vehementes") sospechas de culpabilidad que no llegaban a ser probatorias.
13. Ibid. 2
14. Ibid. 2. El autor cita la referencia de Agustín Turrado y del semanario diocesano. Ya el conde de los Ángeles, en una Tercera de ABC, se había referido a la Semana Santa como reacción contrarreformista.
15. Rincón Álvarez, Manuel. Claves para comprender el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. El Templo de Salomón tenía 60 codos de largo (unos 31,5 m), 20 de ancho (unos 10,5 m) y 30 de alto (unos 15,75 m), lo que nos da un lado de 20 x 30, lo que se aproxima mucho a la proporción áurea.
16. Cuadra Blanco, Juan Rafael de la. El Escorial y el Templo de Salomón
17. García Atienza, Juan. La cara oculta de Felipe II
18. Sáenz de Miera, Jesús. De obra «insigne» y «heroica» a «Octava Maravilla del Mundo»: la fama del El Escorial en el siglo XVI
19. Miguel González, Jesús, citando a Ricardo del Arco, Sepulcros de la Casa Real de Castilla