martes, 29 de abril de 2014

SEVILLA SALOMÓNICA (17: CÉNIT Y OCASO)

Sevilla había ido perdiendo cada vez más importancia respecto a Madrid según avanzaba el siglo XVII.

En ese mismo periodo, los jesuitas, por su parte, se habían afianzado, llegando a ser confesores de la esposa de Felipe IV, Mariana de Austria.

En este contexto, a punto de terminar el siglo, en 1699, se inició la construcción de la magna iglesia de San Luis a cargo del arquitecto de más prestigio en Sevilla, Leonardo de Figueroa,1 quien, no obstante, señaló como autor de la idea, como nuevo Zorobabel, al padre Gabriel de Aranda, subrayando el paralelismo entre este templo sevillano y el de Salomón en Jerusalén, y entre sus constructores.2 Pero tampoco puede descartarse que el proyecto se gestara en Roma. La obra, en todo caso, supuso una solución innovadora, al no alinearse ni con la corriente barroca nacional ni con la emergente corriente borbónica, más clásica.3

Los novicios estaban instalados desde 1609 en las casas que Luisa de Medina, de la familia Enríquez de Ribera, había cedido a la Compañía de Jesús en las proximidades de Santa Marina para la construcción del noviciado, a condición de ser enterrada ella en el templo y de ser dedicado este a san Luis, el rey cruzado francés Luis IX, primo hermano de Fernando III.

Felipe V, designado sucesor por Carlos II, tomó posesión en 1700 como primer rey Borbón de España. Con él hubo un nuevo impulso de salomonismo, porque la dinastía francesa quiso mostrarse como garante del catolicismo en nuestro país, sobre la base argumental de estar la casa de Austria contaminada por el protestantismo. En efecto, incluso en Valencia, en la España austracista que perdería la Guerra de Sucesión, la nueva dinastía centralista fue presentada como protegida por Dios, por la Virgen y por los santos, con todas las señales providenciales necesarias.4

Fachada de la iglesia de San Luis de los Franceses
Cuando Felipe V vino a Sevilla en 1729, afirmó que “era de extrañar hubiesen sus Antecesores llevado de aquí la Corte”.5 Sevilla fue de hecho la capital del reino durante un lustro, mientras estuvieron aquí el rey y su corte, hasta 1733. Y aquí nació la infanta María Antonia Fernanda, para cuyo bautizo se trajo desde Caleruega la pila en que había sido bautizado santo Domingo de Guzmán.6

El templo del nuevo noviciado jesuita fue consagrado en 1731, en pleno “lustro real”, por el arzobispo Salcedo. Su advocación hacía honor al rey santo francés, pero también, de camino, al rey español Felipe V, nacido en Versalles.

La Contrarreforma se había opuesto a las iglesias redondas, por parecerles templos paganos, pero eso no importó a los jesuitas, que tenían la excusa de su emblema del anagrama cristológico circular, el IHS, vinculado al tema de la Circuncisión.7 La Compañía había desarrollado ya un espacio central de cruz griega en el Collegio Romano, el instituto creado por san Ignacio de Loyola para cubrir todo el periodo formativo, desde los estudios elementales a los universitarios, como máximo exponente de la vocación docente de los jesuitas. Hay que recordar que estos habían abierto en Sevilla el colegio de los Ingleses en San Gregorio, el de los Irlandeses en la Garbancera, el de la Inmaculada Concepción o de las Becas y el muy importante de San Hermenegildo, construido según planos de Villalpando.8

Interior de la iglesia de San Luis de los Franceses
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Pero la Compañía de Jesús, claramente, tenía también motivaciones salomónicas para construir la iglesia de San Luis en esquema centralizado de planta circular, sobre una cripta que dibuja una cruz griega. El muro cilíndrico, con profundas exedras en sus ejes y pequeñas capillas en sus pilares angulares, se exorna con abundantes columnas salomónicas sin función estructural.9

En la fachada se alternan la piedra y el ladrillo. La moldura del vano central evoca el tabernáculo,10 flanqueado por dos columnas salomónicas –alusión a Jaquín y Boaz–, con el escudo real y la trilogía de los arcángeles. Dominan sobre la portada dos torres octogonales, con preciosos chapiteles vidriados polícromos. 

Cúpula de la iglesia de San Luis de
los Franceses
En el cupulín que remata la imponente cúpula (más visible por detrás del templo que por delante), los vanos se abren entre pares de columnas salomónicas sobre cornisas onduladas con flores de lis, y la torrecilla piramidal sirve de base a la cruz.11

El interior sí es fiel a la tradición barroca sevillana, que se ha implantado definitivamente en la esencia de la ciudad. Su riqueza decorativa y su enorme belleza son muy desconocidas para el sevillano actual, porque el templo, desacralizado y perteneciente a la Diputación de Sevilla, está casi siempre cerrado.

Bóveda de la iglesia de San Luis de los Franceses
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La bóveda semiesférica, símbolo del cosmos celeste, parece flotar, con pinturas de arquitecturas fingidas en perspectiva, de Lucas Valdés, y calada por el cupulín de anillos ondulados. El ella están los emblemas del Templo de Salomón: el Arca de la Alianza, el Candelabro de siete brazos, el Altar de los Holocaustos, los Aguamaniles, el Mar de bronce, la Mesa de los Panes de la Proposición y el Altar de los Perfumes. En la base de la cúpula de la linterna, la Religión se identifica con la sabiduría hospitalaria, justo bajo el Arca.12

Seguía vigente la errónea identificación medieval de la mezquita octogonal y la cúpula de la Roca de Jerusalén como imagen del Templo de Salomón, desde que los templarios la cristianizaran. Y la bóveda del templo cristiano permitía expresar el dinamismo ascensional del paraíso espiritual cristiano. En la anónima Breve noticia de las suntuosas fiestas dedicadas al templo de San Luis, se aprecia este lugar como anticipo de la Jerusalén Celeste.13

Los retablos son de Duque Cornejo. En el espléndido retablo mayor, presidido por un lienzo de San Luis de Zurbarán, hay dos escenas alegóricas con el Libro de los Ejercicios: la de la derecha enfatiza el carácter militar de la Compañía y la de la izquierda presenta un cofre abierto rodeado de las tres gracias, que ya se admitían provenientes de Dios. En ambas escenas, la palabra clave es sapientia. Es un homenaje a la sabiduría de Salomón.

Retablo mayor de la iglesia de San Luis de los Franceses
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Es patente el uso integral del orden salomónico, que había madurado en la codificación de fray Juan Ricci, el artista madrileño, benedictino e inmaculista, en 1692 –siempre juntos el salomonismo y el inmaculismo–.14 Las cornisas ondulantes, los capiteles, con el acanto y los cuernos de la abundancia enlazados por guirnaldas de frutos son una interpretación licenciosa del Templo jerosolimitano, evolucionando las ideas de Prado y Villalpando y de Caramuel.15 Es la utopía arquitectónica, la ideología de los sueños del hombre a lo largo de su historia.16 Porque, en definitiva, la iglesia es un templo a la sabiduría, un Templo de Salomón en Sevilla.

Interior de la iglesia de San Luis de los Franceses
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San Luis de los Franceses supuso el cénit del salomonismo arquitectónico jesuita y de la arquitectura salomónica sevillana. Fue el edificio más extraordinario, llamativo y sugerente, majestuoso e impactante, de todos los de la Compañía de Jesús en España.17

Pero el cénit duró poco. Carlos III, que, con todo, era rey por derecho divino, no era favorable a los jesuitas. Había además presiones de Francia y Portugal. Por el dictamen de Campomanes, estos doctrinarios del salomonismo, que habían llevado la columna torsa a América, fueron acusados de instigar el motín de Esquilache y, finalmente, expulsados de España por la Pragmática Sanción de 1767, acompañada de la desamortización de sus bienes. El decreto de expulsión fue ratificado por la inmensa mayoría de los obispos españoles. Luego, los reyes ilustrados consiguieron que el papa Clemente XIV suprimiera la orden.18



1. Sancho Corbacho, Antonio. Arquitectura barroca sevillana del siglo XVIII
2. Morales, Alfredo J. La arquitectura jesuítica en Andalucía. Estado de la cuestión
3. Banda y Vargas, Antonio de la. La iglesia sevillana de San Luis de los Franceses
4. Biblioteca Histórica de la Universidad de Valencia
5. Ortiz de Zúñiga, Diego. Annales eclesiásticos y seculares de la muy noble, y muy leal ciudad de Sevilla, metrópoli de la Andaluzía
6. Acedo Castilla, José F. Sevilla, capital y corte de Felipe V (1729-1733)
7. Se recomienda la lectura del artículo núm. 10 de esta serie: ¿Clasicismo salomónico o salomonismo clásico?
8. Se recomienda la lectura del artículo núm. 14 de esta serie: …Para ver el resplandor trascendental en el Apocalipsis… Ya en el siglo XX, los jesuitas abrirían el colegio de Villasís, que se trasladó durante un tiempo a la calle Pajaritos, de donde salió por primera vez la apocalíptica Nuestra Señora del Sol. Hoy tienen el colegio de Portaceli, en la avenida de Eduardo Dato.
9. Camacho Martínez, Rosario. La iglesia de San Luis de los Franceses en Sevilla, imagen polivalente
10. Ramírez Domínguez, Juan Antonio. Edificios y sueños: estudios sobre arquitectura y utopía
11. Ibid. 9
12. SI QUIS EST PARVULUS VENIAT AD ME. Proverbios 9-4
13. Sebastián López, Santiago. Contrarreforma y Barroco
14. Ricci de Guevara, Juan Andrés. Breve tratado de architectura acerca del orden salomónico entero
15. Caramuel Lobkowitz, Juan. Architectura civil recta y obliqua considerada y dibuxada en el templo de Ierusalen. Son los mismos capiteles que había interpretado
Caramuel, ofreciéndonos una imagen de Jaquín y Boaz enlazados con guirnaldas.
16. Ibid. 9
17. Ibid. 2
18. Domínguez Ortiz, Antonio. Carlos III y la España de la Ilustración