martes, 1 de abril de 2014

SEVILLA SALOMÓNICA (13: …Y LUZ DE COPLAS QUE SON HIMNOS…)

Parece que fue en 1541 cuando un hombre del pueblo, de profesión cerrajero, llamado Gómez Camacho, promovió una organización inmaculista en torno al convento lebrijano de la Orden de Inmaculada Concepción.

Santa Beatriz da Silva
Esta orden había sido fundada en Toledo en el siglo anterior por santa Beatriz da Silva, portuguesa de formación franciscana cuya frente, a la hora de la muerte, se adornó con una refulgente estrella…

Gómez Camacho, que había contactado en Jerez de la Frontera, donde vivía, con Marta de San Andrés, discípula espiritual de san Francisco de Paula, se apoyó en la profecía de este franciscano italiano, fundador de los Mínimos. La profecía hablaba de los Crucíferos, caballeros defensores de las misiones, y de la Milicia de la Cruz, “azote de los soldados prevaricadores y de los falsos profetas” bajo el patronazgo de Elías, y hablaba también de un Gran Monarca español, descendiente de santa Elena y de Pipino el Breve, y de una importante ciudad de España no identificada, que sería la capital de la religión definitiva.1

El cerrajero se erigió como “cabeza” de esta idea y guardián de su “secreto”, y previó su sucesión hasta el fin del mundo. Los que llegaren vivos a ese momento crucial debían estar dispuestos a morir como mártires, pero el grupo superviviente implantaría el Reino del Milenio tras la Parusía de la segunda venida de Cristo y una vez vencido el Anticristo. De todas formas, antes, cuando se proclamara el dogma de la Inmaculada Concepción, los congregados reformarían la Iglesia. Este grupo hermético de heterodoxos alumbrados, establecido en el eje Lebrija-Jerez-Sevilla a mediados del siglo XVI, entroncó con las ideas evangélicas y reformistas del lebrijano Rodrigo de Valer, amigo y discípulo de Gómez, que derivó hacia el luteranismo.2 Pero el reformismo crucífero, a diferencia del protestante, creía que la mujer apocalíptica revestida de sol, con la luna a sus pies y coronada de estrellas, no era otra que la Purísima Virgen María. Y eso sí fue avalado por Trento.3

A Gómez Camacho lo sucedió en 1553 Rodrigo Álvarez, el jesuita –también lebrijano– confesor de Teresa de Jesús, que trasladó la congregación a la capital, a la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, y compartió el secreto con un grupo de elegidos iniciados: los “seis del particular espíritu”.

En el seno del convento de los Mínimos de Triana, dedicado a Nuestra Señora de la Victoria (donde hoy está el colegio Reina Victoria), se fundó en 1560 la hermandad de luz de Nuestra Señora de la Estrella.4 Hoy, la corporación de penitencia del Domingo de Ramos, que tiene a san Francisco de Paula como titular, ostenta una estrella de seis puntas en su escudo, como símbolo de los seis días de la Creación, de los seis atributos de Dios (poder, sabiduría, majestad, amor, misericordia y justicia) y como sello de la estirpe de David; una estrella azul y blanca, los mismos colores de los nazarenos del palio, los mismos colores de la Inmaculada. Son muchas casualidades.

Además de los clérigos, había muchos artistas congregados. Uno de los primeros fue el salmantino Juan Bautista Vázquez el Viejo, autor del Cristo de Burgos y presunto autor artístico del Giraldillo.

Capilla de la Virgen de la
Granada, en la logia del Lagarto
de la Catedral de Sevilla
El tercer cabeza de la congregación fue, desde 1587, Hernando (o Fernando) de Mata, considerado un santo en vida, que predicaba en el púlpito del Patio de los Naranjos de la Catedral hispalense, junto a la capilla de la Virgen de la Granada. Y desde entonces, el grupo fue conocido como la Congregación de la Granada.5 El simbolismo de la granada venía bien: la multiplicidad unificada, la fecundidad y la unidad del universo.6 Hay que recordar que en el Templo de Salomón abundaban las granadas, incluso en el cetro del sumo sacerdote, según se ha descubierto recientemente. Y, en el Cantar de los Cantares, le parecen granadas al amado las mejillas de su amada.7 La recurrencia salomónica del símbolo es patente. 

¿Provendría de la Congregación de la Granada la fórmula “Ave María Purísima/ sin pecado concebida”? Lo ignoro, pero se me figura procedimiento de seña y contraseña entre iniciados.

¿Y cuál era el secreto de la Congregación de la Granada? ¿Sería Sevilla la importante ciudad llamada a ser el núcleo de la religión definitiva?

Retrato del arzobispo
Pedro de Castro y Quiñones
con la abadía de Sacro Monte al fondo
De Granada, precisamente, vino en 1610 el nuevo arzobispo de Sevilla, Pedro (Vaca) de Castro y Quiñones, quien, como arzobispo allí, había fundado ese templo a la sabiduría salomónica que es la abadía del Sacro Monte, para albergar los Libros Plúmbeos y las reliquias de san Cecilio, que habían aparecido en 1595 en un monte del lugar entonces llamado Valparaíso, junto a Granada.

Detalle de la iglesia de la abadía
del Sacro Monte, con un sello
salomónico que integra
otros seis y el nombre
de Jesús en árabe
Los plomos se consideraron en un primer momento como verdaderos apócrifos de mártires hispanorromanos,8 y, como aludían a la Concepción Inmaculada de María, Pedro Vaca de Castro (o de Castro Vaca) –¿crédulo o estratega?– los utilizó para sondear posibles alianzas a favor de la causa inmaculista.9 Las reliquias se consideraron sin duda auténticas de la época romana, de los discípulos del apóstol Santiago, y san Cecilio de Elvira, el más significado entre ellos, fue nombrado patrón de Granada. Hoy se tiene claro que los plomos –escritos en caracteres árabes salomónicos– fueron realizados por moriscos que buscaban de esa forma ganar una buena imagen ante los cristianos gobernantes y evitar la expulsión. A título de curiosidad comentaré que en el museo de la abadía se exponen una lámina o cubierta del Libro de la Esencia de Dios escrito por Tesifón, discípulo del Apóstol Santiago, y otra del Libro del Fundamento de la Iglesia.

El cabildo catedralicio sevillano, como el granadino, hizo juramento de inmaculismo, asumiendo el lema e himno Tota Pulchra, creado en el siglo IV e inspirado en el Cantar de los Cantares y en el libro de Judit.

El cura Bernardo de Toro, que firmaba como “Esclavo de la Virgen Santísima”, sucedió a Hernando en 1612 como predicador y como cabeza de la Congregación de la Granada. En su grupo había dos mujeres: la beata María de Santiago y la monja María de Vallejo, de la Encarnación.10

Rótulo de la calle Miguel Cid, de Sevilla, con reproducción de
un cuadro de la Inmaculada de Murillo y el estribillo de las
coplas de Miguel Cid
En 1613 estalló la apasionada y heterodoxa defensa de la Inmaculada Concepción de María en la barroca Sevilla, con casi cincuenta conventos y en constante procesión.11

Bernardo de Toro se asoció con el arcediano de Carmona y sobrino del consejero de Felipe II, el jesuita Mateo Vázquez de Leca, que patrocinó la difusión de las coplas de Miguel Cid, comerciante textil de fácil y graciosa versificación, glosando la idea de los franciscanos de San Diego. Las coplas se cantaron en las numerosas procesiones, con el estribillo que ilustra el rótulo de la calle dedicada a este poeta del pueblo, junto con una Inmaculada de Murillo (aunque, a decir verdad, Murillo no había hecho aún su aparición).

Tratado de la Inmaculada, de
Pedro de Castro.
Universidad de Sevilla
La cuestión inmaculista pasó a las instituciones. Se sumaron el ayuntamiento y el Colegio de Santa María de Jesús. En 1615, se publicó, bajo la dirección del arzobispo (cuyo escudo aparece en la portada orlado por sellos de Salomón) un Tratado de la Inmaculada Concepción de la Virgen María N.S.12

Lo inmaculista y lo salomónico casi se confundían. El sello de Salomón, que había sido en Granada signo de sabiduría e inmaculismo al mismo tiempo, se hizo presente en el Alcázar sevillano, en el que trabajaba Vermondo Resta, el milanés que había traído nuevas formas italianas a Sevilla, y que había contado con el respaldo del epicospado hispalense. De hecho, abundan en el Alcázar los detalles salomónicos, como los sellos de seis puntas en las cancelas o los pares de columnas en los jardines.13

Las hermandades empezaron a pronunciarse, de forma general, a favor del misterio –que no dogma aún– de la Inmaculada Concepción, con votos de sangre, imitando la declaración que, en el siglo anterior, había incluido en sus reglas la cofradía de la Limpia Concepción del Convento Casa Grande de San Francisco.14 Así lo hicieron, en 1615, la hermandad clerical de San Pedro Ad Vincula y la de la Santa Cruz de Jerusalén, la cual hizo solemne voto y juramento de “creer, proclamar y defender, hasta derramar su sangre, si preciso fuere” en la Concepción Inmaculada de María Santísima. Fue por esta época cuando se empezaron a tocar las Saetas con música de capilla, que todos llamamos “los pitos del Silencio”.15 Y en el escudo de la hermandad, cuyos nazarenos proclaman el voto con una espada y una vela, el círculo azul inmaculista rodea a la Cruz de Jerusalén, la cruz de las cinco cruces, que santa Elena dio a los primeros cofrades del Santo Sepulcro.

Nazarenos de la cofradía del
Silencio, con la vela y la espada
flanqueando la bandera
concepcionista
www.liturgia.mforos.com
La hermandad del Silencio no fue la primera, pero sí fue pionera entre las cofradías sevillanas en tanto que expresiones de religiosidad civil. Otras hermandades siguieron el ejemplo.

Y el fervor inmaculista se extendió por toda España.



1. Cartas de san Francisco de Paula a Simón de Limena, señor de Montalvo
2. Se recomienda la lectura de la entrada núm. 8 de esta serie, Salomonismo en la Reforma, salomonismo en la Contrarreforma… Salomonismo enfín
3. González Polvillo, Antonio. El jesuita y confesor de santa Teresa de Jesús Rodrigo Álvarez: características y genealogía de su espiritualidad
4. Bermejo y Carballo, José. Glorias religiosas de Sevilla
5. González Polvillo, Antonio. La Congregación de la Granada, el Inmaculismo sevillano y los retratos realizados por Francisco Pacheco de tres de sus principales protagonistas: Miguel Cid, Bernardo de Toro y Mateo Vázquez de Leca
6. Cirlot, Juan Eduardo. Diccionario de símbolos
7. Cantar de los Cantares 6, 7
8. Barrios Aguileria, Manuel y García-Arenal, Mercedes. Los plomos del Sacromonte: invención y tesoro
9. Sánchez Jiménez, Antonio. El dogma de la Inmaculada Concepción como arma de confrontación territorial en la Sevilla del siglo XVII
10. Sánchez Herrero, José. Historia de la Iglesia de Sevilla. Cuarta parte. Sevilla Barroca (1581-1700)
11. Morales Padrón, Francisco. Memorias de Sevilla (1600-1678)
12. Sanz María Jesús. Fiestas sevillanas de la Inmaculada Concepción en el siglo XVII
13. Morales, Alfredo J. Arquitectura del XVI en Sevilla. Cuadernos de Arte Español
14. Arenas, Hilario. Diario ABC 1975. Moreno Navarro, Isidoro. La antigua Hermandad de los Negros de Sevilla.
15. Sánchez Herrero, José. La Semana Santa de Sevilla