viernes, 28 de noviembre de 2014

SEVILLA Y LAS CRUCES DE CALATRAVA (25: UN CABALLERO DE MONTESA PARA EL TEMPLO BENEDICTINO DE LAS CRUCES DE LA CALZADA)

A finales del siglo XVI, Juan de Oviedo y de la Bandera, llamado el Joven o el Mozo, levantó los planos del nuevo convento de San Benito, dándole un aire manierista, inspirado en Vermondo Resta.1

Retrato de Juan de Oviedo y de la Bandera
en el que se aprecia la Cruz de Montesa

Juan de Oviedo había nacido en Sevilla en 1565, hijo del escultor abulense Juan de Oviedo el Viejo. Aprendió con su tío Juan Bautista Vázquez el Viejo y fue maestro escultor, entallador y arquitecto. Trabajó en los túmulos de Felipe II y de Margarita de Austria, fue maestro mayor del Ayuntamiento y dejó testimonios de su arte arquitectónico, como el convento de la Merced o las portadas de Madre de Dios y de Santa María de Jesús. Y trabajó también, como ingeniero, en obras de infraestructura del Guadalquivir. Tuvo fama excepcional, hasta el punto de ser ensalzado por Lope de Vega. En 1617 fue caballero de Montesa. Murió, en plena madurez artística, en la guerra en la brasileña Salvador de Bahía, en 1625.2

La Orden de Montesa había sido erigida en el reino de Valencia en 1319, por bula de Juan XXII. El concilio de Vienne, en 1312, había suspendido la Orden del Temple y decretado que los bienes de los templarios pasaran a los hospitalarios de San Juan, pero Jaime II de Aragón no quería que se creara una franja sanjuanista (obediente exclusivamente al papa) partiendo en dos su reino, y planteó una orden que uniera las posesiones del Temple y las del Hospital, centralizada en el castillo de la otrora templaria villa de Montesa, y adscrita a la tutela de Calatrava.3 La orden de Montesa tuvo como emblema la misma cruz flordelisada de Calatrava, aunque de sable (negra), aunque luego, al absorber a la de San Jorge, adoptó la cruz griega roja lisa y llana con la aquiescencia del papa Luna. Recordemos que el papa Luna, el que se mantuvo en sus trece, fue huésped del maestre de Montesa en el Maestrazgo castellonense, en su camino de Peñíscola a Aviñón.4

Cruz de Montesa
www.elrastro.com
Con el Renacimiento, las órdenes de caballería fueron incorporadas a la corona. No se sabe cuándo se fundó el Real Consejo de las Órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, pero se sabe que existía a principios del siglo XVI. Montesa, sin embargo, se mantuvo independiente por una bula de Sixto V, hasta que el maestre Pedro Luis Garcerán de Borja, hermano de san Francisco, tuvo que negociar con Felipe II la incorporación de la orden a la corona en 1587. Así, la Orden de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama se convirtió, como las demás, en una institución de representación de la nobleza. Probablemente fue entonces cuando empezó a utilizar su emblema actual: la cruz flordelisada de sable integrando la cruz de gules de San Jorge. El terremoto de 1748 arruinó el castillo convento de Montesa y la orden se instaló en la que había sido casa del Temple en Valencia. Actualmente, Montesa blasona de sus fines de santificación personal, culto divino y defensa de la fe, además de otros de carácter histórico-cultural y benéfico-social.5

Retablo mayor de la parroquia de San Benito,
con la Virgen de Valvanera.
Ante él, se aprecia la trasera del paso de
Nuestra Señora de la Encarnación Coronada
Parece ser que en el lugar donde hoy está San Benito en Sevilla, edificó el visigodo Atanagildo, a petición de su hija Brunequilda, probablemente sevillana, un monasterio dedicado a San Cristóbal, más tarde integrado en la orden benedictina, con dos monjes venidos de Montecasino a instancias de la propia Brunequilda, reina entonces ya de los francos por su matrimonio con Sigoberto.6

Tal vez luego hubiera en el lugar una mezquita. Según la tradición, san Fernando asistió allí a la primera misa tras la conquista, celebrada por los monjes de Santo Domingo de Silos que habían estado presentes en el asedio a la ciudad. Entre 1253 y 1259, Alfonso X otorgó privilegio al abad de Silos, dándole estas tierras próximas a la puerta de Carmona, en medio de una inmensa y fértil explanada de huertas y cortijos y frente al acueducto que traía el agua desde las fuentes de Santa Lucía en Alcalá de Guadaíra. Se fundó así el convento benedictino masculino de Santa María (de la Consolación) y Santo Domingo, con monjes venidos de Burgos. Estos monjes, de Santo Domingo de Silos, San Pedro de Cardeña y San Millán de la Cogolla, trajeron la devoción y tal vez la imagen de la riojana Virgen de Valvanera. En el templo hay, en la puerta sur, un azulejo sobre su aparición y, en el retablo mayor, una imagen datada por José Gestoso en el siglo XIII, aunque puede ser algo posterior,7 que responde al modelo de kiriotissa, icono de la Madre como trono de la sabiduría, que, sin embargo, cuando se le coloca su manto, se muestra más sevillana.8

En este lugar, “al sitio llamado Calzada de la Cruz del Campo”, fue fundada en 1431 la hermandad del Gran Poder por los duques de Medina Sidonia. En 1488, la hermandad salió de San Benito para residir en Santiago de la Espada, la iglesia de la encomienda sevillana de la Orden de Santiago, sin que le diera tiempo, al parecer, a conocer el nuevo humilladero de la Cruz del Campo, construido en ese mismo año por el asistente Diego de Merlo.9 El templo fue priorato hasta 1513, año en que se convirtió en abadía. Seguramente fue por estos años cuando empezó a albergar cultos de la Virgen de las Madejas, que tenía una capilla en el mismo acueducto, quedando recuerdo de ello en lo que queda del mismo.10 A mediados del siglo XVI se fundó en el templo benedictino la actual hermandad de la Soledad de San Lorenzo, estando documentada su presencia al menos desde 1549. Iba en procesión a la Cruz del Campo, como la del Cristo de San Agustín, la del Cristo de la Fundación y Nuestra Señora de los Ángeles, o la del Santo Crucifijo y Nuestra Señora de las Virtudes. En 1561, la Soledad se trasladó, siguiendo los pasos del Gran Poder, a Santiago de la Espada.11 Y una tercera hermandad de penitencia residió en este templo: la actual hermandad de San Isidoro, llamada en sus orígenes de las Tres Humillaciones y Madre de Dios del Arco, hasta que se trasladó en 1607 a Santiago el Viejo, la actual iglesia de Santiago, donde precisamente había residido la Orden de Santiago antes de construir su templo de Santiago de la Espada, en la calle San Vicente.12

Hornacina dedicada a san Benito Abad,
en la puerta principal de la parroquia
de San Benito
Volvemos al punto de partida. La reforma de Juan de Oviedo se llevó a cabo con importante ayuda económica de Leonor de Figueroa y Ponce de León, marquesa de Tarifa, heredera, por tanto, de Fadrique Enríquez de Ribera, el que trajo de Jerusalén a Sevilla la práctica devocional del viacrucis a la Cruz del Campo, haciendo de su casa la Casa de Pilatos.13 Sin duda, la marquesa quiso enaltecer el lugar como sexta estación. Las obras se realizaron bajo la dirección de Andrés de Oviedo, sobrino del arquitecto, culminándose en 1612. El nuevo templo fue advocado a San Benito y se enriqueció con el cuerpo de uno de los mártires del siglo IX en Córdoba, donado por los monjes de San Pedro de Cardeña.14 Hay que recordar que san Benito de Nursia es el iniciador de la vida monástica en Occidente, fundador de la orden benedictina, patrón de Europa y autor de la “Santa Regla” que inspiró tanta regulación monacal posterior, incluida, por supuesto, la Regla del Temple, inspirada –si no redactada– por san Bernardo, tras la reforma cisterciense.15

Los monjes de Silos estuvieron en el monasterio hasta que este fue desamortizado por Mendizábal, aunque la iglesia continuó funcionando como filial de San Roque.16

En 1868 entró en la iglesia de San Benito Abad la Virgen de la Encarnación. La hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre y Nuestra Señora de la Encarnación había sido fundada en 1554 en el monasterio trianero y franciscano de Nuestra Señora de la Victoria, por carpinteros de ribera y calafates del puerto camaronero. Luego estuvo en Santa Ana. Hacia 1565 compró un solar en la cava vieja (hoy Pagés del Corro). En 1845 fue a la Catedral con sus dos pasos, siendo el de la Virgen de plata el más rico de la época, con una paloma en su techo, que dio origen a la cariñosa denominación de “Palomita de Triana”. Pero luego entró en decadencia. En 1848, la junta revolucionaria decretó el cierre de su capilla. Y en 1921, con la Virgen de la Encarnación en San Benito, fueron aprobadas las nuevas reglas.17

Escudo de la hermandad
de San Benito
Así, al identificarse con su nuevo emplazamiento, la hermandad que había sido trianera se identificó también con los valores que habían sido el hilo conductor del lugar; así hizo suyo el ideal sanitario para el cuerpo y el alma, preconizado por san Benito de Nursia;18 así comulgó con el sentido de la conquista que san Fernando hizo de Sevilla para Castilla y para la Cristiandad; así recogió la tradición cofrade de anteriores hermandades que miraban al Calvario de la Cruz del Campo; así tomó el espíritu cruzado de Fadrique Enríquez de Ribera; así asumió los valores de la Orden de Montesa y de todas las órdenes de caballería, “para que el espíritu patriótico y cristiano, que animó a los caballeros que las componían, sirviera de ejemplo y de solera a los hermanos de esta”. El escudo de la Hermandad del Santísimo Sacramento, Pontificia y Real Archicofradía de la Sagrada Presentación de Jesús al Pueblo, Santísimo Cristo de la Sangre, Nuestra Señora de la Encarnación Coronada y San Benito Abad presenta dos medallones ovales de oro con ornamentación barroca acolados, trayendo el siniestro (que es el que vemos a la derecha), las cuatro cruces de las órdenes militares dispuestas en cruz: Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, en recuerdo de las que hay en el altar mayor.19

Fachada sur de la parroquia de San Benito
Pero es que San Benito es la iglesia de las cruces medievales, aunque su fisonomía responda a una reforma del siglo XVII, con retoques posteriores. En la portada principal, con el santo de Nursia, está la cruz de la histórica medalla de sus seguidores, finalmente aprobada en 1742. Y en la portada lateral, que da al sur, bajo la hornacina de la Virgen de Valvanera, hay un altorrelieve con un castillo y un león con un báculo, distintivos de la orden benedictina, aunque en posición contraria a como los vemos en otros lugares, y un arquitrabe en el que se ven cuatro cruces relacionadas con órdenes de caballería: a la izquierda, según la vista, la de Cristo, la orden portuguesa que heredó los bienes del Temple en el país vecino; en el centro dos cruces de Calatrava, o tal vez Calatrava y Alcántara, teniendo una de ellas una alfa y una omega que se han convertido en un extraño dibujo tras la última restauración; en la derecha, la cruz griega de San Jorge, de la Orden de Montesa. No olvidemos que todas las órdenes militares se crearon una vez establecida la fórmula del monje guerrero y entendido el principio de la guerra santa, a partir de las constituciones que el papa hizo de la Orden del Temple, avalada por san Bernardo.20

Detalle del interior de la
parroquia de San Benito
Aunque no sea más que un detalle curioso, no puedo dejar de comentar la presencia de cruces de forma templaria en el interior de la parroquia.

Señalización de la sexta estación
del Viacrucis a la Cruz del Campo,
en la parroquia de San Benito
Y hay otro detalle, si cabe, más curioso aún: En la señalización de la sexta estación del viacrucis, dedicada a “la sagrada estampa del rostro de Cristo en el paño de la Verónica” y actualizada por la Pía Unión del Vía Crucis a la Cruz del Campo, están la cruz de Jerusalén, la misma de la fachada de la Casa de Pilatos, que recuerda la peregrinación de Fadrique, y la de los hospitalarios de San Juan, que forma parte del escudo de la hermandad del Valle.21

Todas las cruces medievales están en Sevilla, en la Calzada, por una razón o por otra. Y eso que estas cruces, cargadas de simbolismo, se generaron cuando Sevilla era todavía Isbiliya. Es tanta la fuerza atractiva y es tanto el potencial de irradiación que tiene esta ciudad, que todo confluye en ella. 



1. Arquitectura barroca de los siglos XVII y XVIII, arquitectura de los Borbones y neoclásica. Historia de la Arquitectura española, tomo 4. Editorial Planeta
2. Ibíd.
3. Andrés Robres, Fernando. Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama (www.moderna1.ih.csic.es)
4. VV.AA. Historia de las órdenes de caballería y de las condecoraciones españolas (www.archive.org)
5. Ibíd. 3 y 4
6. Raya Rasero, Rafael. El corazón de Sevilla
7. Pérez Cano, María Teresa. Patrimonio y Ciudad. El sistema de los conventos de clausura en el Centro Histórico de Sevilla. Montoto, Santiago. Esquinas y conventos de Sevilla. También la sección Parroquia de San Benito Abad en www.hermandaddesanbenito.net y el artículo de Moreno, Juan. Orígenes de la Advocación de Valvanera en (www.pilateros.blogspot.com.es)
8. Se recomienda leer el artículo de este blog titulado Kiriotissa sevillana: por Ella reinan los reyes y por Ella nos vamos al Rocío (pasando por Triana).
9. Serrano y Ortega, Manuel. Noticia histórico-artística de la Sagrada Imagen de Jesús Nazareno que con el título del Gran Poder se venera en su capilla del Templo de San Lorenzo de esta ciudad, citado por Duque del Castillo, Rafael en Apuntes para la historia de la hermandad del Gran Poder
10. Gutiérrez Pérez, Jesús Manuel, O.S.A. Los agustinos en la religiosidad sevillana. Ortiz de Zúñiga, Diego. Annales eclesiásticos y seculares de la M.N., M.L. y M.H ciudad de Sevilla…
11. Ibíd. 10
12. Ibíd. 10
13. Se recomienda leer el capítulo 6 de la serie Sevilla salomónica de este blog, titulado Desde Sevilla a Jerusalén… y al cielo.
14. Ibíd. 10
15. San Gregorio Magno. Diálogos. Demurger, Alain. Auge y caída de los templarios. También Vida de San Benito (www.sbenito.org).
16. Ibíd. 10
18. Benito de Nursia (www.es.wikipedia.org)
19. Ibíd. 17
20. Demurger, ob.cit. Se recomienda leer el capítulo 8 de la serie de este blog La casa de la Pajería y sus circunstancias, Non nobis Domine, qui ut Tu.
21. Santo Vía Crucis de la Pía Unión (Devocionario editado por la Pía Unión del Vía Crucis a la Cruz del Campo). Se recomienda también leer la serie de este blog Sevilla y las ocho beatitudes de San Juan, y especialmente el capítulo 6, titulado Bula para la cruzada sevillana de Letrán.