martes, 9 de septiembre de 2014

SEVILLA Y LAS CRUCES DE CALATRAVA (14: UN NUEVO MUNDO)

La Española (Hispaniola), la isla que componen hoy Haití y la República Dominicana, fue el núcleo de la organización del Nuevo Mundo durante los primeros decenios del siglo XVI, en lo eclesiástico, en lo civil y en lo económico. Colón había descubierto pequeños yacimientos de oro, por lo que los indígenas fueron obligados a abandonar sus poblados y establecerse en las minas y además tuvieron que pagar un impuesto para la extracción. La explotación de las riquezas naturales y de la fuerza de trabajo indígena solo podía hacerse en provecho de la corona o del propio Colón, lo que originó molestias entre los colonos españoles.1

Las quejas contra la familia Colón, de abusos, injusticias y nepotismo, obligaron a los Reyes Católicos a nombrar a un juez pesquisidor, Juan de Aguado. Tras pocos meses, Colón y Aguado regresaron juntos a Cádiz en 1496. Era el final del segundo viaje de Colón. Aguado traía informes negativos, pero Colón se vistió de franciscano y consiguió mantener la confianza de los soberanos.2 Sin embargo, con el tercer viaje colombino, las quejas arreciaron y los reyes nombraron a un nuevo juez pesquisidor, ya con el título de gobernador de las Indias: Francisco de Bobadilla, que era oficial de la casa real y comendador de la Orden de Calatrava. Bobadilla arribó en 1500 y se reunió con Diego Colón en Santo Domingo, obligándolo a abandonar la fortaleza, pero Diego no reconoció su autoridad. Bobadilla recopiló las quejas, se incautó de los bienes de la familia Colón, apresó al descubridor y a su hermano Diego y los envió encadenados a España, a comparecer ante el obispo de Burgos, Fonseca, encargado de dirimir los negocios de América y enemigo de Colón. Bobadilla ofreció indios en encomienda y tierras a cambio de apoyo contra el almirante, hasta que se apropió del palacio y las propiedades de Colón en Santo Domingo.3 Hernando Colón, el hijo ilegítimo que sería el más fiel a la memoria de su padre, y que era entonces paje de Isabel la Católica, atestiguó cómo Bobadilla alentó las injurias contra el descubridor. Los Reyes Católicos, demostrando mantener la confianza en Colón, ordenaron liberarlo, pero lo obligaron a renunciar a sus beneficios.4

Monumento a fray Bartolomé de las Casas
Bobadilla fue sucedido en 1502 por Nicolás de Ovando y Cáceres, miembro de una relevante familia extremeña, que había ingresado en la Orden de Alcántara para dedicarse a la religión y al servicio de Isabel la Católica, y había llegado a ser comendador de Lares.5 Ovando partió de España con nada menos que treinta y dos barcos y 2.500 colonizadores elegidos al azar para representar a la sociedad española en el Nuevo Mundo, con la idea, no ya de desarrollar la economía básica, sino de establecer estructuras políticas, sociales, religiosas y administrativas. Fue un viaje trascendental: allí iban Francisco Pizarro, que conquistaría el imperio inca, y fray Bartolomé de las Casas.6

Colón, que fue en esos años huésped de los cartujos de Santa María de las Cuevas, logró financiar su cuarto viaje, aunque tenía prohibido acercarse a La Española. En 1502, zarpó de Sevilla, hizo escala en Cádiz y en Gran Canaria y llegó al Caribe. Ante la cercanía de un huracán, pidió permiso a Ovando para desembarcar en La Española, pero no se le permitió y tuvo que recalar en una costa cercana. Gracias a esto, sus barcos se libraron de la destrucción que alcanzó a Santo Domingo y a su puerto. De regreso a España, el barco de Bobadilla naufragó por el huracán que había previsto Colón.7

En 1504, Cristóbal Colón y su hijo Hernando regresaron a España. Tuvieron que pagarse el viaje. Se instalaron en Sevilla, pero en 1506 el descubridor viajó a Valladolid, en su deambular siguiendo a la corte itinerante, muerta ya Isabel. En Valladolid murió Colón el mismo año. Su cadáver se depositó en el convento de San Francisco. Su hijo Diego mandó trasladar los restos a la Cartuja de Santa María de las Cuevas, por la gratitud que Colón había sentido por fray Gaspar Gorricio y por este cenobio en cuya hospedería había vivido entre su tercer y su cuarto viaje, cuando todo se le estaba volviendo en contra. Los restos fueron entregados a la comunidad en 1509.8

Escudo del linaje Ovando
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Ovando ocupó toda La Española. Promovió la agricultura, fundó conventos y pueblos como el de Puerto Real, reconstruyó la ciudad de Santo Domingo. Conocía bien el concepto de encomienda como unidad de explotación agrícola, porque era el sistema utilizado por las órdenes militares, y lo exportó a América, aunque con sutiles diferencias: mientras que el comendador de una orden actuaba en favor de la misma, el nuevo encomendero actuaba en beneficio propio, y el trato que recibían los trabajadores no era, obviamente, el mismo. Por la encomienda se asignaban de forma vitalicia tierras y aborígenes a los colonos españoles, que los hacían trabajar a cambio de catequizarlos y velar por su bienestar. El sistema, establecido por real provisión de 1503, fue el fundamento de la primera estructura económica de la América conquistada.9

Un encomendero abusa de un indio
Códice Kingsborough
(copia de Agostino Aglio)
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Y frente a este encomendero explotador surgió la actitud antiesclavista de los dominicos y, significadamente, de fray Bartolomé de las Casas. Este dominico sevillano, nacido casi con seguridad en 1484 y muerto en 1566, se distinguió como teólogo, filósofo y jurista, y puso su empeño en impedir que se tratara a los indios como esclavos, hasta el punto de ser definido como “protector universal de todos los indios de las Indias”. Seguramente en su infancia oiría muchas batallas de la Reconquista. Viajó a América, al “Novus Orbis”, en una constante peregrinación, pero también viajó mucho por España, en pos de la corte o del presidente del Consejo de Indias. A él se debe el “Derecho de gentes”, como también las declaraciones de la Iglesia a favor de la igualdad de los indios, incluido su derecho a construir su futuro en libertad. Fue un verdadero precursor de los derechos humanos. En un contexto en el que era normal que los encomenderos abusaran de los indios, fray Bartolomé, encomendero también, denunció las injusticias que se cometían contra los indígenas, aunque fuera su propio padre quien las cometía.10

Estatua de Nicolás de Ovando
en Santo Domingo,
con la Cruz de Alcántara
Foto Antonio Hernández Espinal
Ovando se vio frenado en su ánimo explotador por fray Bartolomé. Y como los indios no podían ser esclavizados, importó esclavos negros para trabajar en las residencias y en los campos de azúcar. Volvió a España en 1509, siendo sucedido por Diego Colón. Fue nombrado comendador mayor de Alcántara. Murió en 1511 durante una reunión de la orden en Sevilla, sin que nadie le pidiera cuentas de sus abusos contra los indios.11

Sobre 1510 llegaron a América los franciscanos y los dominicos. Se emprendieron misiones y expediciones.12 En 1512, el arzobispo fray Diego de Deza ejecutó la bula de Julio II por la que se erigían las tres primeras diócesis de América, sufragáneas de Sevilla: Santo Domingo, Concepción de la Vega y San Juan de Puerto Rico. En 1518 se asignó a la recién instituida provincia dominica de Andalucía el convento de Santo Domingo de la Española, así como todos los conventos y lugares de las islas descubiertas de América. Así, la provincia bética de la orden tuvo desde el principio carácter americano y misionero. En Santo Domingo se creó la primera universidad americana en 1538, sobre el seminario dominico fundado en 1518. Se llamó de Santo Tomás de Aquino, como el colegio de Sevilla. Y en 1541 se consagró la Catedral de Santo Domingo, la más antigua de América, dedicada a Santa María de la Encarnación, luego titulada metropolitana y primada. A partir de ahí, la Orden de Predicadores tuvo en América una presencia relevante, que excede con mucho los límites de esta serie.13

Estatua de fray Bartolomé
de las Casas, de Antonio Susillo,
en la galería de sevillanos ilustres
del Palacio de San Telmo
Es probable que los restos del descubridor hubieran llegado a Santo Domingo en 1536. Parece claro que fueron sepultados en la catedral. Los de Diego Colón, muerto en 1526, exhumados también de la Cartuja sevillana, llegaron en 1544 en una flota que pasó por Sanlúcar de Barrameda, custodiados por su viuda, la virreina María de Toledo, y por fray Bartolomé.14

Fray Bartolomé de las Casas, como hemos visto, es una figura de gran relieve en la historia de Sevilla, vinculada al convento de San Pablo el Real. Aquí se imprimieron sus ocho Tratados, publicados en 1552, en los que buscaba soluciones a la problemática surgida de la aventura americana, sobre todo en lo referente a la consideración que habrían de tener los indios en la nueva legislación necesaria. La ordenación episcopal de este hijo de Triana que hacía gala de sevillanía tuvo lugar en San Pablo en 1544. Luego fue obispo de Chiapas, importante ciudad del virreinato de Nueva España, en el México actual. A este sevillano y trianero, procurador de Indias, Sevilla le ha dedicado dos calles: la calle Fray Bartomé de las Casas entre Zaragoza y Molviedro, en el antiguo compás templario, y la calle Procurador en Triana.15 Y le ha dedicado dos esculturas: una reconociéndole un sitio en la galería de sevillanos ilustres que Antonio Susillo realizó para coronar el palacio de San Telmo, y otra, más recientemente, erigiéndole un monumento junto al río que lo llevaba a América, cerca de su hogar espiritual de San Pablo, frente a la Triana que lo vio nacer y en la otra orilla del castillo de San Jorge, que la misma orden dominica utilizó como cárcel, y que nos da pie para tratar de la Inquisición en la próxima entrada.16

Fachada del Colegio de las Irlandesas
de Castilleja de la Cuesta (Sevilla),
con el busto de Hernán Cortés
Pero antes hay que reseñar algunos hechos más, relacionados con el Nuevo Mundo.

En 1547, el conquistador del imperio mexica, Hernán Cortés, murió en su palacio sevillano de Castilleja de la Cuesta, dedicado hoy a colegio de Irlandesas. Esta villa había pertenecido a la Orden de Santiago, a los Guzmanes y luego particularmente al Conde Duque, y, desde 1538, a la Orden de Alcántara.17

La segunda esposa de Cortés, Juana Ramírez de Arellano y Zúñiga, y la hija de ambos, Catalina Cortés de Zúñiga, nacida en Cuernavaca, tomaron los hábitos del convento sevillano de Madre de Dios, como otros aristócratas, a partir de la remodelación de 1551 con privilegios de Felipe II. En este convento dominico murieron y allí están enterradas. En el arcosolio del sepulcro de la viuda está el escudo de los Zúñiga, con su banda y su cadena; en el de la hija está el escusón de los Ramírez de las Varillas, uno de los que usó Cortés, con sus bandas catalanas y sus cruces patadas.

Estatuas orantes de la viuda y la hija
de Hernán Cortés, en el
Conjunto Monumental de la Cartuja
Las estatuas orantes que el duque de Alcalá encargó a Diego de Pesquera para las tumbas pueden admirarse a cortísima distancia en el claustrillo de la Cartuja sevillana de Santa María de las Cuevas.

Y un hijo del conquistador y de una de sus amantes, Elvira Antonia Hermosillo, legitimado como Luis Cortés Altamirano, y desheredado por su padre, se casó e ingresó como caballero en la Orden de Calatrava.18

En la heráldica mexicana se encuentran cruces flordelisadas con gran facilidad.

Antiguo escudo de
Buenos Aires
www.wikipedia.org
Pero la cruz de Calatrava también llegó al hemisferio austral. En el Archivo de Indias sevillano está el legajo del reparto de solares de la ciudad de Buenos Aires realizado en 1583, en lo que se conoce como su segunda fundación.19 Juan de Garay había fundado en 1580 la Ciudad de la Santísima Trinidad, llamada así en memoria del día de la arribada, aunque el puerto conservó el nombre de Santa María de Buenos Aires; y meses después reunió al cabildo para elegir al patrono de la ciudad y determinar el escudo de armas, decidiéndose que este tuviera, en campo de plata, un águila coronada con sus crías, sosteniendo la Cruz de Calatrava en su pata derecha.20 El escudo, que plasmaba los propósitos de ensalzar la fe católica, servir a la corona y aumentar los pueblos del lugar, no pervivió, tal vez porque el águila miraba al lugar equivocado.21

Bandera de la ciudad de Buenos Aires
en la avenida Corrientes.
Foto Antonio Hernández Espinal
Ya en nuestros días, en 1995, Buenos Aires ha rescatado para su bandera el viejo escudo de Juan de Garay. La Cruz de Calatrava ondea hoy en la ciudad porteña.22



1. Conquista y colonización (www.dominicanaonline.org)
2. Varela, Consuelo. La caída de Cristóbal Colón: el juicio de Bobadilla
3. Vidart, Luis. Colón y Bobadilla en El continente americano (www.cervantesvirtual.com)
4. Colón, Hernando. Historia del Almirante
5. Nicolás de Ovando (www.biografiasyvidas.com)
6. Lamb, Ursula. Frey Nicolás de Ovando, Gobernador de las Indias. También el artículo titulado Nicolás de Ovando en la web www.mcnbiografias.com
7. El cuarto y último viaje de Colón en la web www.laaventuradelahistoria.es
8. Ortiz de Zúñiga, Diego. Annales eclesiásticos y seculares de la M.N., M.L. y M.H. ciudad de Sevilla… De la S.E. Expo 92, Cristóbal Colón y la Cartuja, punto de partida de la Era de los Descubrimientos. También, de Benjumea Pino, José María, La Cartuja de Santa María de las Cuevas. S.E. Expo 92
9. Ibíd. 1
10. Aporta, fray Fernando, O.P. Fray Bartolomé de las Casas (www.dominicos.org)
11. Lamb, Ursula. Op.cit
12. Varela Vidal, José Antonio. La Iglesia en América Latina: República Dominicana (www.zenit.org)
13. Huerga, Álvaro. Los dominicos en Andalucía Se recomienda la lectura del número anterior de esta serie.
14. Casas, Bartolomé de las. Historia de las Indias. Ortiz de Zúñiga, Diego. Op.cit.
15. Diccionario histórico de las calles de Sevilla. Consejería de Obras Públicas y Transportes y Ayuntamiento de Sevilla
16. Se recomienda la lectura de los capítulos anteriores de esta serie.
17. Castilleja de la Cuesta (www.andalucia.org)
18. Boruchoff, David A. Hernán Cortés. Mira Caballos, Esteban. Hernán Cortés: el fin de una leyenda. Madariaga, Salvador de. Hernán Cortés. Fuentes, Carlos. El naranjo
19. Díaz Pérez, Eva. De Corrientes a Sierpes (www.tintablanca.es)
20. Revista de la Universidad de Buenos Aires
21. La mirada a la izquierda se consideraba signo de bastardía.
22. Ciudad autónoma de Buenos Aires. Capital de la Argentina  (www.heraldicaargentina.com.ar)