lunes, 17 de febrero de 2014

SEVILLA SALOMÓNICA (7: EL ORO Y LA PLATA, LA REVERENCIA DE LOS REYES Y EL HUMANISMO IMPERIAL, TODO PARA LA GRAN REINA)



Tras el Descubrimiento y la colonización, entró en España la Casa de Austria y, con ella, el imperio, vinculado a la misión salomónica del medio milenio. El emperador Carlos, que nació en 1500 y fue coronado rey de España en 1516, se benefició de la esperanza milenarista para lograr su título de emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1520 y para justificar la conquista de América y la conversión de los indios.1 La fuerza del imperio inspiró el lema Plus Ultra (“Más allá”), que suponía la superación trascendental de las columnas de Hércules. Culminó así, con el Salomonis tria officia en Flandes para el joven Carlos de Gante, el entronque salomónico de la monarquía española, lo que para autores como Rosenthal explicaría la divisa columnaria evocando el Templo de Salomón.2


Hay que añadir que el emperador profesó un especial afecto a Sevilla, la capital del comercio transatlántico. Aquí, en el Alcázar, contrajo matrimonio en 1526 con la princesa Isabel de Portugal.

Los criterios arquitectónicos cambiaron, y de la mano del imperio emergente se generó el plateresco, como una primera expresión plástica de humanismo.

El humanismo, el movimiento intelectual, filosófico y cultural que dio lugar al Renacimiento, había surgido en el siglo XIV en Italia, con Dante, Petrarca y Boccaccio. Este retorno optimista al clasicismo, superador del dogmatismo medieval, no es ajeno al ideal sincrético salomónico y templario. De hecho, estos tres escritores italianos del dolce stil nuovo integraron el grupo de los Fedeli d’amore, dentro de la organización de terciarios templarios llamada Fede Santa, que llenó Europa de mensajes esotéricos, sobre todo después de la suspensión de la Orden del Temple por Clemente V.

Así, el Renacimiento aportó una espiritualidad humanista al salomonismo y al marianismo, conservando las bases esotéricas y sincréticas. ¿No es el propio Salomón quien dialoga con Dante en el cuarto cielo, el del sol? ¿Y no llega a estar Dante en presencia de la Virgen María y de san Gabriel en el octavo cielo, el cielo de las estrellas?3 Pero también hay reconocimiento de la figura de san Bernardo. ¿No se apoya Dante en san Bernardo para llegar al cielo definitivo?4

San Bernardo, especialmente atraído por el salomónico Cantar de los Cantares,5 había sido el gran impulsor de la devoción a la Virgen María, enunciando los términos de lo que siglos después se definiría como hiperdulía.6 Bernardo de Claraval promovió el Císter y el Temple, y el entusiasmo mariano de ambas órdenes, unido a la movilidad de los templarios, hizo que Europa se llenara de imágenes de inspiración bizantina, muchas de las cuales eran Vírgenes Negras, cuyo color denota la pervivencia de los principios arcaicos de la veneración a las deidades de la fertilidad y del culto a la Madre Tierra. Definitivamente, desde san Bernardo, María no es ya una diosa. Para el de Claraval, Maria es la Gran Dama de nuestro ideal caballeresco, nada más y nada menos que Nuestra Señora.7

El Renacimiento trajo una iconografía mariana humanizada, con la Madonna y la Piedad. Pero Sevilla tenía ya su reina, majestuosa y cercana al mismo tiempo: la Virgen de los Reyes.

En fase de plena influencia imperialista en Sevilla, Diego de Riaño comenzó en 1526 la obra del Ayuntamiento hispalense, en cuyo edificio plateresco aparecen, junto a los relieves del fundador que “edificó” la ciudad y del dictador romano que la “cercó de muros y torres altas”,8 y al lado del nudo alfonsino que es emblema de la ciudad, los signos del emperador Carlos que patrocinó la obra: el escudo del imperio español, las columnas de Hércules y las armas de Borgoña: el Toisón de Oro y la Cruz de San Andrés. La orden del Toisón, fundada en 1429 por el duque de Borgoña sobre la leyenda de Jasón, Hércules, los Argonautas y el vellocino de oro, fue considerada la más ilustre y gloriosa orden de caballería occidental y el Toisón en el collar se convirtió en el símbolo de Jerusalén, la ciudad santa que el duque y sus caballeros reconquistarían en una nueva Cruzada para restituirla al papado.

Y en la plaza de San Francisco, junto a los símbolos imperialistas y a los medallones paganos, en el rincón del arquillo presidido por el emblema de las Cinco Llagas, que daba entrada a la Casa Grande de la comunidad franciscana, se colocó, casi escondida pero haciendo valer su autoridad, la cruz de la Inquisición. En esa plaza, en el auto de fe del 24 de septiembre de 1529, el llamado sermón de la fe se basó en un texto del Cantar de los Cantares: Cazadnos las raposas, las raposas pequeñas, que estropean la viña”,9 recurrencia bíblica de los inquisidores que figuraba también en la portada principal del castillo de San Jorge.10 También el Santo Oficio fue salomónico, a su manera. El Directorium Inquisitorum o manual para inquisidores prescribía que “la mentira por vía judicial, en beneficio del derecho, del bien común y de la razón es totalmente encomiable.” y exhortaba al respecto: “¡Pensad en el juicio de Salomón!”.11

Las similitudes entre la corona castellana y la casa de David fueron apuntadas por el sevillano Pedro Mejía (o Mexía), en su inconclusa Historia del Emperador Carlos V. Mejía fue veinticuatro del gobierno de la ciudad y contador de la Casa de Contratación. Como el inquieto humanista que era, mantuvo correspondencia con Erasmo de Rotterdam, Luis Vives y Juan Ginés de Sepúlveda, y escribió la Silva de varia lección, una ingente miscelánea (lo que los clásicos llamaban “silva”) de divulgación de la cultura y conocimientos de la época de Salomón, la historia del Templo y de sus saqueos, destrucciones y reconstrucciones,12 incluida la época de los templarios, hasta Saladino, añadiendo disquisiciones filosóficas y noticias científicas.13 Murió en 1551.

Ese mismo año, que inauguraba la segunda mitad del siglo, comenzaron, dirigidas por Martín de Gaínza, las obras de la nueva Capilla Real de la Catedral sevillana. Ya estaba concluida la fábrica gótica catedralicia que había empezado por los pies, la obra de unos locos que se aferraban al argot medieval.

En el arco de entrada interior de la Capilla Real, a 24 metros de altura, se colocaron las figuras de los reyes bíblicos que había dibujado Pedro de Campaña y a las que habían dado cuerpo Pedro de Campos y Lorenzo de Bao: David, Ezequías, Josafat, Josías, Jesé y Salomón.14 La inspiración vino del Libro de los Reyes, verdadero árbol genealógico de la Casa de David y de Cristo, obra cumbre del simbolismo bíblico, que junto con el de los Jueces tuvo una gran difusión en Europa en la Edad Media, sobre todo a raíz de las cinco traducciones que de ambos textos hicieron los templarios.15

Tras morir Gainza en 1556, Hernán Ruiz el Joven reanudó las obras de la Capilla, cuya forma circular imita, como tantos otros ejemplos en la Cristiandad, la redondez de la mezquita de la Roca, que, convertida en iglesia cristiana por los templarios, fue identificada por el hombre medieval como el propio Templo de Salomón.16 En el exterior, en la plaza de la Virgen de los Reyes, el ábside de la Capilla ostenta orgullosamente el punto de partida y el punto de destino de la dinastía real española en los escudos de la España de Fernando III y de la del emperador Carlos con las columnas del Plus Ultra y el Toisón de Oro.

El sentido genealógico queda patente en los enterramientos: en el centro, la urna de san Fernando, obra cumbre de la orfebrería barroca sevillana, bajo la Virgen de los Reyes; en el lado del Evangelio, Alfonso X orante (aunque el sepulcro actual es de factura más reciente), y enfrente, también orante, su madre, Beatriz de Suabia, los dos sepulcros con columnas a ambos lados. En la cripta, Pedro I, su esposa María de Padilla y sus hijos Alfonso y Juan, además de Fadrique Alfonso de Castilla, maestre de Santiago e hijo de Alfonso XI. Este programa de enterramientos (que luego veremos en El Escorial) es, además de un legado, una encomienda a los reyes sucesores respecto al propio edificio.

Por las abdicaciones de Bruselas, entre 1555 y 1556, España y las Indias pasaron a su hijo, el rey Felipe II. Y el que había sido emperador de media Europa se retiró a Yuste.

El Toisón siguió vinculado a la Casa de Austria. Y aun hoy, su emblema y su espíritu perviven (¡cómo no!) en Sevilla y en su Semana Santa. Lo vemos en no menos de quince hermandades, estando acreditada en varios casos la concesión real.17 Entresacamos tres ejemplos: uno, Montserrat, la cofradía de marcado sello monárquico y caballeresco calatravo, fundada por catalanes veneradores de su Virgen Negra, la “Moreneta”; dos, la Carretería, identificada con el ideal de la caballería de Santiago y con salomónicos varales para el Mayor Dolor; y tres, San Bernardo, la hermandad que encabezó la iniciativa de solicitar para Sevilla el título de Mariana, en coherencia con el carácter de gran mariano universal de su santo titular.



1. Cuadra Blanco, Juan Rafael de la. El Escorial y el Templo de Salomón
2. Rosenthal, Earl E. Plus Ultra Non Plus Ultra, and the columnar device of Emperor Charles V
3. Guénon, Réné. El esoterismo de Dante
4. Alighieri, Dante. La divina comedia
5. Guénon, Réné. San Bernardo
6. En el concilio Vaticano II se definió el culto mariano como hiperdulía, una forma distinguida de la dulía, la veneración a los santos, a diferencia de la latría, que es la adoración debida solo a Dios.
7. Huynen, Jacques. El enigma de las Vírgenes Negras
8. La lápida de la Puerta de Jerez así lo proclama, como una manifestación de la propia ciudad: “Hércules me edificó / Julio César me cercó / de muros y torres altas / El rey santo me ganó / con Garci Pérez de Vargas”. Se recomienda la lectura de la entrada Sevilla, nueva Jerusalén, de este mismo blog.
9. Cantar de los Cantares, 2-15
10. Fernández Campos, Gabino. Reforma y contrarreforma en Andalucía
11. Aymerich, Nicolás y Peña, Francisco. El Manual de los Inquisidores, citado por Eslava Galán, Juan. Historias de la Inquisición
12. Ibid. 1
13. Mejía, Pedro. Silva de varia lección
14. Morales, Alfredo José. La Capilla Real de Sevilla
15. Alarcón Herrera, Rafael. La otra España del Temple
16. Ibid. 1. Se recomienda la lectura de las anteriores entradas de esta serie.
17. Carrero Rodríguez, Juan. Anales de las cofradías sevillanas. Ostentan en sus escudos el Toisón de Oro la Cena, la Amargura, el Rocío, San Bernardo, la Exaltación, las Cigarreras, Montesión, la Quinta Angustia, el Valle, la Carretería, San Buenaventura, Montserrat, los Servitas, el Santo Entierro y la Trinidad.



viernes, 7 de febrero de 2014

SEVILLA SALOMÓNICA (6: DESDE SEVILLA A JERUSALÉN… Y AL CIELO)

Cuando se descubrió América, Fadrique Enríquez de Ribera tenía dieciséis años y ya había participado en la conquista de Granada, como caballero de la Orden de Santiago.

Con sus padres se unieron dos linajes de gran peso en el gobierno de Sevilla. Su padre era el adelantado mayor Pedro Enríquez, tataranieto de Alfonso XI y de su amante sevillana Leonor de Guzmán, padres también del que sería el primer rey de la casa de Trastámara, Enrique II; Pedro, además, era tío de Fernando el Católico. Su madre era Catalina de Ribera, descendiente del refundador de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, Per Afán de Ribera “el Viejo”, y también, por otro lado, del marqués de Santillana, además de sobrina del cardenal Pedro González de Mendoza.1

Fadrique fue comendador de Santiago en Beas y Guadalcanal, renunciando a los fondos de esta última a favor del rescate de cautivos.2 Su madre murió en 1505 (su padre ya había fallecido al regreso de la conquista de Granada), dejándole en herencia entre otros bienes la villa de El Coronil, la Huerta del Rey y la casa de San Esteban, que había sido confiscada por la Inquisición a un judío converso condenado y relajado llamado Pedro Ejecutor.3

En 1511, Fadrique fue nombrado VI adelantado mayor de Andalucía tras la muerte de su hermano mayor Francisco, hijo del primer matrimonio de su padre. Y en 1514 fue primer marqués de Tarifa por concesión de la reina Juana.4

En 1518, en un viaje un tanto insólito a Tierra Santa, movido por su espíritu peregrino y por su afán de conocimiento, Fadrique partió de Bornos y visitó Tortosa, Montserrat, el sur de Francia y varias ciudades italianas, zarpando de Venecia con algún acompañamiento personal y con el poeta Juan del Encina como compañero de viaje, en un barco veneciano con otros doscientos peregrinos. Visitó Jerusalén, Belén y Nazaret. Como era de esperar, tuvo que superar la animadversión de los lugareños sarracenos contra los españoles. Fue armado caballero del Santo Sepulcro,5 lo que sin duda supuso el culmen de su carrera caballeresca. Seguramente supo en Jerusalén, si no lo sabía ya, que un cruzado peregrino alemán, Juan de Wurzburgo, había realizado en 1165 el recorrido desde el pretorio al Calvario,6 un peregrino cruzado que había conocido de primera mano la iglesia que los templarios estaban edificando en el lugar del Templo de Salomón a Santa María de Letrán (de los Latinos)7 y el establecimiento que los hospitalarios de San Juan habían construido para albergue y hospital de peregrinos.8

Al regreso, Fadrique visitó al maestre de los sanjuanistas en su sede de Rodas9 y llevó a cabo un periplo por Italia, empapándose de cultura renacentista. Compró esculturas, libros, monedas, tapices… además de bulas, licencias, privilegios, prerrogativas e indulgencias. Y encargó las sepulturas de sus padres. Dejó testimonio de su viaje en su libro Desde Sevilla a Jerusalén, en el que contó con la colaboración en verso de Juan del Encina.10

En 1521, con una concesión del papa Clemente VII, inauguró en Sevilla la devoción de imitación de la Vía Dolorosa, germen de nuestra Semana Santa. El primer Vía Crucis sevillano comenzó en la capilla de las Flagelaciones de su palacio de la collación de San Esteban. Y el Calvario era la Cruz del Campo, el templete que levantara el asistente Diego de Merlo en 1482 para sustituir el humilladero de madera de la huerta de los Ángeles, construido en 1380 por la cofradía de negros fundada por el arzobispo Gonzalo de Mena, que también fundó la cartuja de Santa María de las Cuevas. La cofradía felizmente pervive, conocida hoy como de “los Negritos”, con el Cristo de la Fundación y la Virgen de los Ángeles, en demostración histórica de que Sevilla siempre ha sido tolerante con el que se integra.

Según una tradición, Fadrique trajo también piedras de la lapidación de san Esteban ante la puerta jerosolimitana, luego llamada de los Leones, que conduce a la Vía Dolorosa y que también es identificada por el nombre del protomártir.

Fadrique amplió y enriqueció su palacio de San Esteban  –ya para siempre “Casa de Pilatos” –, y lo hizo presidir, como el castillo de Bornos, por la Cruz de Jerusalén. Así, bajo un signo antiguo relacionado con santa Elena, con las Cinco Llagas de Cristo y con la cofradía del Santo Sepulcro, entró el Renacimiento italiano en Sevilla, una ciudad a la que acudían ingentes riquezas desde que obtuviera el monopolio del comercio con Indias a principios del siglo, y que se acogió al mito de la “Nueva Roma” para ocultar su pasado musulmán.11

El marqués de Tarifa murió en 1539 sin ver terminado el hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre que había sido iniciativa de su madre, aunque dejó en su testamento dinero más que suficiente para concluir la obra, y también para realizar los sepulcros de la familia.12 Fue sepultado con el hábito de Santiago,13 lógicamente, en la Cartuja, con tierra de Getsemaní, junto a su familia, y muy cerca del lugar por donde había pasado, en vida y ya muerto, Cristóbal Colón. Y “toda la ciudad acudió a su entierro”.14 Muchos de sus enseres se vendieron para costear el hospital y sus libros pasaron a la Cartuja, cuyos monjes fueron sus albaceas. Hoy, el Hospital de las Cinco Llagas, también presidido por la Cruz de Jerusalén cuyas cinco cruces representan las cinco llagas de Cristo, es sede del Parlamento de Andalucía, y la Cartuja de Santa María de las Cuevas, recuperada por la Expo 92, es sede del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.

Casi un siglo después de muerto Fadrique, en 1625, la descendiente marquesa de Tarifa se casó con el duque de Medinaceli y el marquesado revirtió en el ducado en la persona del hijo de ambos, Juan Francisco de la Cerda y Enríquez de Ribera. Pero a propósito de Medinaceli y del ducado vamos a hacer un poco de historia.

Según la tradición cabalística, Salomón sintetizó todo el conocimiento del universo, la fórmula de la creación y el nombre secreto de Dios en un jeroglífico grabado en un mueble: la llamada Mesa de Salomón, custodiada en el Templo de Jerusalén. Cuenta la leyenda que la Mesa, tras muchas vicisitudes tras la destrucción del Templo, se hallaba en la toledana “cueva de Hércules” y que, ante la invasión musulmana, pudo ser evacuada a tiempo y llevada a Ocilis, cerca de Soria. Luego, el caudillo Tarik, aunque no pudo hallar la Mesa, bautizó la ciudad como Medina-al-Shelim, la Ciudad de Salomón. Y finalmente, cuando los castellanos conquistaron el lugar, cristianizaron su nombre como Medina Coeli, Ciudad del Cielo. Esta ciudad no es otra que la actual Medinaceli, preciosa localidad de la provincia de Soria,15 orgullosa de su pasado desde los tiempos de los romanos.

Una de las mercedes del triunfante Enrique II de Trastámara fue crear en 1368 el condado de Medinaceli en la persona de Bernardo de Bearne (hijo bastardo del francés conde de Foix y, por lo tanto, sin fortuna), que había ayudado a Bertrand du Guesclin en la campaña de Enrique contra Pedro I.

Du Guesclin para los franceses es como el Cid para nosotros. Sus intervenciones fueron decisivas para el futuro de Europa.

Hay fuentes que le relacionan con el Temple, sobre la tesis de que Jacques de Molay, antes de morir en la hoguera, entregó el maestrazgo a Johannes Marcus Larmenius, con lo que Bertrand habría sido el quinto gran maestre neotemplario.16 En cualquier caso, es general la atribución de un espíritu templario a Du Guesclin y a sus Compañías Blancas, lo cual puede hacerse perfectamente extensivo a Bernardo de Bearne, como también es el caso de Juan III de Bethencourt, padre del conquistador de las Canarias Juan IV.17

¿Por qué solicitó el de Bearne el enclave de Medinaceli y no otro? ¿Conocía la leyenda de la Mesa de Salomón?

Bernardo contrajo matrimonio en Sevilla con Isabel de la Cerda Pérez de Guzmán, nieta de Guzmán el Bueno y heredera de Fernando de la Cerda, el hijo mayor de Alfonso X el Sabio. Al morir Fernando antes que sus dos hijos, los Infantes de la Cerda, el mayor de estos luchó por el trono sin éxito hasta que, ya sexagenario, reconoció como rey a Alfonso XI, a cambio de la importante donación de territorios, los llamados “señoríos de la recompensa”. Y el condado ascendió después a ducado, por decreto de Isabel la Católica.

A mediados del siglo XX, la duquesa de Medinaceli y marquesa de Tarifa, Victoria Eugenia Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa, fundó junto con catorce cofradías sevillanas la Pía Unión para restablecer la devoción del Vía Crucis a la Cruz del Campo, colocándose entonces los primeros azulejos de las estaciones. Luego, en 1995, ha habido que reponerlos, también con intervención directa de la duquesa, presidenta de la Pía Unión. En la actualidad se celebra cada cuaresma el Vía Crucis, pero dentro de la propia Casa de Pilatos, en un piadoso y exquisito ambiente sevillano y cofrade. En 2013 falleció la duquesa.

Cerca está la iglesia de San Esteban, cuya fachada a los pies de la nave, a la calle Medinaceli, es tal vez la mejor portada gótico-mudéjar de Sevilla. Allí reside la hermandad de San Esteban, uno de cuyos titulares de san Juan de Ribera, de la misma familia ducal. Y el motivo del palio de la Virgen de los Desamparados es la fachada de la Casa de Pilatos, que parece sugerir al capataz a mandar “¡al cielo!”.

Y luego está el también cercano Cristo de Medinaceli, Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado, del que ya hablaremos otro día.



1. JM para Asociación Albariza, Cultura y Naturaleza. Don Fadrique Enríquez de Ribera, un puente hacia el Renacimiento (La ciudad a través de sus personajes. VI)
2. Ibid. 1
3. Eran relajados al brazo secular los reos que habían sido condenados por la Inquisición, encargándose el poder civil de las ejecuciones en la hoguera.
4. Ibid. 1
5. García Martín, Pedro. La Odisea del Paraíso. La peregrinación a Jerusalén de Don Fadrique Enríquez de Ribera (Revista Arbor)
6. Carrero Rodríguez, Juan. Anales de las cofradías sevillanas
7. Alarcón Herrera, Rafael. La maldición de los santos templarios
8. Demurger, Alain. Caballeros de Cristo: templarios, hospitalarios, teutónicos y demás órdenes
9. La Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan tuvo que abandonar la isla en 1522 ante Solimán el Magnífico. En 1530, Carlos V les concedió la isla de Malta y desde entonces es conocida como la Orden de Malta.
10. González Moreno, Joaquín. Desde Sevilla a Jerusalén, con versos de Juan del Encina y prosa del primer marqués de Tarifa
11. Lleó Cañal, Vicente. Nueva Roma
12. Ya había fundado Catalina de Ribera un primer hospital de las Cinco Llagas del Señor para “cura de mugeres” en la collación de Santiago.
13. Ibíd. 1
14. Ibid. 9
15. Alarcón Herrera, Rafael. La otra España del Temple
16. Carreño, Lucía. Bertrand du Guesclin y sus Compañías Blancas
17. Almazán de Gracia, Ángel. La Candelaria templaria de Tenerife, donde a Alarcón Herrera, Rafael, autor de La última Virgen Negra del Temple. Se recomienda la lectura del artículo Las cruzadas del medio milenio tras el primer milenio de Cristo, de esta misma serie.


lunes, 3 de febrero de 2014

SEVILLA SALOMÓNICA (5: CRUZADAS DEL MEDIO MILENIO TRAS EL PRIMER MILENIO DE CRISTO)

El salomonismo y el milenarismo llegaron a confundirse en la España del siglo XV, que se preparaba para afrontar el punto de inflexión del año 1500.

Salomón fue ungido rey alrededor del año 970 a.C., aproximadamente un milenio antes de nuestra era. Su reinado de exagerada magnificencia, que generó tres mil proverbios, fue el paradigma del emperador fabuloso de inmensa sabiduría. Salomón fortificó el monte Moria ampliando las antiguas murallas, y desde entonces se llamaron Sión la ciudadela y el nuevo monte del Templo. Su decadencia fue también la del reino de Israel, lo cual no hizo sino incrementar la leyenda salomónica.1

El milenarismo tiene además un sentido apocalíptico. Según este texto bíblico, tras la primera derrota de la bestia, Jesucristo reinará en la Tierra con los mártires y los justos durante mil años, mientras un ángel mantiene presa a la bestia. Después del milenio, la bestia será desatada por poco tiempo, engañará a las naciones y rodeará la “ciudad amada”, hasta que, tras la lucha final y el Juicio Universal, el fuego divino consumirá a los embaucados y a la bestia embaucadora por los siglos de los siglos.2 Este ángel es san Miguel Arcángel,3 el jefe de los ejércitos de Dios, al que vemos cada Semana Santa impidiendo al mal acercarse al triple trono de la Santísima Trinidad en su Decreto; pero lo vemos también en llamadores de la Virgen, con la Macarena  y con el Dulce Nombre: el capataz, en presencia del ángel, usa el dragón como martillo para llamar a levantar el paso.

Según se acercaba el año 1000, brotó en Europa la obsesión por los lugares en los que vivió Jesús, lo que hizo crecer las peregrinaciones, propició la generación y renovación de órdenes religiosas y finalmente, formulada por san Bernardo la guerra santa, dio lugar a las Cruzadas y con ellas a las órdenes de caballería.

La primera en militarizarse y la más representativa de estas fue la Orden de los Pobres Conmilitones de Cristo, a la que el rey franco de Jerusalén, Balduino II, le entregó la que había sido su propia residencia, la mezquita de Al-Aksa, en la zona sur de la explanada antes ocupada por el Templo de Salomón. El centro de esta explanada estaba (y sigue estando) orgullosamente ocupado por la mezquita de la Roca, en la que sorprendentemente había un detalle cristiano de origen musulmán, al estar señalado el lugar de la ceremonia de la Presentación de Jesús y la Purificación de María. Los Conmilitones hicieron de esta mezquita su primera iglesia, pasando a ser conocidos como templarios, del Templo de Salomón, y su orden fue en adelante la Orden del Temple.4 Hasta tal punto se identificaron los templarios con el gran sabio bíblico que se consideraban “integrados en la fe de Salomón” porque, al erigirse en custodios del Templo, se asimilaban a los levitas, primeros custodios del sagrado lugar y del Arca de la Alianza allí guardada.5 La Roca fue así el primer templo templario (si se me permite la aparente redundancia), llegando a ser identificada con el Templo de Salomón. Y la devoción a la Presentación y la Purificación, mixtificada con la celebración arcaica de las candelas, se convirtió en preceptiva para los templarios, difundiéndose por Europa la fiesta de la Candelaria, antesala de la primavera.6

En el proceso de Reconquista de España, el milenio fue un periodo de europeización, mediante la asimilación de las corrientes culturales de Cluny y del Císter y la aceptación de la supremacía del papado. En ese contexto se conquistó Toledo en 1085, lo que provocó la respuesta musulmana de los almorávides en primer lugar y, luego, de los almohades, que conquistaron Sevilla en 1147 y la hicieron capital del nuevo imperio en 1172, con Abú Yacub Yusuf. Los almohades eran más peligrosos que los almorávides y fue necesario para la tarea reconquistadora el respaldo del papa a partir de Las Navas de Tolosa en 1212. La Reconquista fue así una Cruzada alternativa, que además –a diferencia de las de Tierra Santa– daba buenos resultados para la Cristiandad.

Con estos antecedentes, en cuanto se entró en la última década del siglo XV, y ante el inminente cumplimiento del medio milenio tras el primer milenio, el espíritu milenarista se instaló en la corte castellana. Fernando el Católico puso en práctica argumentos milenaristas para formar un grupo de nobles de cara a la conquista de Granada, sin descartar recuperar después Jerusalén, y tanto para él como para Isabel se hizo urgente culminar la cristianización de España antes de que se cumpliera el medio milenio.

También Cristóbal Colón estaba convencido de que sus descubrimientos serían prólogo de la recuperación de los Santos Lugares. No vamos a entrar (de momento) en los orígenes de Colón, pero lo que sí sabemos es que estuvo en Portugal, donde se casó con Felipa Moniz de Perestrello, hija de Bartolomé Perestrello, maestre de la Orden de Cristo sucesora del Temple y marino al servicio de don Enrique el Navegante.7 Sabemos que Colón tuvo acceso pleno a los mapas de la escuela náutica de Sagres, la fundación templaria de la Orden de Cristo y de su gran maestre don Enrique el Navegante, y que entre estos mapas estaban los valiosísimos de la familia judía de los Cresques, que había vivido precisamente junto a la casa del Temple en Ciutat de Mallorca, que así se llamaba entonces la capital balear.8 Sabemos también que Colón se apoyó en los franciscanos de La Rábida, enclave en la costa atlántica requerido con afán por los templarios en el repartimiento del alfoz de Sevilla,9 donde existió un ribat, un convento fortificado sarraceno, sobre el lugar llamado anteriormente “la peña (o roca) de Saturno”. Y sabemos que zarpó del vecino puerto de Palos con tres navíos en cuyas velas lucían cruces patadas rojas templarias. Ahí lo dejamos.

Con estos precedentes, parece evidente el sentido cruzado de la empresa. Pero este espíritu cruzado y milenarista seguramente ya existía antes, desde que el normando Jean IV de Bethencourt partió del puerto templario atlántico (!) de La Rochelle (la pequeña roca) para conquistar las islas Hespérides, las islas afortunadas, hoy las Islas Canarias, que resultaron ser una escala imprescindible para la aventura atlántica. Para la aventura atlántica de ida, que no para la de vuelta, lo cual, por cierto, ya conocía Colón. Por cierto que Bethencourt también estuvo por Sevilla.10

Así que, después de todo, quién sabe si este espíritu de Cruzada occidental no existía ya antes…

Colón estuvo muy vinculado a Sevilla. En la Cartuja de Santa María de las Cuevas encontró un amigo –el monje italiano Gaspar Gorricio– cuando empezó a tener problemas con los Reyes Católicos y con los franciscanos. En este lugar se hospedaba en sus estancias sevillanas, en él dejó su legado cuando marchó a la corte de Valladolid a reclamar lo que ya era un imposible –en realidad fue a Valladolid para morir–. Y en la capilla cartuja sevillana de Santa Ana estuvo su segundo enterramiento provisional, tras el entierro en la ciudad donde murió, hasta que sus restos, por deseo de su hijo Diego, se trasladaron en 1542 a tierras del Nuevo Mundo. Está acreditado que una parte de su cuerpo está en la Catedral de Sevilla desde la guerra de Cuba en 1898, junto a la siempre enorme representación de otro Cristóbal, el Christophorus original, el santo que lo fue por ser el primer portador de Cristo. Pero también hay un mausoleo de Colón en la Catedral de Santo Domingo.

Todo nos lleva a Salomón: el milenio y el medio milenio; el proyecto de imperio teocrático universal y la “inevitable” guerra santa, con los freires guerreros del Templo de Jerusalén y con la Reconquista; el espíritu cruzado, nobiliario y caballeresco; el ideal de conocimiento sinárquico y de justicia; la fiesta de la Candelaria… Y hasta Colón y su enterramiento: ¡otro cuerpo, como el de Alfonso X, partido salomónicamente en dos!



1. Montefiore, Simon Sebag. Jerusalén, la biografía
2. Apocalipsis 19 y 20
3. Apocalipsis 12
4. Un conmilitón es un soldado compañero de otro en la guerra. La voz “Temple” es un galicismo, por la aplicación directa de la voz francesa.
5. Alarcón Herrera, Rafael. La maldición de los santos templarios. El autor cita una manifestación del maestre portugués Gualdim País en este sentido.
6. Alarcón Herrera, Rafael. La otra España del Temple. La Orden de de los Caballeros Hospitalarios de San Juan (la que después sería Orden de Malta) ya existía cuando se fundó el Temple, pero no tenía fines militares, hasta que los incorporó siguiendo el ejemplo templario.
7. Childress, David Hatcher. Los templarios y el secreto de Cristóbal Colón
8. García Atienza, Juan.  El legado templario
9. Romero Gómez, Juan Antonio. Los templarios en el Reino de Sevilla
10. Alarcón Herrera, Rafael. La última Virgen Negra del Temple



martes, 28 de enero de 2014

SEVILLA SALOMÓNICA (4: UN COLECTIVO DE PERSONAS)

Al capitular la Sevilla islámica en 1248, no quedaban en ella judíos, pero enseguida vinieron de todas partes, sobre todo de Toledo, como un reflujo de lo ocurrido el siglo anterior, “del Betis al Tajo” 1. La aljama de Sevilla 2 se convirtió así en una de las más notables de España, ocupando un espacio cercado por obra de Fernando III y Alfonso X, adosado a la muralla de la ciudad por su parte oriental, desde la calle de la Rosa (actual Armenta) al norte, pasando por Toqueros (Conde de Ybarra), plaza de Cabeza de Malos (frente a la actual iglesia de San Nicolás), Soledad (Federico Rubio), Aire (Fabiola), Corral de don Juan y Borceguinería (Mateos Gago) y Arquillo de Santa Marta 3 y llegando en un primer momento hasta donde después estuvo el Colegio de San Miguel y hoy está la Plaza del Cabildo (hay que recordar que la Catedral no existía aún). Luego se restringió el área desde Santa Marta hasta el Alcázar por la plaza de los Cantos (actual del Triunfo). Queda un lienzo de muro en la calle Fabiola, aunque no parece lógico que las almenas sean de la época, porque la comunidad judaica no se iba a defender de la cristiana.

En el extremo de la actual calle San José, frente a la iglesia de San Nicolás, había una puerta, que se abría a la arteria principal de la aljama. Esta vía incluía la plaza de la Azuaica (hoy Santa María la Blanca) y llegaba hasta la puerta de Minjoar, de las Perlas o de la Judería, luego llamada de la Carne, que se abría al campo y al cementerio de la comunidad hebraica 4.

Otras puertas daban entrada desde la Borceguinería: una a la calle Mesón del Moro 5 y otra, más pequeña, a la plaza del Atambor y la actual Rodrigo Caro, llamándose así puerta del Atambor 6. Otra puerta, que aún pervive, comunicaba la aljama judaica con la actual calle Judería, dentro del alcázar (que era precisamente la vía de acceso a la aljama desde el recinto real).

Los hebreos sevillanos convirtieron en sinagogas tres mezquitas de las que les dio Alfonso X en 1252, que se corresponden con las actuales iglesias de Santa María la Blanca y San Bartolomé y la Plaza de Santa Cruz. Y erigieron otra de relevancia, que se convirtió después en el convento de Madre de Dios. Hubo además un buen número de sinagogas pequeñas, incluso familiares.

Llegó a haber en la aljama unas dos mil personas, unas cuatrocientas familias, cuya contribución al crecimiento económico de Sevilla fue trascendental. La mayoría de los judíos eran modestos trabajadores, siendo importante el oficio de la curtiduría, del que perviven como testimonio las plazas de Zurradores, Curtidores y Refinadores, y la calle Tintes, entonces adosadas a la muralla (es fácil imaginar la actividad de ese sector observando en el plano de la ciudad lo que hoy denominaríamos un mapa de procesos de las diferentes labores). También destacaba el sector de panadería y repostería, por la zona cercana a San Nicolás (y ahí siguen, por ejemplo, las rosquillas de anís que elaboran las monjas de Madre de Dios).

Por supuesto, había también judíos ricos, prestamistas, arrendadores de impuestos, plateros, sederos, mercaderes… El bullicio desbordaba la plaza de Azuaica, con los baños en lo que hoy es el bar de la esquina, y el adarve de Aben Manda (la actual calle Cano y Cueto), hasta Santa María la Mayor 7.

La historia de nuestra judería recoge nombres ilustres. Aquí, en el siglo XII, había estudiado Maimónides, el teólogo, médico y filósofo cordobés Moshé Ben Maimón, que luego, exiliado, aportó comentarios a la Mishná que supusieron probablemente la primera reconstrucción virtual del Templo de Salomón y llegó a ser médico y amigo de Saladino, el conquistador de Jerusalén. Junto al cordobés, en Sevilla, estaba Geber, Yabir Ibn Aflah, el famoso astrónomo musulmán sevillano que enmendó la plana a Tolomeo 8 y que ha merecido que un cráter de la Luna lleve su nombre. Maimónides llevó a Egipto la obra de su amigo, al que se refiere como “Ibn Aflah de Sevilla” en su Guía de los Perplejos 9.

Aquí había trabajado también el eminente matemático y enciclopedista Yohanan Ibn Daud, converso bautizado como Juan de Sevilla (aunque también nombrado como Juan Hispalense), que tradujo en colaboración con Domingo Gundisalvo innumerables obras de Avicena, Al Gazel o Ibn Gabirol, y tratados filosóficos que dedicó a don Remondo 10. Sus Johannis Hispalenses algoritmos sive practica Aritmeticae se adelantaron casi un siglo a Fibonacci 11. Entre sus fuentes estuvo la Clavicula Salomonis, la síntesis judía de astrología y magia que en época medieval era atribuida al propio rey Salomón 12. Y aquí nació y trabajó el médico, astrónomo y exégeta conocido como el rabí Salomón.

Solía ser normal que los recaudadores almojarifes fueran israelitas. Con Alfonso XI lo fue Yosef de Écija, que construyó una sinagoga. Pero el caso más significativo fue el del ubetense Samuel Ha-Leví Abulafia, que vino a Sevilla en el siglo XIV procedente de Toledo, donde vivía en la actual Casa Museo de el Greco. y donde había fundado su propia sinagoga, nada menos que la del Tránsito. Pedro I lo había nombrado su almojarife, su tesorero real, y lo quería en Sevilla. En nuestra judería (y fuera de ella) hay varias casas cuya historia está vinculada a su figura. Vivió, según parece en lo que es hoy calle Levíes, llamada así en su memoria, en la casa del actual convento de San José. Sus establos fueron después convertidos en carbonería y luego en un lugar de encuentro con un sello peculiar muy conocido por los sevillanos, que conserva ese nombre. La privilegiada posición de Samuel Leví y su gran fortuna levantaron muchas envidias y las sospechas de Enrique II, siendo encarcelado y torturado en las atarazanas, donde finalmente murió sin confesar su enorme fortuna, que luego su sucesor halló en los sótanos. En Toledo venden esta historia sevillana como una leyenda toledana.

Con Enrique II y con Juan I hubo otro tesorero hebreo y sevillano, Yosef Pichón, que fue denunciado por sus propios correligionarios como malsín, traidor delator, y degollado por el verdugo real, según abrió la puerta –los judíos han tenido que acudir al poder oficial para aplicar la pena de muerte más de una vez–. Muerto Pichón, su cargo y su casa (el actual palacio de Altamira) pasaron al también sefardí Samuel Abrabanel, que se convirtió como Juan Sánchez de Sevilla 13 y de cuya familia nació el tesorero de los Reyes Católicos y padre del ilustre León Hebreo.

Otros judíos ilustres también tuvieron que exiliarse, como el talmudista Ibn Gauison o el sabio astrónomo Yosef Ibn rabí Elazar... 14

La paz entre cristianos y judíos se rompió en 1391. Desde el año anterior había un nuevo rey, Enrique III, y había un vacío de poder en el episcopado hispalense, circunstancias que aprovechó el arcediano de Écija, Ferrán Martínez, para volver a la carga con sus prédicas incendiarias contra los judíos. El pueblo sevillano se amotinó y arrasó la aljama. Hubo incendios, saqueos, conversiones forzadas y matanzas de hombres, mujeres y niños. Parece ser que las matanzas ocurrieron, sobre todo, en la plazuela de la actual calle de las Cruces. No fue el primer pogromo pero sí marcó un punto de inflexión en las relaciones entre cristianos y sefardíes. Uno de los primeros actos de Enrique III fue procesar y encarcelar al arcediano, pero ya era tarde para la comunidad hebrea.

Una arquería del palacio de Samuel Leví fue a parar al Alcázar, dando lugar a lo que se conoce como Patio de los Levíes, trasero de la Casa de Contratación.

Tras la destrucción de la aljama y la expropiación de sus templos, los pocos israelitas que quedaban empezaron a reunirse en un nuevo centro de culto, una pequeña sinagoga en la huerta de la Alcoba 15, en un lugar llamado “Corral de Jerez”, al otro lado del alcázar, entre este y la puerta de Jerez. Pero vino después la expulsión por los Reyes Católicos en 1492 y los israelitas se marcharon con su idioma y su cultura sefardí al otro extremo del Mediterráneo.

La raída sinagoga de la Alcoba, formando parte de los solares y corrales del monasterio de Madre de Dios, fue adquirida en 1503 por maese Rodrigo Fernández de Santaella a Juan de Millares, racionero catedralicio. Allí, sobre el emplazamiento de la sinagoga de Yehuda ben Xaval, la última de la aljama sevillana, se erigió la capilla del Colegio Mayor de Santa María de Jesús, germen de la Universidad Hispalense 16.

Empezó la aventura de los conversos, los llamados “marranos”, convencidos o –la mayoría– por conveniencia o necesidad. Y el sello de paz de Salomón fue testigo de siglos de intolerancia y de inquisición. En un auto de fe, en 1623, se condenó por judaizante a Domingo Vicente, mulato berberisco, que recibió doscientos latigazos, pese a lo cual, un año y pico después colocó en la puerta de la iglesia de San Isidoro, frente a la calle de la Caza, junto al sello de paz salomónico, un cartel que decía “Viva Moisés y su ley, que lo demás es locura”, y sufrió prisión perpetua 17.

La capilla de Santa María de Jesús, en la Puerta de Jerez, pertenece al Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla.



1. González González, Julio. Repartimiento de Sevilla
2. Una aljama es un conjunto o un colectivo de personas. Tradicionalmente, el término ha servido en España para referirse a los colectivos de judíos y de moros, sobre todo a los primeros, por la sencilla razón de que estaban más agrupados en las ciudades de la Edad Media en sus barrios o juderías (calls en Cataluña y Mallorca).
3. Montoto, Santiago. Esquinas y conventos de Sevilla. Matute y Gaviria, Justino. Relación histórica de la judería de Sevilla, establecimiento de la Inquisición en ella, su extinción y colección de los autos que llamaban de fe celebrados desde su erección citado por Tenorio Cerero, Nicolás. El Concejo de Sevilla.
4. García Vargas, Enrique. El cementerio hebreo de Sevilla y otros osarios. Excavación arqueológica en Cano y Cueto
5. Montero de Espinosa, José María. Relación histórica de la Judería de Sevilla.
6. Montes Romero-Camacho, Isabel.  Notas para el estudio de la Judería Sevillana en la Baja Edad Media (1248-1391). Es la misma opinión del Centro de Interpretación Judería de Sevilla (Casa de la Memoria). Félix González de León menciona una plaza del Arquillo del Tambor en su Noticia histórica del origen de los nombres de las calles de esta M.N.M.L. y M.H ciudad de Sevilla
7. Ballesteros Beretta, Antonio. Sevilla en el siglo XIII
8. Méndez Bejarano, Mario. Historia de la judería de Sevilla
9. Ben Maimón, Moshé. Guía de los Perplejos
10. Vicente Niclós, José. Tres culturas, tres religiones: convivencia y diálogos entre judíos, cristianos y musulmanes en la Península Ibérica
11. Ibid. 8
12. Un pintor sevillano del siglo XV, cuya obra se conserva en Madrid y en Castilla, era también conocido como Juan de Sevilla o Juan Hispalense. Según el Diccionario histórico de las calles de Sevilla, de la Consejería de Obras Públicas y Transportes y el Ayuntamiento de Sevilla, es a este a quien está dedicada la calle Juan Hispalense, que se abrió junto a la plaza de Curtidores tras el derribo de la muralla, para comunicar dicha plaza con Menéndez Pelayo. Sin embargo, ¿no sería más lógico que el Juan Hispalense al que se dedicó la calle fuera el judío converso, ya que la calle está en la antigua judería?
13. Montes Romero-Camacho, Isabel.  Juan Sánchez de Sevilla, antes Samuel Abravanel, un modelo de converso sevillano anterior al asalto de la Judería de 1391. Datos para una biografía.
14. Ibid. 8
15. Ibid. 5. Refª tomada de la Demostración Histórica del verdadero valor de todas las monedas que corrían en Castilla durante el reinado del señor Enrique III y de su correspondencia con las del señor don Carlos IV. A.H.N.
16. Ibid. 8
17. Ibid. 5



miércoles, 22 de enero de 2014

SEVILLA SALOMÓNICA (3: LA ESTRELLA QUE FUE SELLO DE PAZ)

La parroquia de San Isidoro es una de las que se fundaron inmediatamente después de la conquista de Fernando III, aunque la iglesia actual se construyó a mediados del siglo XIV en estilo gótico-mudéjar, con importantes reformas posteriores a finales del siglo XVI o principios del XVII. Tiene tres puertas, de las cuales es la más monumental la del lado de la Epístola. En ella, encuadrando la portada de ojiva gótica, una moldura triangular a modo de frontón presenta una estrella salomónica en su vértice.

Salomón convirtió en su sello la Estrella de David que, con sus dos triángulos equiláteros superpuestos para formar un hexagrama regular, es desde entonces símbolo del judaísmo, pero que, con una fuerte carga esotérica universalista, es también icono cabalístico y emblema teosófico relacionado con el potencial espiritual del individuo 1. Es signo de orientación, de esperanza, de unidad y conjunción –“yo soy de mi amado y mi amado es mío”– 2, de equilibrio, de fuerza en movimiento y de sabiduría, como expresión de la piedra filosofal de los alquimistas y del propósito de la Gran Obra 3, Y, sobre todo, es sello de paz, sintetizando el sentido sabio y prudente de la misión de Salomón, cuyo nombre deriva de la voz shalom, que se traduce literalmente como paz.

Según la leyenda, Hiram Abí, el arquitecto del Templo de Salomón, otorgó una contraseña a cada especialidad artesanal y a cada rango, que era solo conocida por los artesanos perfectos. Y tres compañeros que no habían alcanzado la perfección, furiosos, mataron al arquitecto.

En el siglo XIII se produjo la aparición de ritos y asociaciones diferentes, identificándose cada una con un determinado “deber” o regla. Uno de estos deberes era el de los Hijos de Salomón, corporación compañeril cuyos integrantes eran llamados “los perros”, pero que, sin embargo, contaba con la protección de los templarios y de los monjes cistercienses, los padres del estilo gótico.

Cada corporación dejaba en sus obras su signo, que la identificaba y que venía a ser la muestra de su vocación y de su misión constructora. Y el Sello de Salomón, conocido también en el medievo como “Estrella de los Magos”, fue el empleado por los Hijos de Salomón, que intervinieron sobre todo en el Camino de Santiago y en enclaves de fuerte asentamiento de la Orden del Temple, marcando con este sello de paz numerosas iglesias, y catedrales como las de Burgos, Valencia o Palma de Mallorca 4.

¿Tuvo algo que ver este grupo con la construcción de la hispalense iglesia gótico-mudéjar de San Isidoro?

En la nave del Evangelio de este templo sevillano se nos muestra la capilla de enterramiento de la familia Maestre, presidida por el Cristo de la Sangre, una imagen gótica del segundo cuarto del siglo XIV. Clavado con tres clavos a la cruz de gajos, arbórea y nudosa, es un crucificado de expresión triste y abatida y cuerpo arqueado por los estertores de la agonía 5.emparentado con el Cristo de San Agustín y con el Cristo del Millón de la Catedral, así como con los pintados en las Cantigas 109, 113 y 190 de Alfonso X el Sabio 6.

La advocación surgió a raíz de la matanza de judíos que tuvo lugar en Sevilla en 1391, tras las predicaciones del arcediano de Écija, Ferrán Martínez, en un sangriento episodio de la historia de nuestra ciudad, cuando las turbas incontroladas asaltaron la judería, en lo que hoy calificaríamos como un caso de limpieza étnica, con una pretendida justificación religiosa. Las autoridades no pudieron impedirlo, aunque, al ser los judíos como una propiedad personal de los reyes de Castilla, existía legislación que prohibía atentar contra ellos 7. Dice la leyenda que, en ese momento desgraciado y horrible, brotó sangre de las llagas del Cristo, hasta entonces conocido como “de los Maestres”.

Quedémonos con el mensaje de paz. No parece casual el hecho de que su sello salomónico de la parroquia sevillana de San Isidoro 8, levantada en el punto más alto y más antiguo de la capital hispalense, esté precisamente en la fachada orientada a la judería. Ello nos lleva necesariamente a hacer en la próxima entrega un breve recorrido histórico por la Sevilla hebraica. Sin ello, no podría concebirse una Sevilla salomónica.



1. Cirlot, Juan Eduardo. Diccionario de símbolos
2. Cantar de los Cantares, 6:3
3. Julien, Nadia. Dictionnaire des simboles
4. Alarcón Herrera. Rafael. La última Virgen Negra del Temple. En el Pirineo predomina el crismón, en Galicia el Agnus Dei, en el País Vasco el monograma IHS, símbolos de otras tantas hermandades de constructores, colocados en los tímpanos o en las claves de bóvedas o de arcos.
5. Hernández Díaz, José. Crucificados Medievales Sevillanos
6. Alfonso X el Sabio. Cantigas de Santa María. También aparece esta iconografía cristífera en la General Estoria del mismo rey autor
7. López Alfonso, Jesús. El Cristo de la Sangre de la Parroquia de San Isidoro de Sevilla y el origen de su advocación
8. Entre los vecinos de la collación de San Isidoro se cuentan figuras tan ilustres como Miguel de Cervantes o Bartolomé Esteban Murillo.


martes, 14 de enero de 2014

SEVILLA SALOMÓNICA (2: REY SABIO, NUDO INFINITO)

Alfonso X de Castilla y Suabia, monarca de los reinos unificados de Castilla y León, se consideraba descendiente del linaje salomónico y blasonaba del origen divino de su soberanía, pretendiendo ser desde muy joven un nuevo Salomón. Como el rey bíblico, era hijo de un rey conquistador y tenía vocación de rey pacífico. Y como el rey bíblico, quiso ser un ejemplo de justicia, de prudencia y de sabiduría. Alfonso fue sabio a imitación del sabio Salomón.

En las Siete Partidas se desarrolla la idea alfonsina del rey como vicario de Dios que tiene que aplicar la justicia y establecer la paz entre sus súbditos, para lograr un reino lo más parecido posible a la Jerusalén Celeste.1 En las miniaturas de esta importante obra está Alfonso como sabio, con una espada que es más signo de justicia que arma guerrera, en actitud hierática, solemne, frontal… salomónica, y está también el propio Salomón como la propia imagen de la justicia, con el joven heredero de Castilla y León, Sancho, arrodillado ante él. El trono de la sabiduría, arquetipo del rey bíblico, es también motivo de representaciones alfonsinas, en silla de tijera y con los atributos del poder, junto al Locus Appellacionis y de acuerdo con el Liber Iudiciorum.2

Alfonso X es el mejor “rey escritor” de España, el único comparable a Salomón. Ya lo reconoció Voltaire, al tiempo que se lamentaba de que Francia no podía vanagloriarse de un rey autor.3 Como el sabio rey bíblico, Alfonso cultivó la poesía y la música. Así como Salomón compuso el Cantar de los Cantares, de poemas de amor, Alfonso hizo las Cantigas, en las que hay palpables muestras del amor de Cristo y María.

También, como Salomón, Alfonso gustaba de explorar campos comprometidos, hasta el punto de ser conocido como “el alquimista” en la Universidad de París.4 Profundizó en la magia salomónica y en las invocaciones a los ángeles, haciendo traducir el Liber Razielis, que los cabalistas hebreos atribuyeron a Salomón,5 y que luego ha pasado muy desapercibido –como es lógico, conociendo cómo se ha escrito la Historia oficial–. Raziel es el arcángel de los misterios, guardián de los secretos, ángel de la magia y de la intuición, patrono de alquimistas y clarividentes, preside la esfera de la Sabiduría en el árbol sefirótico e infunde el deseo de conocimiento y descubrimiento de realidades ocultas. En la tradición judía, Raziel entregó a Adán en un zafiro el “Libro de los secretos de Dios”, que pasó de Abraham a Enoc, y luego, por medio del Arcángel san Rafael, a Noé, quien pudo seguir las instrucciones de Dios para hacer el arca; finalmente, llegó a las manos de Salomón. El resultado de la traducción de Alfonso X fue una magnífica expresión de cábala práctica. Su sobrino, don Juan Manuel escribió que el rey “fizo trasladar… otra sciencia que han los judíos muy escondida, a que llaman “Cábala””.

La afición de Alfonso por los mundos ocultos se evidencia además por su interés en el Mafteah Shelomoh, un manuscrito hebreo masorético de alrededor del año 900, que es conocido como la Clavis Salomonis Clave o Llave (mayor) de Salomón, y atribuido por la tradición al sabio rey bíblico, y del que derivó más tarde el Lemegeton Clavicula Salomonis, la Clave o Llave menor de Salomón.6

Y, como los anteriores, también se tradujo en Toledo el Libro de las Cruzes, un tratado de astronomía y astrología en el que el rey castellano es comparado con Salomón, afirmándose que goza de inspiración divina para recuperar saberes perdidos. El aristotélico Alfonso, llamado estrellero antes que sabio, se acercó al sincretismo ideológico y científico, abierto no solo a la astrología sino también a la alquimia y la cábala.7 En el castillo templario de San Servando, en la capital imperial, montó todo un observatorio.

En su segundo y salomónico testamento, el Sabio Alfonso previó su entierro –o al menos el de sus entrañas– en el “monesterio de Sancta María la Real de Gracia”, sobre el primigenio Alcázar Mayor de la Murcia, lugar entregado al Temple por Jaime I y confirmado por Alfonso X, donde los templarios fundaron un hospital. En cuanto al corazón, sede humana del alma, Alfonso expresó en una cláusula que fuera llevado “a la Sancta Tierra de Ultramar, e que lo sotierren en Ierusalem, en el Monte Calvario, allí do yacen algunos de nuestros abuelos” (no olvidemos que, en la tradición medieval, el Calvario, además de lugar de sacrificio y enterramiento de Jesús, era donde había sido enterrado Adán, el padre de la Humanidad), y encomendó la misión del traslado a Joao Fernandes, maestre provincial en Castilla, León y Portugal de la Orden del Temple, la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón.8 Finalmente, no siendo posible el traslado a Tierra Santa, el corazón se quedó con las demás entrañas en el hospital templario de Santa María la Real de Gracia (hoy iglesia museo de San Juan de Dios), de donde pasó a la Catedral murciana.

Alfonso no pudo llevar a cabo sus planes. Por una parte, no pudo ser tan pacífico como hubiera deseado, porque no podía abandonar la tarea reconquistadora, entre otras razones por los ataques de los benimerines, pero también porque había muchos nobles que no estaban de acuerdo con el monarca, empezando por su propio hijo Sancho. Casi nadie permaneció a su lado. Las órdenes militares también se pusieron en su contra. Los templarios estaban formalmente a su favor, pero el infante Felipe, el donado templario hermano del rey, que había renunciado a la sede episcopal hispalense, estuvo presente en la conjura de Lerma e incluso llegó a aliarse con el rey moro de Granada.

Además, el Fecho del imperio no le funcionó. Si Alfonso hubiera llegado a ser ungido emperador por el papa, habría organizado una cruzada para reconquistar Jerusalén. Pero el papa Gregorio X echó por tierra el proyecto alfonsino al elegir a Rodolfo de Habsburgo como emperador.

Solo Sevilla fue absolutamente fiel al Alfonso. Y en premio a la fidelidad, virtud fundamental en la ideología alfonsina,9 el cuerpo se quedó, una vez extraídos el corazón y las entrañas, en Sevilla. Y también por eso nos legó el lema que en su versión popular se conoce como el “no-madeja-do”.10 Su origen, sin duda, está en las sílabas iniciales de Nomine Domini, “en nombre del Señor”, pero también en la voz latina Nodo, que debe traducirse como “con un nudo”.  Y la madeja anudada es símbolo del infinito.11

Pero Alfonso X, sin duda, debió de conocer un precedente nada desdeñable de nudo infinito: el nudo de Salomón, con dos lazos cerrados, doblemente entrelazados, usado frecuentemente por los judíos en numerosos enseres y también, sobre todo por los romanos, en una enormidad de mosaicos decorativos (¿solo decorativos?), como vemos, sin ir más lejos, en el Antiquarium de la Encarnación y en Itálica.

Si cerráramos y enrolláramos el lazo horizontal del nudo de Salomón, estrechando el vertical, ¿qué nos saldría?





1. Almazán de Gracia, Ángel. Simbolismo del enterramiento del corazón y entrañas de Alfonso X el Sabio
2. Fernández González, Etelvina. Pensamiento medieval hispano: homenaje a Horacio Santiago-Otero, Volumen 1
3. Voltaire. Diccionario filosófico
4. Ibid. 1
5. Rodríguez Llopis, Miguel. Alfonso X
6. González Sánchez, Ana R. Tradición y fortuna de los libros de astromagia del Scriptorium alfonsí (tesis doctoral bajo la dirección de Vicente García, Luis Miguel). La Clavis Salomonis se utilizó como grimorio en los siglos XIV o XV. El Lemegeton Clavicula Salomonis es un grimorio anónimo del siglo XVII y uno de los libros de demonología cristiana más populares. La palabra latina clavicula se traduce como llave pequeña o llave menor. 
7. Ibíd. 6
8. Ibíd. 1. Segundo testamento de Alfonso X el Sabio
9. Ibíd. 1
10. Ortiz de Zúñiga, Diego. Annales eclesiásticos y seculares de la M.N.y M.L. ciudad de Sevilla, metrópoli de la Andaluzía
11. Carrillo Benito, Emilio. El NO8DO de Sevilla, significado y origen




martes, 7 de enero de 2014

SEVILLA SALOMÓNICA (1: ETIMOLOGÍAS, LETANÍAS, COLUMNAS Y TRONOS DE LA SABIDURÍA)

Se atribuye al papa san Gregorio Magno el dicho de que su coetáneo san Isidoro poseía la sabiduría del rey Salomón 1.

Isidoro, arzobispo de Sevilla del 599 al 636, sucesor de su hermano mayor Leandro, fue el más erudito y eminente eclesiástico del catolicismo medieval anterior a la invasión sarracena. Tal vez naciera en Cartagena, de donde provenía su familia hispano-romana por parte de padre y de orígenes visigodos por parte de madre. Sus conocimientos abarcaban muchas áreas, por lo que era considerado un polímata. Hoy se le tendría por un hombre del Renacimiento o por un enciclopedista. Fue clave su contribución a la conversión de los arrianos visigodos. Su obra cumbre fueron las Etimologías, donde se sistematiza todo el saber de su época.

Por causa de la invasión musulmana, sus restos fueron trasladados desde San Isidoro del Campo, junto a Itálica, a la colegiata de León, que fue advocada a su figura, en pleno Camino de Santiago. Allí, en el siglo XII, el canónigo Lucas de Tuy escribió los Milagros de San Isidoro, señalando que “muchos varones y nobles y grandes letrados de diversas y luengas tierras, codiciando ver al muy deseado San Isidoro, venían a oír de su boca la sabiduría de otro Salomón…”, la Hagia Sophia, la sabiduría divina. En la piedra de la propia librería colegial del siglo XVI se compara al obispo hispalense con el rey bíblico 2 y en los carteles de los anaqueles aún pervive la letanía isidoriana: “Doctor de las Españas, Espejo de la iglesia, Estrella esplendente, Doctor fiel, Legislador de los hispanos, Padre de los clérigos, Lirio de la iglesia, Esplendor de los sacerdotes, Lucero rutilante, Fulgor de la justicia”. Y Salomón está también presente en la colegiata leonesa, con frescos en la “Capilla Sixtina del Románico”, o en la Biblia de 1162, en el scriptorium de la basílica, donde aparece en su trono.

Detengámonos un momento para analizar el nombre de Isidoro, que es, etimológicamente, el regalo de Isis. ¿Por qué este nombre sobrevivió a la cristianización romana y a la supresión de las adoraciones egipcias? ¿Y por qué recibió este nombre el cuarto hijo de esta familia de Cartagena?  Isis, la gran diosa madre, la fuerza fecundadora, la diosa de la maternidad y del nacimiento que aparece sentada, como trono de la sabiduría, con su hijo Horus sobre sus piernas medio abiertas, o en pie con el jeroglífico del trono coronando su cabeza.

Volvamos a nuestra ciudad. Tras la conquista, al mismo tiempo que se llevó a cabo el subsiguiente Repartimiento, se configuró el mapa parroquial de la ciudad. La Sevilla cristiana quiso rendir un homenaje al ilustre autor de las Etimologías y le dedicó su parroquia en el punto más alto, donde seguramente había una mezquita. Cuenta la tradición que fue precisamente en ese lugar donde, allá por el año 3000 a.C., el fenicio Melkart, procedente de Tiro, estableciera su factoría comercial entre brazos del gran río tartésico. Melkart sería divinizado y luego llamado Herakles en Grecia y Hércules en Roma; el río tartésico es hoy el Guadalquivir; y la factoría, Spal, dio de sí nada menos que la gran ciudad (que no ciudad grande) que es Sevilla.

Melkart había superado el pórtico trascendental del océano y de la Atlántida, entre los montes Calpe (Gibraltar) y Abila (Hacho, junto a Ceuta), la puerta marina que los griegos llamaron “Estelas de Herakles”, los romanos bautizaron como “Columnas de Hércules” y hoy conocemos como Estrecho de Gibraltar. En el siglo XII a.C., los fenicios de Tiro construyeron en las islas Gadeiras, en un islote junto a la actual San Fernando, un templo dedicado a Melkart 3, que según la leyenda fue cristianizado por Santiago, quien lo dedicó a san Pedro. A la entrada del templo había dos grandes columnas, ante las cuales los navegantes hacían sus ofrendas. No pudo ser otro, sino el fundador de Sevilla, quien separara las rocas y abriera la puerta atlántica. Donde estuvo el templo se edificó después el castillo de Sancti Petri. Y las columnas de Hércules son hoy emblema de Andalucía y de España para la Humanidad.

También el Templo de Salomón tenía dos columnas. Cuando los hebreos llegaron a la tierra prometida, David empezó a construir en el monte Moria la morada de Yavé, pero esta tenía que ser construida por un rey pacífico, así que esa fue la gran misión de Salomón 4. El rey sabio contó con la ayuda de un amigo de David, el rey Hiram I de Tiro, que envió a un maestro, “un hombre experto y de gran habilidad”, llamado Hiram-Abí (Abbif, Abif…), hijo de madre danita y de padre tirio 5, con un nutrido grupo de artesanos. Ante la entrada del Templo, que estaba dirigida a oriente, a la salida del sol por Getsemaní, el maestro fundió dos columnas exentas de bronce 6, llamando a la del sur Jaquín (Jakim, Jakhin…), que significa “Dios establecerá”, y a la del norte Boaz, que significa “en Él está la fuerza”. Aludían a un simbolismo cósmico relacionado con los solsticios y solo las trasponían el rey y los sacerdotes, para acceder al Debir, el Santo de los Santos, donde se veneraba el Arca de la Alianza.

Dos columnas representan, cósmicamente, la eterna estabilidad; su hueco, la entrada a la eternidad 7. Desde tiempos remotos, dos columnas en la entrada de un lugar sagrado significaban transformación o iniciación, entrada a lo desconocido, como la pareja de columnas dedicadas al viento y al fuego que habría a la entrada del templo de Melkart en Tiro, precedente de todas las demás. En la tradición cabalística hebrea, las columnas son de la Misericordia y de la Severidad, que, en el árbol sefirótico, flanquean a la columna central, de la Justicia o el Equilibrio 8. Es también significativo el carácter solsticial de las columnas, que se reproduce con Jano bifronte y con los santos Juanes. El conjunto simbólico de las dos columnas inspiradas en el Templo de Salomón se encuentra además en la tradición iniciática de la masonería, de plena vigencia en la actualidad.

Un detalle curioso: Hércules y Salomón vuelven a encontrarse en Toledo, porque, según la tradición, la mesa de Salomón estuvo en la toledana Cueva de Hércules-

Cuenta el primer libro de los Reyes que Salomón, el más grande y más justo de los reyes de Israel, el que había percibido la sabiduría en sueños, se hizo “un gran trono de marfil, que recubrió de oro finísimo” 9, un trono magnífico, suntuoso: el trono de la sabiduría, la propia sedes sapientiae. ¿Se inspiraría el sabio Salomón en Isis, que ejercía de trono, con su hijo Horus, la representación divina de la sabiduría, sobre sus piernas?

Las artes figurativas no tenían pretensiones realistas, sino simbólicas, y por ello, a partir de Bizancio, cuando se impuso con enorme fuerza el culto a la Virgen María, uno de los simbolismos marianos de mayor importancia y difusión fue, precisamente, la iconografía de la Kiriotissa, hierática y solemne, como trono que enmarca y nos presenta a su Hijo, la Sabiduría por excelencia. Nuestra Virgen de los Reyes, de bíblica advocación, es, pues, trono asuncionista de la sabiduría del Divino Niño.

En el siglo XIV se construyó la parroquia gótico-mudéjar de San Isidoro. Dejaremos, por tanto, para su momento oportuno todo comentario sobre la misma. Hay que hacer, no obstante, una referencia a la Virgen de Loreto, que sale de la iglesia de San Isidoro cada Viernes Santo, mostrándose en su Letanía Lauretana, de Loreto, como Casa Dorada, pero también como Arca de la Nueva Alianza y Sede de la Sapiencia del Señor de las Tres Caídas.



1. Fernández González. Etelvina. Pensamiento medieval hispano: homenaje a Horacio Santiago-Otero, Volumen 1
2. “…YSIDORVS VIR EGREGIVS… ANTE PRIMO HOMINE SALOMONEQVE”
3. Estrabón. Geografía
4. Asimov, Isaac. Guía de la Biblia.  Antiguo Testamento
5. II Crónicas 2:12-14
6. 1 Reyes 7: 21-22
7. Cirlot, Juan Eduardo. Diccionario de símbolos
8. García Polo, Maribel. Kábala y antroposofía
9. I Reyes 10: 18-20