(...)
En nuestra cultura cristiana no
podemos concebir la corredención de María sin sus lágrimas, aunque no digan
nada de ello los Evangelios en relación con la Pasión. Para el cristiano, el
llanto de la Virgen es el vínculo que conecta a María con el Cristo doliente. Y
para el cofrade, la Dolorosa en el paso de palio es la mejor figura de la
corredención.
El llanto es el recurso natural
para canalizar la catarsis, para superar las descargas emotivas. (...) Pero también hay una enseñanza en
la tragedia clásica, que alecciona sobre los valores de la aceptación de las
pérdidas, y esa vía sí es coherente con la Semana Santa. La catarsis, así
entendida, es como un camino de purificación, como un viaje iniciático, como
una peregrinación —acordémonos otra vez del Camino de Santiago—, como la travesía
del desierto,
como la soledad de la noche
oscura, como la búsqueda del Santo Grial.
(...)
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Nuestra Señora de las Lágrimas |
Hay también un sentido cósmico
en las lágrimas de la Virgen. Las lágrimas son riego. Tendemos a pensar que la
lluvia son lágrimas del Cielo. Por algo es necesaria la lluvia, aun en
primavera, mal que nos pese a los cofrades si viene a coincidir con la Semana
Santa. Pero es que las lágrimas son el riego para las semillas de nuestra vida,
necesarias, por lo tanto, para que de lo negativo se extraiga lo positivo. Digámoslo
claramente: las lágrimas de la primavera son el riego necesario para que el
sacrificio sea fructífero. En pueblos de la Antigüedad, las lágrimas de las
divinidades femeninas eran necesarias para la resurrección de los dioses
masculinos sacrificados. Efectivamente, en la mística agraria prehistórica
reside una raíz fundamental del optimismo soteriológico, sobre la idea de que
el muerto, como la semilla, puede esperar así la resurrección. Se entendía lo sagrado en clave agrícola y lo agrícola
en clave sagrada.
Si para toda cultura agrícola
la mujer es encarnación de la vida, para Sevilla esta simbología es reforzada,
en su dimensión cristiana, por la Virgen María. El pueblo sevillano ha visto en
la Dolorosa que llora las claves más optimistas de una religiosidad cuyo núcleo
—o uno de sus núcleos, al menos— está en la secuencia agrícola de la siembra, el
riego y la recolección.
(...)
Así, espiritual, es el llanto
desconsolado de Nuestra Señora de las Lágrimas, con auténticos lagrimones (...).
(...)
Del libro de Antonio Hernández
Lázaro El paso de palio: la búsqueda, Editorial Almuzara, 2018, pp. 223,
224 y 227.
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